domingo, 15 de julio de 2012

Canes Infernales



Los perros y lobos, así como otros cánidos como el zorro o el coyote norteamericano aparecen en muchos cuentos; en general a los perros siempre se les da papeles de guardianes, por otro lado el lobo representa el peligro y la fuerza. Por otra parte el zorro y el coyote son símbolos de la astucia y la trampa. Dentro de los perros más famosos tenemos al Can-Cerbero o Kerberos (perro de tres cabezas) que vigila las puertas de los infiernos; a su hermano Ortos (perro de dos cabezas) que cuidaba el rebaño de toros rojos del dios Plutón, o al diabólico perro negro ingles (el black-dog o Grim de Harry Potter).
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Los caballos en los mitos

Los caballos en los mitos

Los caballos son símbolo solar por excelencia (el carro del sol siempre es conducido por caballos de fuego). Los caballos acompañan a los caballeros y las heroínas en sus aventuras.
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Dentro de sus máximos representantes tenemos a la variante de los Unicornios; caballos blancos con un cuerno en su frente, sólo pueden ser atraídos o vistos por los puros de corazón, por ello se usaban niñas vírgenes para atraerlos y cazarlos, ya que su cuerno puede curar todas las enfermedades y eran símbolo de la prosperidad de la tierra.
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Pegaso, el mítico caballo volador blanco de alas doradas, nacido de la sangre de medusa, ayudó a Perseo a regresar de Hiperboria y a Belerofonte a matar a la Quimera. hoy se ubica entre las estrellas (es una constelación). No se puede olvidar entre los caballos voladores al Phooka ingles, que en modernas representaciones suele ser un caballo negro con alas de dragón.
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La escritora J. K. Rowling define en su obra “Animales Fantásticos y donde encontrarlos” a cuatro especies de caballos alados: los abraxan (el nombre es de uno de los caballos del dios Helios (el sol), son caballos blancos, alados y grandes que arrastraban el carro de los participantes de la Escuela de Beauxbastons en el libro “Harry Potter y el cáliz de fuego“). Le siguen en su clasificación el aethonan de color castaño oscuro, el granian, que sería un borrico volador muy veloz; finalmente el thestral negro y espectral, con la capacidad de hacerse invisible y que ayuda al joven mago en el libro “Harry Potter y la orden de fénix“.
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Los caballos suele estar asociado a las aguas y corrientes desbocadas (antiguo recuerdo con Neptuno (Poseidón), padre de los caballos). Entre los caballos marinos figuran los peligrosos Kelpies celtas (de los cuales hablamos antes) y el hipocampo marino, la diferencia entre ambos es que el hipocampo tiene una cola en forma de cola de pez, mientras que lo kelpies conservan generalmente sus cuatro extremidades.
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Quizás el más extraños de todos estos caballos mágicos sea Sleipnir, la cabalgadura de ocho patas del dios Odín. El origen de esta bestia tiene que ver con la construcción de las murallas del Valhalla. Queriendo los dioses nórdicos de proteger su fortaleza de los gigantes del hielo, un gigante está dispuesto a hacer las murallas, pero pide como pago la mano de la más hermosa diosa nordica, Freya. Cuando el dios Loki pone un plazo imposible de cumplir con la obra, los demás dioses aceptan. Ignoraban los dioses de la ayuda de un gran potro, que permitía al gigante adelantar trabajo muy rápido. Furiosos los demás dioses por que Loki los convenció; éste, para enmendarse se transforma en una hermosa yegua y escapa con el corcel del gigante, impidiendo que logre terminar en el plazo acordado. Meses después Loki regresa, de su unión con aquel corcel nacería Sleipnir.
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La Manticora

La Manticora

La Manticora; un ser de la india con forma de león rojo y rostro humano; su boca muestra una hilera de dientes (algo así como los de un tiburón) y en su cola suele existir una punta venenosa como las de los escorpiones, no hay escape a quien se tope con uno de estos seres.
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Grifos e Hipogrifos

