viernes, 31 de agosto de 2012

Esto es un cuento marinero.

Erase que se era una vez tres marineros a bordo de un barco que navegaba por los mares del oeste transportando información de un lado a otro, sin un objetivo claro, pero con mucha ilusión y convicción de lo que hacían.
Estuvieron tres semanas por esos mares. Mas de una vez se perdieron, incluso teniendo una brújula que se habían comprado en tierra (por si acaso). Mas de una vez encontraron una isla del tesoro, donde entonces decidían pasar un día o dos, o tres, investigando lo que aquello escondía. Y encontraron muchas cosas. Algunas inútiles, aunque divertidas, y otras útiles, y quizás más serias, o sofisticadas.
Fue una navegación tranquila, en general. Hubo algún huracán (típico de la zona), y algunas sirenas intentaron tentarlos hacia una suerte un poco dudosa (como el gasto compulsivo del tesoro encontrado). Pero eran marineros expertos, y sabían qué peligros podrían encontrarse en las aguas por donde navegaban.
Los tres marineros (Pinkpirata, Mnemo y Aimarinero) hicieron buenas migas y encontraron sus momentos de intimidad así como también sus momentos de juerga (especialmente en las noches que pasaban en tierra, donde descubrieron las tentaciones más curiosas, y decidieron dejarse llevar por la corriente).
Poco a poco, al pasar los días, empezaron a darse cuenta y a entender qué era exactamente lo que transportaban en su barco. Y cuál era su misión en esos mares tan lejanos a sus tierras natales. Empezaron a entender el porqué de tantas islas en su rumbo de navegación y empezaron a jugar.
Su misión por esos mares era practicar diferentes métodos de transportación, y investigar cuáles eran los métodos tradicionales de la zona. Empezaron la práctica. Al principio eran pequeños trucos, pequeñas ideas, hasta que se rallaron en algo. Ahí se quedaron un rato. Habían encontrado la Isla de la Ralladura. Las cosas se repetían, sin sentido, sin contexto, sin pretensión, sin objetivo de producción. Al cabo de unos días decidieron seguir su navegación hacia otras islas.
Después de unos días sin rumbo, sin poderse situar en la carta náutica, perdidos, vieron de lejos una cosa muy grande. Se aproximaron. Era una isla. Bien! Pero era una isla muy grande, lo que daría muchas posibilidades (pensaron). Tenía unas palmeras (o eso parecía por su longitud) muy altas, parecía que le hacían cosquillas al cielo. Llegaron a puerto y empezaron a andar por esa jungla. Sorprendidos de inmediato por el uso de aparato, parecía una fruta exótica, que se colgaban de la oreja. Siguieron sus investigaciones y afirmaron que se trataba de una fruta que ayudaba a transportar información. Bingo! (pensaron).
Se fueron de vuelta al barco y sentados a cubierta empezaron a elucubrar el como copiar el método. Hacía frío, se fueron al camarote de babor, tomaron un té caliente y una fruta típica de la zona, negra y dulce, llamada muffin (muy buena, por cierto!). Uno tuvo una idea, acordándose de cuando era pequeño y jugaba con su hermano por la casa, se trataba de algo parecido a aquella fruta exótica que todos tenían (que aparentemente recibía a veces el nombre de aifon - algo típico, será). A lo que iba, el marinero se acordó de un sistema muy rudimentario, pero eficaz, y económico, que funcionaba con dos vasos y un hilo. El hilo al estar tenso permitía el transporte de palabras. Hacía visible la comunicación, y la hacía personal y concreta.
Los tres marineros estaban contentos con el nuevo método. Pero siguieron navegando en busca de otras islas, otros métodos. Sacaron la carta náutica y enseguida saltó a la vista una isla, que por su forma les era familiar, y pensaron que habrían pasado por su lado algunas veces. Recibía, en la zona, el nombre de Isla Broncano, o popularmente conocida como Isla del Testimonio. Llegaron a puerto, y no entendían nada. La gente parecía confusa. Se decían frases que, des de fuera, parecían incoherentes, aunque referenciales. Se llamaban entre ellos por letras: A – B – C, etc. De repente todos tenían una tarea a hacer y la hacían. Una vez terminada el caos volvía a operar, y los que eran A ya no lo eran más y volvían las frases incoherentes, aunque referenciales, hasta que el que antes era A, pasaba a ser B, o C, y entonces se hacía el silencio y cada cual hacía su tarea. Pero había una lógica entre las tareas que desarrollaban, la ejecución de A era esencial para la de B, y la de B para la de C. Qué curioso! (pensaron). Volvieron al barco, esta vez a la cantina, que había hambre, y mientras comían unas tortas típicas de la zona que se cortan en forma de triangulos, hablaron del método de esa isla. Decidieron intentar recrear el método entre ellos. Negociar quién sería A, quién B y quién C. Después A tendría que decirle (o hacerle) algo a B (C no podría ver ni escuchar, para hacerlo más emocionante). B, en su turno, tendría que decirle (en palabras) a C el algo de A. C tendría su momento para recrear el algo de A en base a lo que B le habría dicho. Se hicieron un poco de lío al realizar la partitura de acciones para el transporte de información, pero lo consiguieron. Lo probaron. Era interesante, pero no podían presentar esto como resultado de su investigación por esos mares. Le dieron más vueltas, y dieron más vueltas por la isla, hasta que dieron con el método. Y así lo hicieron.
Exhaustos, los marineros necesitaban dormir, descansar, antes de pensar como presentarían todas sus investigaciones ante los interesados, cosa que tenían que hacer, sí o sí, en los próximos días.
Llegó el día, llegaba gente, y más gente, y los marineros estaban nerviosos y sorprendidos del interés que había causado su investigación por los mares del oeste, llenos de islas por descubrir.
Dieron la bienvenida a bordo de la nave, los marineros estaban impecables, guapisimos, elegantes, y los invitados también. Pero hacía frío, y el marinero que esperaba a cubierta lo pasó un poco mal (aunque exageraba). Empezó, e introdujeron el artefacto de los vasos con el hilo, haciendo un paralelismo a las frutas exóticas que transportaban información en la isla de las palmeras que hacían cosquillas al cielo. Siguieron mostrando un ejemplo de las danzas tradicionales de la isla de Ralladura (los tres marineros tenían formación folklórica). Siguieron mostrando el método que habían desarrollado a partir de sus investigaciones en la isla de Broncano o del Testimonio (ahí se perdieron un poco, pero salieron con dignidad) y lo terminaron todo con un gran caos de información, donde se repartieron miles de vasos azules conectados con hilos a otros vasos y los invitados a bordo empezaron a conocer otros invitados, de islas bien diferentes. Se reían, no entendían, hablaban diferentes idiomas, cambiaban vasos…. había un lío increíble de hilos, palabras, información…
Los marineros, contentos, aunque confusos por esa noche, empezaron su navegación hacia sus nuevas islas. Pronto, esperemos, se juntarán de nuevo, y a bordo de la nave, con aifons (esperemos!), decidirán su nuevo rumbo, en busca de nuevas islas.
-*- FIN -*-

