martes, 1 de enero de 2013

El Delfín y la Gaviota



  ....Debe de ser muy bonito desde allí arriba...
   –  Sí, sí que lo es...

   Miró hacia el agua.
   –  ...¿Qué ocurre abajo, mucho más abajo? ¿Está tan oscuro en todas partes?
   ¿Qué le ocurre al sol cuando se hunde?

   –  No lo sé. Pero en todas partes hay oscuridad. Ninguna luz...
   –  ¿De verdad?
   ¿Tampoco hay luna en tu mundo?
   ¿Ni estrellas?

   Respondió moviendo negativamente la cabeza.


   El sol a lo lejos en el oeste  estaba a punto de tocar el mar.
   Se volvió hacia la gaviota.

 –  Vuela... Por favor, vuela y dime qué se ve ahora desde allí arriba.

   Subió al cielo para acercarse al poco al impaciente delfín.


   –  Desde arriba parece como si dos soles se encontraran en el horizonte. El que ves claramente y otro, parecido, de un rojo intenso, que flota durante un rato en el agua.
   Que a continuación parece casi fundirse con el color del mar.


   El delfín comenzó a saltar tan alto como podía, buscando el “otro” sol.
   –  No lo veo... No consigo verlo...

   Contemplaba  a un ser que intentaba ver el mundo como lo veía él.
   Un ser que veía un mundo que él no podía ver.

   “No estés triste”, le dijo entonces.
   “Yo te diré lo que veo.”

   “Yo volaré para ti...”

   Siguió un instante de silencio. Círculos de agua florecían despacio frente a dos soles que se unían antes de desaparecer.

   –  Y yo nadaré para ti...

   Allí, mientras un sol se iba adentrando cada vez más en el otro, se cerraba el trato más bonito, más extraño de la historia de los dos mundos.

   Un nuevo sol aparecía ahora, nacido de un encuentro inesperado.
   Y por el modo en que encajaban sus dos partes, no se podía decir con seguridad cuál pertenecía al cielo, y cuál al mar.

   Cuál de los dos soles estaba reflejando al otro....

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