Grifos e Hipogrifos

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El Grifo, es una mezcla de león y águila, es quizá la única criatura que se atreve a enfrentarse de igual a igual con los dragones; así hace el Grifo de las “Cronicas de Spiderwick” de T. DiTerlizzi y H. Black. Por lo general los grifos suelen vivir en las montañas y guardan puertas que llevan a tesoros perdidos. Se suele hablar de dos especies: la septentrional (o de hiperborea) y la de india. También existe otra especie conocida como Opínico, que tiene sus cuatros patas de león.
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El Hipogrifo: igual que el anterior, pero en vez de león es caballo; famoso en los últimos tiempo tenemos a “Buckbeak” que hizo su primera aparición en “Harry Potter y el Prisionero de Azkaban“.
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Los cisnes salvajes

Los cisnes salvajes – Hans Christian Andersen

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Hace muchísimos años vivía un rey que tenía once hijos y una hija llamada Elisa. Los hermanos se querían mucho y eran muy unidos. Aunque vivían en un hermoso castillo, jugaban y estudiaban como cualquier familia grande y feliz. Por desgracia, su madre había muerto poco después del nacimiento del último príncipe. Con el pasar del tiempo, el rey se repuso de la muerte de su amada esposa. Un día, conoció a una mujer muy atractiva de quien se enamoró. Sin sospechar que en realidad se trataba de una bruja, le propuso matrimonio.
“Ella me hará compañía y mis hijos tendrán de nuevo una madre”, pensó el rey. Sin embargo, el mismo día en que llegó al castillo, la nueva reina resolvió deshacerse de los jóvenes príncipes. La reina empezó a mentirle al rey para indisponerlo con sus hijos. Luego, un buen día, reunió a los príncipes a la entrada del castillo.
—¡Fuera de aquí! —gritó—.
No los quiero volver a ver nunca más.
Diciendo esto, levantó su capa hacia el cielo y los convirtió a todos en cisnes salvajes. Pero, como eran príncipes, cada uno llevaba una corona de oro en la cabeza. La malvada reina le dijo al monarca que los príncipes habían huido del castillo.
—Olvídate de esos ingratos —dijo. Luego, lo convenció de que Elisa necesitaba estar rodeada de otros chicos y mandó a la niña a vivir con una familia de campesinos.
Cuando Elisa cumplió quince años, el rey la mandó traer y la reina la recibió con una amabilidad fingida.
—Ven, preciosa —le dijo—. Debes prepararte para saludar a tu padre.
Mientras Elisa se preparaba para tomar el baño, la reina consiguió tres sapos, los besó y luego les ordenó:
—Tú te sentarás en la cabeza de Elisa y la volverás estúpida. Tú te pondrás cerca de su corazón y se lo endurecerás. Tú le saltarás a la cara y la volverás fea. Luego puso los sapos en el agua, que tomó un color repugnante. Sin embargo, la dulzura y la inocencia de Elisa rompieron el hechizo. Los sapos se convirtieron en amapolas y el agua se volvió cristalina. Al ver esto, la reina se llenó de ira. Le estregó barro en la cara a la muchacha y le enmarañó el cabello. Cuando Elisa se presentó ante el rey, la indignación de éste fue enorme.
—¡Esta no es mi hija! —exclamó el rey.
—¡Padre, soy yo, Elisa! —replicó la muchacha.