Dulce caña de azúcar

Dulce caña de azúcar

    
     Los machetes se afilan en las piedras, los pañuelos húmedos, enrollados en la frente, nunca secan. Aquí el sol es generoso y todos somos mulatos. La piel es dura, seca, y las palmas en las manos llevan el timbre riguroso del machete.
Basilio tiene sed y desentierra la lata de entre la hierba húmeda, con la frente erguida empina la jarra y cierra los ojos. El sudor es ácido y abundante, se escapa de la tela. Abre la boca como una gran compuerta dejando libre la entrada al mar.  El primer chorro lo saborea fresco y pasa directamente por el tubo anillado de su garganta. El néctar resbala ávido y traga húmedo para reponer las fuerzas. El sol le pega de frente. Basilio vuelve a cerrar los ojos y a levantar el brazo para recibir el segundo chorro.  Se abre  nuevamente la compuerta y siente como nadando entra el diablo. El dolor álgido se anticipa con sabor a muerte.
Basilio no puede gritar, su cuello hinchado se endurece y cierra como un diafragma. Mira al suelo con ojos de sapo, llorosos. Encandilado esta vez por el reflejo bien pulido de la hoja de sesenta centímetros que brilla al sol, toma el machete y eleva el brazo. Esta vez sin sed y bien empuñado el sable, de un impacto seco, atraviesa los anillos de su garganta, tal como lo hace a la caña. La hoja la recorre de este a oeste partiendo por el centro al mismísimo diablo. Basilio se desploma. Lo sintió pero no lo vio.  El diablo nunca muere y de la boca seca y abierta que yace tendida en la hierba, asoma su cola jorobada. Sale marcha atrás con sus varios ojos atentos de escorpión.

HISTORIA DEL AZUCAR

HISTORIA DEL AZUCAR
·         Aunque las primeras referencias del azúcar se remontan a casi 5.000 años, a España no llega hasta la Edad Media. Su expansión está ligada, como la de tantos otros productos, al avance de las conquistas y el devenir de la historia.http://www.iedar.es/banco_imagenes/Canas.gif
·         Hablar del azúcar es hablar de la remolacha azucarera y de la caña de azúcar. El cultivo y la extracción del azúcar de remolacha no se desarrolla hasta la época de Napoleón. La ruta de la caña ha sido siempre de Oriente a Occidente, desde el Indico al Mediterráneo y, finalmente, al Atlántico. Nació en Nueva Guinea y llegó hasta la India, desde donde se extendió a China y al Próximo Oriente. Fueron precisamente los indios los pioneros en probar su sabor.
·         Las primeras referencias históricas del azúcar, en el año 4.500 antes de Cristo, así nos lo demuestran. Mucho tiempo después, hacia el año 510 a.C., el azúcar llega hasta Persia donde los soldados del Rey Darío fascinados por sus propiedades la denominaban "esa caña que da miel sin necesidad de abejas".
·         Su desembarco en Europa se produce en el siglo IV antes de Cristo, a raíz de los viajes y conquistas de Alejandro Magno a través de Asia. Más tarde los griegos la dejan en herencia al Imperio Romano, que la denominará "sal de la India".
·         http://www.iedar.es/banco_imagenes/moro.gifDe aquí saltamos al siglo VII de nuestra era, que marcará un hito importante en la difusión del consumo de azúcar. Son los árabes, tan aficionados al dulce, los que al invadir las regiones del Tigris y el Éufrates, descubren las infinitas posibilidades que presenta. Éstos lo introducen en las zonas recientemente conquistadas, cultivando la caña de azúcar en Siria, Egipto, Chipre, Rodas y todo el Norte de África. Es precisamente allí, donde los químicos egipcios perfeccionan su procesado y la refinan. Continúa la expansión de su consumo a través de los viajes de los comerciantes venecianos y, un siglo más tarde, a través de las Cruzadas a Tierra Santa, se da a conocer este alimento en todo el mundo cristiano.
·         Hasta la Edad Media el azúcar no llega a España, donde se implanta como una especia alimenticia, y como tal, es usada para perfumar platos, lo mismo que la sal o la pimienta. Los boticarios comienzan a utilizar el azúcar como parte integrante de gran cantidad de recetas. Variando sus proporciones, se preparaban pócimas y medicinas que recomendaban a su clientela para curar toda clase de males, incluido el "mal de amores".
·         Con el descubrimiento de América, el azúcar viaja de manos de los conquistadores españoles a Santo Domingo, donde se cultiva por primera vez a gran escala, llegando, más tarde, a Cuba y a México. Paralelamente, otros españoles en sus viajes favorecen su expansión a zonas asiáticas, como las Islas Filipinas y archipiélagos del Pacífico. De manos de los portugueses la caña de azúcar llega a Brasil, los franceses la introducen en sus colonias del Océano Indico y los holandeses en las Antillas.
·         A finales del siglo XVII la producción y el consumo de azúcar de caña se encontraba extendido prácticamente por todo el mundo. Un siglo más tarde, en 1705, el químico francés Olivier Serrés, descubre las propiedades azucaradas de la remolacha, y pocas décadas más tarde, el alemán Margraf logra extraer y solidificar el azúcar de esta planta, dando origen a la instalación de las primeras fábricas de azúcar de remolacha en Prusia.


http://www.iedar.es/banco_imagenes/fabrica.gifLas colonias se habían convertido en los principales productores mundiales de azúcar y la lucha por su independencia amenazaba el abastecimiento de Europa.

·         Así, a comienzos del siglo XIX Napoleón Bonaparte impulsó, a través de sus campañas, la difusión del alimento y potenció el cultivo de la raíz de la remolacha y la construcción de azucareras en Francia, política que siguieron otras naciones de Europa Central y Alemania.

En España se comienza a sembrar remolacha a finales del siglo pasado, al decaer nuestra influencia directa sobre Cuba, intensificándose poco a poco su cultivo. Surge la industrialización y comienza el periodo de instalación de fábricas. La primera se instala en Alcolea, provincia de Córdoba, en 1877.


Durante el siglo XIX continúa la producción y elaboración simultánea del azúcar procedente de caña y de remolacha. Con la abolición de la esclavitud, y por tanto de la mano de obra barata que trabajaba la remolacha, la producción entra en un periodo de crisis.

http://www.iedar.es/banco_imagenes/histo_gente.jpgLa Primera Guerra Mundial permite a los productores de caña recuperar el mercado perdido y controlar más de la mitad de éste. A partir de aquí, los organismos internacionales y los gobiernos de los principales países productores, establecerán cuotas de exportación y producción de caña y remolacha, para mantener el equilibrio y el control del mercado.