—Es una pordiosera que sólo quiere tu dinero —dijo la bruja.
—¡Llévensela! —ordenó el rey.
Con el corazón destrozado, Elisa se fue al bosque. Extrañaba a sus hermanos más que nunca y deseaba con toda su alma volver a verlos. Se sentó junto a un arroyo a lavarse la cara y a desenredarse el cabello. En ese momento, una vieja mujer se le acercó.
—¿Ha visto a once príncipes vagando por el mundo? —preguntó Elisa, esperanzada.
—No, mi querida niña, pero he visto once cisnes con coronas de oro en la cabeza —respondió la anciana—. Vienen a la orilla de aquel lago a la hora del crepúsculo.
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Elisa se fue a la orilla del lago a esperar. Cuando el sol se ocultó, escuchó un batir de alas. En efecto, eran los once cisnes salvajes con sus once coronas de oro en la cabeza. Al principio, Elisa se asustó y se escondió detrás de una roca.Uno a uno, los cisnes se fueron posando en la orilla. Al tocar el suelo, recobraban su aspecto humano. Encantada, Elisa vio desde su escondite que los cisnes eran sus hermanos.
—¡Antonio, Sebastián! ¡Soy yo, Elisa! —gritó, mientras corría a abrazarlos.
Todos se reunieron en torno a ella, felices de estar de nuevo juntos, después de tanto tiempo. ¡Fue un instante glorioso! Los once príncipes le narraron a su hermana de qué manera la bruja perversa los había convertido en cisnes y Elisa, a su vez, les contó que a ella la había echado del castillo.
—De día somos cisnes y al atardecer volvemos a ser humanos —explicó Antonio, el mayor de los hermanos.
—Encontraré la manera de romper el hechizo —les aseguró Elisa.
Los hermanos encontraron un pedazo de lienzo lo suficientemente grande para llevar a Elisa en él. Al amanecer del día siguiente, la alzaron en vuelo con suavidad. Sebastián, el menor de todos, le daba bayas para comer. Cuando el sol empezó a ocultarse otra vez, llegaron a una cueva secreta, en un bosque apartado. Esa noche, Elisa soñó con un hada que volaba en una hoja.
—Podrás romper el hechizo si estás dispuesta a sufrir —susurró el hada—. Debes recoger ortigas y tejer once camisas con el lino que saques. Cuando las hayas terminado, deberás lanzárselas a tus hermanos para romper el hechizo. ¡Pero escucha bien! No puedes ni hablar ni reírte hasta no haber terminado.
—Eso no importa —respondió Elisa en sus sueños—. ¡Haré lo que sea necesario para salvar a mis hermanos!
Cuando Elisa se despertó esa mañana, sus hermanos ya se habían ido. En el suelo, junto a ella, había una pila de hojas de ortiga. Elisa se puso a trabajar de inmediato. Al regresar los príncipes a la cueva, encontraron a su hermana tejiendo una prenda bastante curiosa. Elisa tenía las manos llenas de heridas.
—¿Qué haces? —preguntó Sebastián. Pero su hermana no podía decir nada.
Sebastián no pudo evitar que se le llenaran los ojos de lágrimas cuando se inclinó a mirar las manos de Elisa. Las lágrimas cayeron en sus dedos y las heridas desaparecieron inmediatamente. Ella le sonrió agradecida, pero no se atrevió a decir ni una sola palabra. Los hermanos observaron durante un rato. El asunto era muy misterioso, pero ellos sospecharon que algo mágico debía estar ocurriendo. A lo mejor, Elisa estaba tratando de salvarlos. Al otro día, cuando ya sus hermanos se habían ido, Elisa salió de la cueva.
“Haré mi trabajo a la sombra de aquel roble”, pensó. “Allá no me verán.”
Sin embargo, un grupo de cazadores la descubrió.
—¿Tú quien eres? —preguntó uno de ellos con voz áspera. Al no obtener respuesta, la levantó a la fuerza.
—Quietos —dijo una voz. Era un joven rey.
—¿Cómo te llamas? —preguntó amablemente el rey. Elisa se limitó a sacudir la cabeza y a sonreír.
—Ella vendrá conmigo —dijo el rey y ordenó a los cazadores retirarse.
De regreso en el castillo, el joven rey intentó hablarle a Elisa en diferentes idiomas, pero ella no hacía más que tejer. Aunque la muchacha no decía nada, su mirada dulce y su linda cara cautivaron el corazón del rey. Elisa vivía ahora rodeada de lujos, pero pasaba la mayor parte del tiempo tejiendo en silencio. El rey se sentaba junto a ella y era feliz en su compañía. Un día, decidió hablar con el arzobispo.
—Amo a esta dulce doncella —anunció—, y deseo casarme con ella.
—Su majestad no sabe nada sobre esta muchacha —replicó el arzobispo—. Bien podría ser una bruja. Ese tejido es bastante extraño. Sin embargo, el rey estaba decidido. Elisa escuchó en silencio la propuesta del rey y le apretó suavemente la mano. La boda tuvo lugar poco después. Elisa siguió tejiendo hasta que un día se le acabaron las ortigas. Una noche, se fue al cementerio a recoger más hojas. Aunque allí había tres brujas reunidas, Elisa no hizo caso y pensó sólo en las camisas de sus hermanos. El arzobispo, que la había seguido, se fue a alertar al rey:
—Le dije a su Majestad que su esposa tenía trato con las brujas —afirmó el arzobispo.
El rey queriendo comprobar tal acusación se fue al cementerio. Aterrado, vio a Elisa cerca de las brujas, en torno a una tumba.
—No lo puedo creer —dijo el rey, desconsolado—. Castígala, si eso es lo que debes hacer.
Elisa fue acusada de brujería.
—Esposa mía, te ruego que hables en tu defensa —suplicó el rey. Pero Elisa no podía más que mirarlo con ojos tristes.
Al otro día, la llevaron a la plaza para quemarla en la hoguera. Elisa seguía tejiendo y llevaba con ella las diez camisas para sus hermanos. La muchedumbre enfurecida gritaba:
—¡Quemen a la bruja!
De repente, en el cielo aparecieron once cisnes salvajes que descendieron hacia Elisa. Al verlos, ella les lanzó de inmediato las camisas. La gente se quedó atónita al ver que los cisnes se convertían en príncipes. Sebastián, quien recibió la undécima camisa con una manga sin terminar, tenía todavía un ala.
—¡Sálvenme! —gritó por fin Elisa—. ¡Soy inocente!
Rodeada de sus hermanos, Elisa se presentó ante el rey. Las lágrimas le rodaban por las mejillas a medida que iba relatando la historia de la madrastra, del encuentro con sus hermanos y el motivo de su silencio. El rey también lloró de felicidad y abrazó a su esposa con ternura. —Sólo alguien con un corazón tan bueno como el tuyo haría ese sacrificio —dijo el rey.
La multitud gritaba alborozada:
—¡Dios bendiga a la reina! Fue entonces cuando Elisa notó el ala de Sebastián.
—¡Tu brazo, mi pobre hermano! —dijo Elisa llorando.
—No llores —la consoló Sebastián—. Llevaré con orgullo esta ala de cisne como prueba de tu amor generoso e incondicional.
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FIN