·         Conclusión
·         A lo largo de toda su historia, el azúcar se ha manifestado como un producto de temprana e intensa vocación mercantil. A ello han contribuido tanto las limitaciones climáticas para el cultivo de la caña de azúcar, como su creciente presencia en la alimentación humana.
·         La progresiva pérdida del exotismo, tradicionalmente definidor de otros productos de procedencia oriental, ha acabado situando al azúcar entre ese grupo de productos estrechamente ligados a las fuerzas económicas, que han modelado el mundo moderno.http://www.iedar.es/banco_imagenes/histo_fabri.jpgDe esta forma, el fenómeno azucarero se manifiesta históricamente como una plataforma privilegiada para la comprensión de los procesos que culminan en la Revolución Industrial y en la mundialización de las relaciones económicas.
Pero el azúcar es algo más que eso; en tanto que cultivo emblemático y viajero, también ha generado una cultura que, recorriendo el mundo entero, ha arrastrado tras de sí hombres, tecnología, hábitos, historia y modos de relación con el medio, constituyéndose, en suma, en un camino de comunicación que va más allá de lo estrictamente económico.
·         El azúcar es en la actualidad un alimento habitual en la dieta de todos los países. Reivindicado por científicos y expertos internacionales, es considerado hoy como uno de los principales aportes energéticos para el organismo.

La Remolacha de la Esquina


La Remolacha de la Esquina


Zona porteña, el Dios Ra en el Zénit de su esplendor, calor, mucho calor, ni les cuento de la humedad, incluso más agobiante que los abrazadores rayos solares, hotelería a reventar, ciudad congestionada. Esos eran los prolegomenos de una noche histórica para los portocruzanos, los anzoatiguenses y para toda la venezolanidad, tanto la interna como aquella allende los mares.
Desde comienzos de la mañana de ese apoteósico 11 de octubre de 2011, ya el aire marino del Puerto emanaba un cierto olor a ambiente futbolístico, también se sentía otro calor distinto al del clima de costumbre en la zona. Hasta en las playas los ojos se impregnaban de un auténtico color predominantemente Vinotinto. Poco existía, casi ni se veía otro color que no fuese ese que proviene del mosto de la vid.
Era lógico, se venía el segundo capítulo de una nueva posibilidad que se le ha negado a Venezuela durante todo su acontecer futbolístico. A pesar de haberse perdido el primer capítulo de esta nueva historia, por una infame decisión técnica, todavía quedaba esa sensación, después de la Copa América, de que se ha conformado un “grupo” que puede trascender y hacer historia. De hecho, en parte ya lo ha hecho con ese inesperado cuarto lugar en el torneo internacional de fútbol más antiguo en el mundo, algo que va increscendo luego de la gesta que habrían de realizar horas después.
Pero del resultado de esa noche mágica no les quiero escribir, porque aunque estuve en el encuentro, de seguro muchos de ustedes pudieron percibirlo de mejor manera que yo en los cómodos sillones de sus respectivas casas. Quiero más bien en esta oportunidad hablar de un tema todavía subyacente en el fútbol venezolano del que pocos tienen una real dimensión, pero que cada vez con más frecuencia va socavando las estructuras de un balompié al cual le ha costado sangre, sudor y lágrimas el andamiaje que hasta ahora ha ido apenas consolidando.
Me refiero al tema de las “mal llamadas barras”, o en todo caso a una buena parte de estas, las que bien sea por desinterés o negligencia de parte de las autoridades balompédicas, o con la permisividad y hasta complicidad de los mismos equipos del fútbol rentado nacional (ojalá esto último no sea así), no solo han llevado la violencia a campos y estadios de nuestro balompié, sino que la han extrapolado a las afueras de estos haciéndola permear a otras áreas, incluso económico-administrativas, que enmarcan y engloban a una poderosa industria como es EL FÚTBOL PROFESIONAL.
Y es que hechos como el de los destrozos causados por fanáticos del Zamora Fútbol Club en el Estadio Metropolitano de Lara poco tiempo atrás, o las ya rutinarias trifulcas generadas en Caracas y en otras plazas por algunas barras del Caracas Fútbol Club, son solo la punta del Iceberg de algo que se está convirtiendo en inmanejable. Ya estás agrupaciones han alcanzado un nivel de organización verdaderamente alarmante, se han apropiado de grandes espacios en las plateas y gradas populares de los estadios, las cuales reservan a palo limpio solo para sus miembros y acólitos, tienen acceso a entradas preferenciales las cuales revenden descaradamente a precios exorbitantes e incluso, AL PARECER, ya comienzan a exigir y cobrar una especie de vacuna a los equipos a los cuales ya “no alientan y apoyan de forma gratuita” sino gracias a un porcentaje pequeño del ingreso de ciertos jugadores, de las ganancias por concepto de estacionamientos y hasta por boletería vendida.
Estos señores y su violencia ya comienzan a extender sus tentáculos hacia otros sectores como el del transporte que moviliza fanáticos a los diversos estadios, así como a otros ramos más complejos que involucra áreas tales como la hotelería, hospedajes, agencias de viajes y otras encargadas de ofrecer servicios de paquetería que incluyen boletos aéreos, entradas a los juegos, planes turísticos y otras facilidades tanto a nivel nacional como internacional, claro está, siempre bajo la sombra del pago de jugosas comisiones por parte de los coordinadores de estas barras.
Esto hay que evitarlo con tiempo para que en Venezuela no lleguemos a las graves consecuencias que tuvieron que soportar por muchos años algunos países europeos y latinoamericanos que tuvieron que acudir a duras medidas judiciales y represivas para reducir a estos entes violentos en extremo.
Por nuestra parte, siempre en el sentido de contribuir con los fanáticos y los amantes de este deporte en general, ideamos, en compañía de algunos amigos que estuvieron en Puerto La Cruz para ver el juego Venezuela – Argentina, un proyecto según el cual acaba de nacer una agrupación sin fines de lucro que quiere romper con ese errado concepto según el cual apoyar, torcer, hinchar o bancar por un equipo, tiene que ir de la mano de actos violentos y llenos de agresiones no sólo a quienes apoyan al equipo rival, sino a todo el que se les pase por el camino.
Esta agrupación, que quiere darle una mejor cara al ser fanático organizado, ha decidido llamarse “La Remolacha de la Esquina” y busca acercar aún más a toda la familia venezolana a las canchas donde se practica el deporte rey. Es una barra multidisciplinaria e incluyente que busca apoyar con pasión y alegría a nuestra selección vinotinto (pero sin componentes de violencia y la actuación mafiosa de otras agrupaciones), en la búsqueda de incentivar un fanatismo sano, en el buen sentido de la palabra, en fin lograr disfrutar a través de un apoyo de altura.
La Remolacha de la Esquina busca demostrar que se puede aupar y seguir de manera organizada a un equipo cualquiera, sin necesidad de invadir el espacio de otros fanáticos, sin pedir cuotas o ingresos de ningún tipo para tal fin, e incluso que gracias a esa buena organización y una adecuada planificación según los calendarios, se puedan conseguir los mejores medios así como las mejores ofertas y precios no sólo para sus miembros sino para todos los fanáticos en general, esto siempre en la búsqueda de incrementar la asistencia y el crecimiento del espectáculo futbolístico en Venezuela.
Esta nota fue escrita por Gustavo Adolfo Agüero Cruz para “El Blog de Gstavo” en colaboración con el portal “La Remolacha de la Esquina”, gracias a la herramienta WordPress para Blackberry Playbook.