jueves, 5 de julio de 2012

El Angelito Manuel

El Angelito Manuel

Dicen que allá, más arriba de las nubes, más arriba del color azul que vemos en el espacio, está el cielo. Y allí es donde viven los ángeles.
Cierto día, mientras los ángeles pequeños, o sea, los angelitos, jugaban al pilla-pilla, o a columpiarse en los columpios de espuma de cielo, o al escondite, apartado de todos, un angelito estaba solo y lloraba compungido, tanto, que la abuelita Celeste, que así se llamaba y que era la ángel más cariñosa del cielo (por eso se encargaba de los pequeñines) fue corriendo junto a Manuel, que así se llamaba el angelito que lloraba, para ver qué le pasaba.

--Que te pasa Manuel, ¿por qué lloras?

--¡Buaaaaaaaa! ¡Buaaaaaaa!  ¡Porque estoy solitooooooo!

--Hijo, no digas esas cosas, ¿no ves a los demás angelitos que están por aquí, jugando a un montón de juegos? ¿porqué no vas con ellos a divertirte?

--¡Buaaaaaa!, ¡porque yo no quiero jugar a esos juegos, buaaaaaa, yo quiero una estrellaaaaaaaa!
 
--Pero Manolico, ¿cómo que quieres una estrella? Eso es una locura. Las estrellas son para alumbrar el cielo y el universo, son tremendas de grandes y queman mucho.

--¡Me da igual,! ¡Yo quiero una estrella! –dijo Manuel poniendo cara de pucheros, pero enérgico.

Celeste, la abuelita ángel más cariñosa del cielo, repuso:

--Bueno, mira, vamos a hacer una cosa, cuando seas mayor comprenderás lo que te acabo de decir, y te darás cuenta y te maravillarás de todo el universo y las estrellas, los astros, los planetas, las galaxias…¡Es algo maravilloso! Mientras tanto, crece aprendiendo y haciéndote un ángel grande en sabiduría. Venga, ve a jugar con el resto de los angelitos, que pronto terminan las vacaciones y tan importante son los estudios, como jugar divertirse y pasarlo bien.

Manuel, no muy conforme, sorbiéndose los mocos y limpiándose las lágrimas, con paso tranquilito, se fue con el resto de los angelitos a jugar a la pelota.

Entre juegos y diversión, el día pasó muy rápido, y cada angelito se fue a dormir a su camita de cielo. Sí, todos se fueron, y los mayores también, porque allí, en el cielo, cuando tocaba dormir, todos se iban a dormir. Bueno, la verdad es que todos, lo que se dice todos, no se fueron. Sí, Manuel no estaba en su cama de pedacito de cielo. Manuel estaba escondido detrás de un árbol celestial, de ramas plateadas y hojas de oro. De repente, Manuel empezó a mover fuertemente sus alas y comenzó a elevarse y a elevarse y a elevarse, cuando de pronto, dio un giro hacia la izquierda y, como una bala, salió disparado del cielo surcando el universo como jamás nadie había volado de rápido, y eso, que un ángel no aprende a volar hasta los doce años, pero Manolito tenía solo ocho.

Para él todo era nuevo y fascinante y como su empeño era conseguir una estrella, se encaminó hacia una de ellas pero,  claro, como no hizo caso a la abuelita Celeste, conforme se acercaba a la estrella, empezó a sentir calor y más calor, y tuvo que girar bruscamente y apartarse de la estrella, porque casi se chamusca sus alitas.

--Es cierto lo que decía la abuelita Celeste, las estrellas son muy grandes y queman mucho –dijo desconsolado- pero digo yo, que en algún lugar habrá una estrella pequeñita, que no queme, y que pueda jugar con ella.

Avuela que te vuela, ensimismado en sus pensamientos de encontrar una pequeña estrella, empezó a atravesar nubes y nubes, y de pronto, vio una esfera grande, de color azul preciosa. Entonces recordó cuando en clase explicaron los planetas.

--¡Es la Tierra! ¡Es la Tierra!. ¡Madre mía! ¡Qué lejos me he ido de mi casa en el cielo!

A la velocidad que iba, no pudo frenar a tiempo, y cayó en un lago de aguas mansas. Todo mojado salió de allí, y mientras se sacudía el agua con las manos y aleteaba, oyó unos sollozos.

--¿Quién llora así? ¿Qué llanto más triste? –se dijo.

Poco a poco, pasito a pasito y con las orejas bien atentas, pasando entre matorrales, vio a una niña acurrucada bajo un gran árbol de hojas muy verdes y frondosas. Manolito se acercó
 
--¿Qué te pasa niña?

La niña dio un respingo asustada y soltó un grito que hasta los pajarillos de por allí se asustaron.

--¡¿Quién eres?! Preguntó con el susto en el cuerpo.

--Un ángel –respondió él muy orgulloso levantando sus dos pequeñas alas y poniéndose muy tieso.

--¡Anda ya! ¿tú un ángel? No me cuentes historias, y sobre todo, no está bien que vayas por ahí asustando a las chicas.

--¿Chicas? Pero si eres una niña. –respondió él riéndose

--¡Soy una chica mayor, tengo… tengo… quince años!

--¡Ja!, eso no te lo crees ni tú. Como mucho, tendrás…¿ocho años?

--Vaaaale, sí, tengo ocho años, ¿y qué? Aunque tenga ocho años soy muy madura. ¿y tú? ¿quién eres?

--Un ángel, ya te lo he dicho –y Manolito empezó a agitar sus alas y a elevarse despacio, muy despacio, y cuando estaba casi a la altura de la copa del árbol, dio un vuelo rápido aún más arriba y desapareció durante unos segundos, transcurridos los cuales, apareció de nuevo pero esta vez detrás de ella. Le tocó en el hombro y ella volvió a asustarse.

--¡Aaaaaaaah! Entonces, es verdad que eres un ángel

Manolito se encogió de hombros y sonrió

--Sí, ya te lo dije. Y tú, ¿porqué llorabas?

--¿Y tú qué haces aquí?

--No vale, yo he preguntado antes.

--Vale –respondió ella- Pues es que en el colegio, todos se ríen de mí.

--¿Por qué?

--Ay, hijo, qué preguntón. Pues porque me llamo…-miró hacia el suelo y calló.

--Venga, dime, sigue hablando.

--Porque me llamo Estrella.

Aquel nombre le supo a gloria celestial a Manolito.y respondió alterado.

--¡Estrella, has dicho Estrella!  ¡Te llamas Estrella!

--Lo ves –dijo ella tristemente- tú también te ríes de mi nombre. Los niños se ríen de mí, porque dicen que tenga cuidado, que me voy a pinchar con mis puntas, y me llaman estrella de mar, o estrella que me voy a estrellar…

Manolito, ensimismado con aquel encuentro, apenas escucho del porqué se reían de ella en el colegio, y lo único que se le ocurrió decir fue:

--¡Tú eres mi estrella!

--¿Cómo que soy tuya?. –dijo ella enfadada

--Estoooo. Lo que quiero decir, es que tu nombre es precioso, que me encanta, que tú eres una maravilla de niña y yo vendría a la Tierra de vez en cuando y jugaríamos los dos, y que si quieres ser mi amiga para siempre, para siempre.


Pasaron los años. Pasaron, muchos años. Manolo y Estrella crecieron, se hicieron adultos.

Los ángeles envejecen hasta una edad, pero nunca mueren. Estrella, un día, dejó de latir su corazón. Manolo vino a la Tierra a por ella, porque nunca dejaron de ser amigos, muy buenos amigos, y ahora, serían amigos mucho más que para siempre.
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domingo, 1 de julio de 2012

Los pinzones, vuelven a Tamadaba

Pio Pio a todo el mundo. Soy un pinzón canario *PINZÓN*, novato en esto de las nuevas tecnologías pero deseoso de aprender mucho y muy rápido, tan rápido como lo veloz que soy zanpándome mi comida.

Hoy es mi primer día en esto del webloggeo. No sé cómo se me dará, si tendré tiempo de teclear mucho con estas patitas  que tengo, pero haré el esfuerzo. ¡Palabra de pinzón!

De momento les cuento que tengo 2 años y pico, el próximo día 26 hago los 3 años (guauejem, no es por nada, pero se admiten felicitaciones y alpiste fresquito). Para lo pequeño que soy ya he hecho de las mías, modestia aparte. ¿Que qué he hecho? Escapar del fuego, salvar la vida de milagro, concer a Celeste, mi maravillosa compañera y madre de mis dos hijtos( Pindón y Linada), lucha y vencer a Cartujo ( el gato)
Bueno, en esto último he chuleado un poquito, porque no es que los asuste, sino que entre Canario y yo, lo distrajimos con nuestro vuelo, rapido y veloz y se fue a su casa por aburriemnto. Tengo muy buenos amigos en la granja, como ya saben.
Pio Pio menudas horas. Como se enteren mi familia me va a dar p'al pelo... En fin, que ya les seguiré contando porque ahora tengo mucho sueño.