martes, 28 de agosto de 2012

La sopa de piedras

Hace muchos años, llegaron unos viajeros a una pequeña aldea de Rusia. Eran dos jóvenes y un hombre mayor llamado Iván. Estaban muy cansados y hambrientos, porque habían recorrido una gran distancia. Cuando vieron la aldea se pusieron muy contentos, y pensaron que al fin podrían comer y descansar de su largo camino.

La sopa de piedras


La sopa de piedras Iván dijo: “Compañeros yo pienso que en esta aldea por comeremos, probaremos suerte en esta casa”. Iván se acercó a una casa y tocó la puerta. “¿Quién es?” preguntó una voz de mujer. “Somos tres viajeros camino a nuestros hogares, ¿Podría compartir con nosotros un poco de su comida, buena mujer?”

“¿Comida? No, no puedo. No tengo nada que compartir con ustedes”. Dijo la mujer

“¡Gracias!” contestaron los tres hombres.

Iban tocó otra puerta, pero obtuvo el mismo resultado, nadie abrió y mucho menos los invitaron a cenar. Dijo uno de los jóvenes: “¡Que gente más egoísta!”, dijo otro de los viajeros: “Vamos a hacer un sopa de piedras y ya verán”.

La sopa de piedras Mientras tanto los viajeros prendieron una fogata en medio de la aldea. Sobre el fuego colocaron una olla que encontraron abandonada en un patio.

“Vamos al arroyo por agua” dijo uno de los jóvenes.

“Está bien. Y no olviden traer unas piedras para la sopa” gritó Iván para asegurarse que todos en el pueblo lo oyeran, “pero elijan unas sabrosas y redonditas.”

Al poco rato los compañeros de Iván regresaron con unas piedras y las pusieron dentro de la olla. “Esta sopa va a quedar muy rica” dijeron los tres.

La sopa de piedras En un rato la gente ya se había juntado, Iván comenzó a mover la sopa de piedra y luego la probó “¡Mmm, esta muy rica! Sólo le falta un poco de cebolla. Dos amigas ya se habían acercado al fuego y una de ellas dijo que tenía una cebolla en su casa.

“¡Que bien!, así le daremos un mejor sabor a nuestra sopa. Traiga también su plato para que cene con nosotros”.

La sopa de piedras La mujer se echo a correr y enseguida volvió con varias cebollas. Iván las puso en la olla de la sopa y después de un rato la probó de nuevo.

“¡Qué rica está!, pero con unas zanahorias quedaría mejor”.

“Yo tengo algunas en mi casa” dijo otro de los aldeanos. “Voy por ellas”.

Casi al instante el aldeano regresó con un pequeño costal de zanahorias muy limpias. Iván las agregó a la sopa y después de un rato volvió a probarla. Y dijo: “Quedaría mejor con un poco de papas” y volvió a probarla y… “¡Ay no!... son muchas papas ya no sabrá rica”. Los aldeanos dijeron: “Que lastima tan rica que estaba quedando”.

“Todavía se puede arreglar” dijo Iván, “¿Qué les parece si agregamos un poco de carne?” “Yo tengo en casa” dijo otro aldeano. Por fin el aldeano trajo la carne y se la agregaron a la sopa

La sopa de piedras Mientras la sopa terminaba de cocinarse, varias personas de la aldea se acercaron para preguntar a los viajeros si cualquiera podía hacer sopa de piedra.

“¡Claro que si!” afirmaron Iván y sus compañeros. “Sólo se necesita agua, piedras y un poco de hambre”.

Por fin la sopa quedó lista y todos los aldeanos sin darse cuenta compartieron sus alimentos con aquellos viajeros.

sábado, 25 de agosto de 2012

EL AFRANCESADO


EL AFRANCESADO

Pedro Antonio de Alarcón
En la pequeña villa del Padrón, sita en territorio gallego, y allá por el año de 1808, vendía sapos y culebras y agua llovediza, a fuer de legítimo boticario; un tal García de Paredes, misántropo solterón, descendiente acaso, y sin acaso, de aquel varón ilustre que mataba un toro de una puñada.
Era una fría y triste noche de otoño. El cielo estaba encapotado por densas nubes, y la total carencia de alumbrado terrestre dejaba a las tinieblas campar por sus respetos en todas las calles y plazas de la población.
A eso de las diez de aquella pavorosa noche, que las lúgubres circunstancias de la patria hacían mucho más siniestra, desembocó en la plaza que hoy se llamará de la Constitución un silencioso grupo de sombras, aún más negras que la oscuridad de cielo y tierra, las cuales avanzaron hacia la botica de García de Paredes, cerrada completamente desde las Ánimas, o sea desde las ocho y media en punto.
-¿Qué hacemos? -dijo una de las sombras en correctísimo gallego.
-Nadie nos ha visto... -observó otra.
-¡Derribar la puerta! -propuso una mujer.
-¡Y matarlos! -murmuraron hasta quince voces.
-¡Yo me encargo del boticario! -exclamó un chico.
-¡De ése nos encargamos todos!
-¡Por judío!
-¡Por afrancesado!
-Dicen que hoy cenan con él más de veinte franceses...
-¡Ya lo creo! ¡Como saben que ahí están seguros, han acudido en montón!
-¡Ah! ¡Si fuera en mi casa! ¡Tres alojados llevo echados al pozo!
-¡Mi mujer degolló ayer a uno!...
-¡Y yo... -dijo un fraile con voz de figle- he asfixiado a dos capitanes, dejando carbón encendido en su celda, que antes era la mía!
-¡Y ese infame boticario los protege!
-¡Qué expresivo estuvo ayer en paseo con esos viles excomulgados!
-¡Quién lo había de esperar de García de Paredes! ¡No hace un mes que era el más valiente, el más patriota, el más realista del pueblo!
-¡Toma! ¡Como que vendía en la botica retratos del príncipe Fernando!
-¡Y ahora los vende de Napoleón!
-Antes nos excitaba a la defensa contra los invasores...
-Y desde que vinieron al Padrón se pasó a ellos...
-¡Y esta noche da de cenar a todos los jefes!
-¡Oíd qué algazara traen! Pues no gritan ¡Viva el emperador!
-Paciencia... -murmuró el fraile-. Todavía es muy temprano.
-Dejémosles emborracharse... -expuso una vieja-. Después entramos..., ¡y ni uno ha de quedar vivo!
-¡Pido que se haga cuartos al boticario!
-¡Se le hará ochavos, si queréis!. Un afrancesado es más odioso que un francés. El francés atropella a un pueblo extraño: el afrancesado vende y deshonra a su patria. El francés comete un asesinato: el afrancesado ¡un parricidio!

Mientras ocurría la anterior escena en la puerta de la botica, García de Paredes y sus convidados corrían la francachela más alegre y desaforada que os podáis figurar.
Veinte eran, en efecto, los franceses que el boticario tenía a la mesa, todos ellos jefes y oficiales.
(...)
La cena era abundante, el vino bueno, la conversación alegre y animada.
Los franceses reían, juraban, blasfemaban, cantaban, fumaban, comían y bebían a un mismo tiempo.
Quién había contado los amores secretos de Napoleón; quién la noche del 2 de Mayo en Madrid; cuál la batalla de las Pirámides, cuál otro la ejecución de Luis XVI.
García de Paredes bebía, reía y charlaba como los demás, o quizá más que ninguno; y tan elocuente había estado en favor de la causa imperial, que los soldados del césar lo habían abrazado, lo habían vitoreado, le habían improvisado himnos.
(...)
Oyóse en esto rumor en la calle o, mejor dicho, a la puerta de la botica.
-¿Habéis oído? -preguntaron los franceses.
García de Paredes se sonrió.
-¡Vendrán a matarme! -dijo.
-¿Quién?
-Los vecinos del Padrón.
-¿Por qué?
-¡Por afrancesado! Hace algunas noches que rondan mi casa... Pero ¿qué nos importa? Continuemos nuestra fiesta.
-Sí... ¡continuemos! -exclamaron los convidados-. ¡Estamos aquí para defenderos!
Y chocando ya botellas contra botellas, que no vasos contra vasos.
-¡Viva Napoleón! ¡Muera Fernando! ¡Muera Galicia! -gritaron a una voz.
García de Paredes esperó a que se acallase el brindis, y murmuró con acento lúgubre:
-¡Celedonio!
El mancebo de la botica asomó por una puertecilla su cabeza pálida y demudada, sin atreverse a penetrar en aquella caverna.
-Celedonio, trae papel y tintero -dijo tranquilamente el boticario.
El mancebo volvió con recado de escribir.
-¡Siéntate! -continuó su amo-. Ahora, escribe las cantidades que yo te vaya diciendo. Divídelas en dos columnas. Encima de la columna de la derecha pon: Deuda, y encima de la otra: Crédito.
-Señor... -balbuceó el mancebo-. En la puerta hay una especie de motín... Gritan ¡Muera el boticario!... Y ¡quieren entrar!
-¡Cállate y déjalos! Escribe lo que te he dicho.
Los franceses se rieron de admiración al ver al farmacéutico ocupado en ajustar cuentas cuando le rodeaban la muerte y la ruina.
Celedonio alzó la cabeza y enristró la pluma, esperando cantidades que anotar.
-¡Vamos a ver, señores! -dijo entonces García de Paredes, dirigiéndose a sus comensales-. Se trata de resumir nuestra fiesta en un solo brindis. Empecemos por orden de colocación. Vos, capitán, decidme: ¿cuántos españoles habréis matado desde que pasasteis los Pirineos?
-¡Bravo! ¡Magnífica idea! -exclamaron los franceses.
-Yo... -dijo el interrogado, trepándose en la silla y retorciéndose el bigote con petulancia-. Yo... habré matado.... personalmente... con mi espada..., ¡poned unos diez o doce!
-¡Once a la derecha! -gritó el boticario, dirigiéndose al mancebo.
El mancebo repitió, después de escribir:
-Deuda... once.
-¡Corriente! -Prosiguió el anfitrión-. ¿Y vos?... Con vos hablo, señor Julio...
-Yo... seis.
-¿Y vos, mi comandante?
-Yo... veinte.
-Yo... ocho.
-Yo... catorce.
-Yo... ninguno.
-¡Yo no sé!...; he tirado a ciegas... -respondía cada cual, según le llegaba su turno.
Y el mancebo seguía anotando cantidades a la derecha.
-¡Veamos ahora, capitán! -continuó García de Paredes-. Volvamos a empezar por vos. ¿Cuántos españoles esperáis matar en el resto de la guerra, suponiendo que dure todavía... tres años?
-¡Eh!... -respondió el capitán-. ¿Quién calcula eso?
-Calculadlo...; os lo suplico...
-Poned otros once.
-Once a la izquierda -dictó García de Paredes.
Y Celedonio repitió:
-Crédito, once.
-¿Y vos? -interrogó el farmacéutico por el mismo orden seguido anteriormente.
-Yo... quince.
-Yo... veinte.
-Yo... ciento.
-Yo... mil -respondían los franceses.
-¡Ponlos todos a diez, Celedonio!... -murmuró irónicamente el boticario-. Ahora, suma por separado las dos columnas.
El pobre joven, que había anotado las cantidades con sudores de muerte, viose obligado a hacer el resumen con los dedos, como las viejas. Tal era su terror.
Al cabo de un rato de horrible silencio, exclamó, dirigiéndose a su amo:
-Deuda..., 285. Crédito..., 200.
-Es decir... -añadió García de Paredes-, ¡doscientos ochenta y cinco muertos, y doscientos sentenciados! ¡Total, cuatrocientas ochenta y cinco víctimas!
Y pronunció estas palabras con voz tan honda y sepulcral, que los franceses se miraron alarmados.
En tanto, el boticario ajustaba una nueva cuenta.
-¡Somos unos héroes! -exclamó al terminarla-. Nos hemos bebido setenta botellas, o sean ciento cinco libras y media de vino que, repartidas entre veintiuno, pues todos hemos bebido con igual bizarría, dan cinco libras de líquido por cabeza. ¡Repito que somos unos héroes!
Crujieron en esto las tablas de la puerta de la botica, y el mancebo balbuceó tambaleándose:
-¡Ya entran!...
-¿Qué hora es? -preguntó el boticario con suma tranquilidad.
-Las once. Pero ¿no oye usted que entran?
-¡Déjalos! Ya es hora.
-¡Hora!... ¿de qué? -murmuraron los franceses, procurando levantarse.
Pero estaban tan ebrios que no podían moverse de sus sillas.
-¡Que entren! ¡Que entren!... -exclamaban, sin embargo, con voz vinosa, sacando los sables con mucha dificultad y sin conseguir ponerse de pie-. ¡Que entren esos canallas! ¡Nosotros los recibiremos!
En esto, sonaba ya abajo, en la botica, el estrépito de los botes y redomas que los vecinos del Padrón hacían pedazos, y oíase resonar en la escalera este grito unánime y terrible:
-¡Muera el afrancesado!