 Pues sí, muchasemociones juntas. El ser un pinzón de tres años y dar de alta una página blog de estas no es tarea fácil. De momento se les hará un poco aburrida, todo rollo hasta que empiece a redecorar la página y meter fotos, al igual que he redecorado la casa de lo alto del pino (uhmmm, qué buena está la madera!!)

  Sepreguntaran si sólo voy a contarles la experiencia vital de un pajarito chiquitín e inocente como yo. ¡Pues no! Que me hago el loco y salude a todo el mundo y dé la impresión de solamente querer retonar a mi Tamadaba querida, no quiere decir que no tenga opinones. ¿Sobre qué? Guau, dirán, si los pajaros no ven mucho el Televisión. Mentira, lo veo y leo el periódico.

 Ayer fue el día de San Juan y tuvimos la noche más corta del año, incluso los pajaros (de lo que se entera uno según va creciendo). Todo el mundo a tirar petardos. Bueno, casi todo el mundo.

Pero no solamente en San Juan se ven y se escuchan petardos por doquier. No hace falta más que levantar un poco la cabeza o agudizar las orejotitas para que incluso este pajaro, servidor de ustedes, se dé cuenta de que hay otro tipo de petardos. Por ejemplo, algún que otro político, algún que otro famosillo o pseudo-famosillo... se me ocurren muchos.

A todos los petardos del mundo, sobre todo a los últimos descritos, un pis perruno que les moje la pólvora.




Siendo tan joven, apenas tres años, Se podrán imaginar que soy una pinzón feliz y despreocupado. No me importa un carajo si ha bajado la bolsa, si el fútgol es asín o si "...tamparantán que te han visto Canario, tamparantán que te han visto Quesito...". Ni siquiera cómo va la UD Las Palmas. A mí lo único que me importa es pasarlo bien con mi familia y amigos.  Don't worry, be happy!

Pues eso, que lo que hay que tener claro es que, a pesar del estrés diario al que estamos sujetos cada día, nunca hay que dejar de ser feliz.


 Pues sí, después de la felicidad de vivir que me producen las risotadas de Cucu, la rana tan alegre como siempre, hoy me muestro muy contento. ¡Qué nervios! No sé si hoy podré dormir... ¿El motivo? Mañana nos llevan de camping a Tamadaba.

Para todo hay una primera vez y mañana es mi primer encuentro con la mi querida Tamadaba, despues del tremendo incendio. que nervios y que ilusión, para Celeste y para mi será un reencuentro, con nuestro habitat, ¡que maravilla!, para nuestros polluelos será una acampada al aire libre, fuera del pino de  la casa de Ingenio,  de ese barrio y esos parques que voy conociendo poco a poco.

Esta noche los polluelos sueñan con historias increíbles en el campo, corriendo y volando, siendo más libre y más feliz sin nada que me ligue a lo material. Como los humanos, vamos.

Aún así echaré de menos un PC con el que comentar nuestras andanzas... A ver si me sacan el perfil bueno en las fotos!!

 Menudo finde!!! Al final sí que nos fuimos para "TAMADABA", jo, qué pasada. Todo el día en el campo, con mucho sitio para correr y volar, ya veran lo bien que me lo hemos pasado. Los crios han perseguido algunas "marisoplas" y otros bichos en general. Incluso he posado para un montón de fotos que me han hecho, que mañana o pasado iré poniendo alguna de ellas.

Lo único malo es el viaje, que tenemos que estar quietos y no dar guerra. Pues este viaje lo realiza la ONG, que se preocupa de nuestra repoblación, esperemos que no sea un engaño y nos abandonen o nos dejen para vivir definitivamente, en esta ni tierra, que no es la de mis hijos, vermos que pasa, disfrutemos del momento.