Levantóse García de Paredes, como impulsado por un resorte, al oír semejante clamor dentro de su casa, y apoyóse en la mesa para no caer de nuevo sobre la silla. Tendió en torno suyo una mirada de inexplicable regocijo, dejó ver en sus labios la inmortal sonrisa del triunfador, y así, transfigurado y hermoso, con el doble temblor de la muerte y del entusiasmo, pronunció las siguientes palabras, entrecortadas y solemnes como las campanadas del toque de agonía:
-¡Franceses!... Si cualquiera de vosotros, o todos juntos, hallarais ocasión propicia de vengar la muerte de doscientos ochenta y cinco compatriotas y de salvar la vida a otros doscientos más; si sacrificando vuestra existencia pudieseis desenojar la indignada sombra de vuestros antepasados, castigar a los verdugos de doscientos ochenta y cinco héroes, y librar de la muerte a doscientos compañeros, a doscientos hermanos, aumentando así las huestes del ejército patrio con doscientos campeones de la independencia nacional, ¿repararíais ni un momento en vuestra miserable vida? ¿Dudaríais ni un punto en abrazaros, como Sansón, a la columna del templo, y morir, a precio de matar a los enemigos de Dios?
-¿Qué dice? -se preguntaron los franceses.
-Señor..., ¡los asesinos están en la antesala! -exclamó Celedonio.
-¡Que entren!... -gritó García de Paredes-. Ábreles la puerta de la sala... ¡Que vengan todos... a ver cómo muere el descendiente de un soldado de Pavía!
Los franceses, aterrados, estúpidos, clavados en sus sillas por insoportable letargo, creyendo que la muerte de que hablaba el español iba a entrar en aquel aposento en pos de los amotinados, hacían penosos esfuerzos por levantar los sables, que yacían sobre la mesa; pero ni siquiera conseguían que sus flojos dedos asiesen las empuñaduras: parecía que los hierros estaban adheridos a la tabla por insuperable fuerza de atracción.
En esto inundaron la estancia más de cincuenta hombres y mujeres, armados con palos, puñales y pistolas, dando tremendos alaridos y lanzando fuego por los ojos.
-¡Mueran todos! -exclamaron algunas mujeres, lanzándose las primeras.
-¡Deteneos! -gritó García de Paredes, con tal voz, con tal actitud, con tal fisonomía que, unido este grito a la inmovilidad y silencio de los veinte franceses, impuso frío terror a la muchedumbre, la cual no se esperaba aquel tranquilo y lúgubre recibimiento.
-No tenéis por qué blandir los puñales... -continuó el boticario con voz desfallecida-. He hecho más que todos vosotros por la independencia de la Patria... ¡Me he fingido afrancesado!... Y ¡ya veis!... los veinte jefes y oficiales invasores..., ¡los veinte!, no los toquéis..., ¡están envenenados!...
Un grito simultáneo de terror y admiración salió del pecho de los españoles. Dieron éstos un paso más hacia los convidados, y hallaron que la mayor parte estaban ya muertos, con la cabeza caída hacia adelante, los brazos extendidos sobre la mesa, y la mano crispada en la empuñadura de los sables. Los demás agonizaban silenciosamente.
-¡Viva García de Paredes! -exclamaron entonces los españoles, rodeando al héroe moribundo.
-Celedonio... -murmuró el farmacéutico-. El opio se ha concluido... Manda por opio a La Coruña...
Y cayó de rodillas.
Sólo entonces comprendieron los vecinos del Padrón que el boticario estaba también envenenado.

CUENTOS MÍNIMOS

CUENTOS MÍNIMOS

¿Quieres que te cuente un cuento?
Pues aquí tienes un ciento.

Este es el cuento de una ardilla,
te lo cuento y se acaba enseguida.
Un ratoncito iba por un descampado
y este cuentecito se ha acabado.

Este es el cuento de una canasta
y con esto que te digo basta.
Este es el cuento de un soldado
que no empezó y ya está acabado.

Había una vez un pollito inglés
que se fue a Francia y se volvió francés.
Esto era una vez una serpiente
que se cayó y se partió los dientes.

Esta es la historia de un saltamontes
que salta y baila y siempre se esconde.
¿Sabes tú dónde?
- ¿Quieres que te cuente
el cuento del ganso?
- No, porque me canso.

Érase una vez
un perrito de grafito
con las patas de goma.
El perrito se rascó
y el cuento se acabó.
¿Quieres que te cuente un cuento?
- Sí.
- Tu tío es un sargento.
- ¿Quieres que te cuente un caso?
- Sí.
- Tu tío es un payaso.

Había una vaca
que se llamaba Victoria.
se murió la vaca
y se acabó la historia.
Un ratón se subió a una baranda,
se tiró un pedo y dijo: ¡caramba!
¡Que viva la sal, que viva el salero
que vivan los ratones que se tiran pedos!

ERA UNA PALOMA

Era una paloma;
-punto y coma-
que tenía un hijo.
-punto y seguido-
Y se fue a Marte.
-punto y aparte-
Era un animal.
-punto y final-
(Cuento enviado por Maria Viu, Valencia, España)

EL MOLINERO

Había una vez un molinero
que molía con esmero,
día y noche sin parar,
para que así el panadero
pudiera hacer el pan.

LA VACA DEL REY

LA VACA DEL REY

Este era un rey que tenía una cabeza
y la cabeza era de la vaca
y la vaca era del rey.
La cabeza de esta vaca
tenía dos cachos
y estos cachos eran de la cabeza de la vaca
y la vaca era del rey.
Y esta cabeza tenía dos ojos,
y estos dos ojos eran de la cabeza de la vaca
y la vaca era del rey.
Y esta cabeza tenía una nariz...

LA HORMIGUITA

LA HORMIGUITA

Esta era una hormiguita que de su hormiguero
salió calladita y se metió en el granero.
Se robó un triguito y arrancó ligero.
Salió otra hormiguita del mismo hormiguero
y muy calladita se metió en el granero.
Se robó un triguito y arrancó ligero.
Salió otra hormiguita del mismo hormiguero.

LA GATA QUE DABA LA LATA

LA GATA QUE DABA LA LATA

Esto era una gata que daba la lata
te lo voy a repetir para hacerte reír,
Esto era una gata que daba la lata
te lo voy a repetir para hacerte reír,
Esto era una gata que daba la lata
te lo voy a repetir para hacerte reír...

EL PERRITO FLACUCHO

EL PERRITO FLACUCHO

- ¿Quieres que te cuente el cuento
del perrito flacucho?
- Sí.
- Pues sal fuera y vuelve rapidito,
pero no tardes mucho
porque es muy bonito...

BARTOLO

BARTOLO

Bartolo tenía una flauta
con un agujero solo,
y su madre le decía:
toca la flauta Bartolo
tenía una flauta
con un agujero solo,
y su madre le decía:
toca la flauta Bartolo
tenía una flauta...

DOS ITALIANOS Y UN INGLÉS

DOS ITALIANOS Y UN INGLÉS

Éstos eran tres: dos italianos y un inglés.
El inglés sacó su espada pero no los mató.
¿Quieres que te cuente lo que pasó?
- Sí
Éstos eran tres: dos italianos y un inglés.
El inglés sacó su espada pero no los mató.
¿Quieres que te cuente lo que pasó?

EL POLLO PELAO

EL POLLO PELAO

- ¿Quieres que te cuente el cuento del pollo «pelao»?
- Sí.
- Entonces cámbiate «pa' este lao».
- Ya.
- ¿Quieres que te cuente el cuento del pollo «pelao»?
- Sí.
- Entonces cámbiate «pa' este lao».

EN UN CHARCO HABÍA UNA MOSCA

EN UN CHARCO HABÍA UNA MOSCA

En un charco había una mosca
y con la mosca un mosquito,
si no te has enterado
te lo cuento despacito.
En un charco había una mosca
y con la mosca un mosquito,
si no te has enterado
te lo cuento más bajito.
En un charco había una mosca
y con la mosca un mosquito,
si no te has enterado
te lo cuento rapidito...

EL GALLO QUIRICO

Esta es la historia del gallo Quirico, que iba a la boda de su tío Perico, en el camino, se encontró un gusanito en una charca:http://www.britesa.com/gallo/gallo.jpg

-¿Dónde vas gallo Quirico? –Preguntó el gusanito-.
-Voy a la boda de mi tío Perico. –Respondió amablemente el gallo Quirico-.
-¿Por qué no me llevas contigo?
-Muy bien, te llevaré dentro.
Y sin poder resistir la tentación el gallo se tragó el gusanito ensuciándose el pico.
Tropezó con la hierba y le dijo:

-"Hierba límpiame el pico que voy a la boda de mi tío Perico.
-¡Muy bien, gallo Quirico!, pero antes dime: -¿Dónde está el gusanito?
-No sé, no lo he visto.
-Gusano, gusanito, ¿Dónde estás que hoy no te he visto? –Preguntó la hierba-.
-Aquí estoy en la tripita del gallo quirico que me lleva a la boda de su tío Perico. –Respondió, ingenuamente el gusanito-.
-Mal bicho Quirico, como me has mentido, ¡toma, toma! límpiate tú el pico.
Continuó andando y se encontró con la oveja y le dijo:

-Oveja cómete la hierba, que no ha querido limpiarle el pico, para ir a la boda de su tío Perico.
-¡Muy bien, gallo Quirico!, pero antes dime: -¿Dónde está el gusanito?
-No sé, no lo he visto.
-Gusano, gusanito, ¿Dónde estás que hoy no te he visto? –Preguntó la oveja-.
-Aquí estoy en la tripita del gallo quirico que me lleva a la boda de su tío Perico. –Respondió, ingenuamente el gusanito-.
-Mal bicho Quirico, como me has mentido, ¡toma, toma! límpiate tú el pico.
Buscó un palo y le dijo:

-Palo pega a la oveja, que no había querido comerse la hierba, que no le había limpiado el pico, para ir a la boda de su tío Perico.
-¡Muy bien, gallo Quirico!, pero antes dime: -¿Dónde está el gusanito?.
-No sé, no lo he visto.
-Gusano, gusanito, ¿Dónde estás que hoy no te he visto? –Preguntó el palo-.
-Aquí estoy en la tripita del gallo quirico que me lleva a la boda de su tío Perico. –Respondió, ingenuamente el gusanito-.
-Mal bicho Quirico, como me has mentido, ¡toma, toma! límpiate tú el pico.
Y como el palo no quiso, fue en busca del fuego y le dijo:
-Quema el palo, que no quiso pegar a la oveja, que no quiso comerse la hierba, que no quiso limpiarle el pico, para poder ir a la boda de su tí Perico.
-¡Muy bien, gallo Quirico!, pero antes dime: -¿Dónde está el gusanito?.
-No sé, no lo he visto.
-Gusano, gusanito, ¿Dónde estás que hoy no te he visto? –Preguntó el fuego.
-Aquí estoy en la tripita del gallo quirico que me lleva a la boda de su tío Perico. –Respondió, ingenuamente el gusanito-.
-Mal bicho Quirico, como me has mentido, ¡toma, toma! límpiate tú el pico. Y como el fuego no quiso quemar el pelo, tropezó con el agua y le dijo:
-Que apagara el fuego, que no quiso quemar el palo, que no quiso pegar a la oveja, que no quiso comerse la hierba, que no quiso limpiarle el pico para ir a la boda de su tío Perico
-¡Muy bien, gallo Quirico!, pero dime: -¿Dónde está el gusanito?
-No sé, no lo he visto.
-Gusano, gusanito, ¿Dónde estás que hoy no te he visto? –Preguntó el agua-.
-Aquí estoy en la tripita del gallo quirico que me lleva a la boda de su tío Perico. –Respondió, ingenuamente el gusanito-.
-Mal bicho Quirico, como me has mentido, ¡toma, toma! límpiate tú el pico. Después de tanto vapuleo, arrepentido el gallo Quirico, vomitó intacto el gusanito, y el agua no tuvo que apagar el fuego, el fuego no quemó el palo, el palo no pegó a la oveja, la oveja no se comió la hierba, y la hierba limpió el pico del gallo Quirico que por fin, feliz y contento pudo asistir a la boda de su tío Perico.

FIN

miércoles, 22 de agosto de 2012

TEBEOS DE TORAY 2

TEBEOS DE TORAY 2



En la casa Toray, los mediados cincuenta fueron años de gran actividad. Se publicaron no sólo colecciones románticas, humorísticas y de aventuras, también colecciones que agruparos variadas series distintas que se sucedían sin interrupción, como la que encabeza la siguiente lista. Esta "colección de colecciones" nos sirve para mostrar nuestros avances en los sistemas de catalogación de Tebeosfera, ya capaz de identificar líneas con respecto a las colecciones que agrupaban, como la primera de este listado:
Otra impresionante labor de catalogación llevada a cabo por el incansable Andrés Álvarez, que ya se ha ganado el cielo de los tebeófilos. Observen que celebramos este año los cincuenta de DICK RELÁMPAGO, EL HIJO DEL CAPITÁN CORAJE y JIM HURACÁN ¡enhorabuena, cincuentones!

Tebeosfera. Haciendo cultura de los tebeos.

LA GUERRA DEL PROFESOR BERTENEV

LA GUERRA DEL PROFESOR BERTENEV

Para que sea bueno un tebeo de género bélico no tiene necesariamente que estar poblado por valerosos soldados, puede estarlo por eternos perdedores de todas las guerras, porque en las guerras siempre se generan perdedores además de paladines.

De eso trata La guerra del profesor Bertenev, un tebeo del joven Alfonso Zapico sobre la cobardía, la deserción y la vergüenza como rutas hacia la supervivencia que ha reseñado nuestro colaborador Paco Martos.

Tebeosfera. Cada día somos más; un ejército.

TERRY Y LOS PIRATAS. 75 ANIVERSARIO

TERRY Y LOS PIRATAS. 75 ANIVERSARIO



La serie Terry y los piratas cumple 75 años desde que se estrenó tal día como hoy, pero de 1934, en las páginas de New Yorker Daily News y luego en muchos más diarios de EE UU y en miles de publicaciones en el resto del mundo.

La excepcional factura de esta obra de Milton Caniff, su intensidad dramática, su longevidad y su influencia sobre la sociedad de su tiempo y sobre múltiples artistas, la han convertido en una de las obras maestras del cómic de todos los tiempos. En España ha sido, sin embargo, conocida de forma fragmentada. Al cabo de un año de su aparición en América lo hizo aquí, en el núm. 34 de la revista Mickey, de Molino. Luego saltó a otras cabeceras, pero no obtuvo colección propia hasta los años ochenta, cuando sellos menores como El Aventurero, La Guadaña o BO recopilaron las tiras en álbumes. Ediciones B y Norma también abordaron su rescate, y sería Planeta la que finalmente se encargó de traducir la edición integral publicada recientemente en los EE UU.

Los tebeditores Juan Manuel Bosque Sendra, Alejandro Capelo, Félix López, Antonio Moreno y Eduardo Urrutia han hecho un trabajo de localización y catalogación de todos estos tebeos verdaderamente impresionante.



Ah, y no olvidemos la serie satélite que surgió de Terry and the Pirates: la titulada Male Call, publicada aquí por Toutain.



Tebeosfera. No se nos escapa un aniversario.

KILLRAVEN. GUERRA DE MUNDOS

KILLRAVEN. GUERRA DE MUNDOS


De los clásicos siempre surgen ideas. Killraven es una de ellas: un héroe estelar capaz de acomodar reivindicación de derechos sociales con pose y, luego, arrancarse a tortazos con marcianos belicosos. Lo de los marcianos viene a colación de su origen, presuntamente inspirado en War of the Worlds de H.G. Wells.
Killraven es un supertipo, como buen personaje Marvel, que vive aventuras entre humanos disfrazados y, también, entre alienígenas. En Tebeosfera ya nos hemos ocupado de él, pero Antonio Santos ha querido volver sobre estas aventuras y lo ha hecho para reseñar su paso por la línea Marvel Knights:


Naturalmente, hemos aprovechado para catalogar todos los tebeos españoles en los que aparece Killraven, labor en la que hemos colaborado varios tebeditores. Y para darle emoción hemos creado un nuevo sistema de catalogación de tebeos vinculado a series, que ya podemos mostrar orgullosos: KILLRAVEN



Tebeosfera. Cada día más ambiciosos

METAMORFOSIS

METAMORFOSIS

             A los que transforman la sociedad sin perder su libertad
      La vida de Proteo ha sido un continuo cambio, una inusitada transformación que lo ha llevado a representar los más variopintos papeles. Una existencia excitante con  continuas modificaciones y siempre con un objetivo muy claro: asegurar su futuro en la máxima libertad.
      Perteneció a múltiples asociaciones. Estuvo abonado en equipos de fútbol, en tribuna. Se relacionó con la flor y nata de la sociedad del puro y las pipas hasta que  un exaltado le propinó un cabezazo en la nariz  por discrepar por un penalti señalado. Cambió de estrategia  y…
      Se alistó en la legión extranjera de Francia. Era fuerte y pensó que soportaría sin ningún problema las exigentes pruebas a las que sería sometido. Cierto. Todo  fue superado menos la pérdida y sustitución de su nombre propio por una secuencia numérica
      Podríamos continuar con ONGs, partidos políticos de diferentes tendencias, sindicatos, asociaciones numerarias, etc. Ninguna satisfizo aquella necesidad perentoria de ser algo nuevo, algo superior, algo que lo colocara en ventaja sobre el resto de los mortales.  Y cansado de no alcanzar el objetivo…
      Se convirtió en pájaro. Comenzó por integrarse en una bandada de gorriones y pardales. Una experiencia nueva que le obligó a dormir en libertad, al sereno,  en la rama de una acacia japónica. Pasó frío, mucho frío. Era incapaz de esconder la cabeza debajo del ala. Y los resfriados hicieron mella en su salud. La gripe lo mantuvo en una tiritera continua y gracias a los cuidados de unos pocos gorriones que le proporcionaron el pan en  forma de granos, salvó su vida.
      Las palomas de la ciudad lo acogieron, primero con desconfianza, después, indiferencia absoluta. Se sumó a la manifestación de los loros escapados del zoo. Fue una relación más fluida al tener  la posibilidad de hablar con ellos en su idioma. Lo invitaron a su hogar colgado de las palmeras más frondosas y  acabó odiándolas. Sus pies, sin la destreza de sus congéneres, soportaron dolorosos pinchazos hasta que ya no pudo más y volvió a su libertad y …
      Emigró en busca de águilas reales, la libertad de las altas cumbres y, allí…
      Se alistó en las bandadas de grullas y cigüeñas que surcaban los cielos en busca de lugares más cálidos. Y el calor lo transformó…
      Regresó a las ciudades y quiso probar suerte con los jilgueros. Qué portento de garganta. Sus trinos lo transportaron a través de la música e hicieron que  poco a poco se convirtiera en  su protector. Conciertos  a las tardes,  recepciones  multitudinarias, y, cuando el sol, al atardecer, quemaba su intensidad, llenaban el campo de melodías que invitaban a la solitud y a la  despreocupación..
      Y así cayó en la trampa. Una liga pegajosa enganchó sus pies desnudos entre las copas de los cardos del camino y se convirtió en prisionero. Tanta libertad que había disfrutado y todo para quedar atrapado entre los  barrotes de una pequeña jaula expuesta en un balcón. Intentó comunicar con el humano, explicarle que él no era como los pájaros, que era también un humano libre. Inútil toda tentativa. La única esperanza, un descuido, una portezuela abierta a libertad, pero no llegó.
      Pasó el tiempo y la prisión se convirtió en casa. Su adaptación fue cada vez más perfecta. Sus patas se estilizaron  y podía asirse perfectamente a los palos transversales. Su cuerpo se había cubierto de plumas de colores llamativos  y el pico, al igual que una flauta mágica, elaboraba los primeros trinos de la primavera.
      Y las palabras se olvidaron y la libertad se convirtió en su sueñ