domingo, 20 de octubre de 2013

La adopción: la única alternativa justa para los animales


España es uno de los países de Europa donde mayor número de animales se abandonan cada año. Las cifras ilustran claramente la magnitud de este problema: según el estudio anual de la Fundación Affinity, en 2009 se recogió un animal “de compañía” cada 3.5 minutos, entendiendo como tal solo a perros y gatos y no a otras especies “más exóticas”.
PACMA
La adopción: la única alternativa justa para los animales Más de 9.000 protectoras se encargan de recogerlos, cuidarlos y logran la difícil misión de encontrarles un adoptante. Una labor que, aunque según los datos del barómetro de marzo de 2010 del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), es valorada muy positivamente por los ciudadanos, muchos de éstos no la apoyan, pues compran animales a criadores, en lugar de adoptar; fomentan las camadas, en lugar de la esterilización; en definitiva, no se paran a reflexionar que un animal no es un capricho que cuando pase de moda, podrán regalar o tirar a un contenedor. No lo piensan, pero cuando llega el momento lo hacen y pueblan este país de animales abandonados: rescatados los más afortunados y vagando miles de ellos en condiciones lamentables por caminos, calles y carreteras de pueblos y ciudades. Sin olvidar a los que utilizan a los animales para prácticas legales e ilegales como en el caso de los perros: la caza o las peleas, actividades de las que se derivan más abandonos, un maltrato continuo y prácticas y sacrificios aberrantes. No a todos los seres humanos se les debería permitir convivir con otro animal porque no todos están preparados para cuidarlo. Carecen de la capacidad o de la inteligencia emocional necesaria para tener conciencia de que la vida que “tienen en su manos” debe ser respetada y valorada.

LOS ABANDONOS EN ESPAÑA

Más de 150.000 perros y gatos fueron abandonados en España durante 2009. Sin embargo, el peligro de las modas ha “domesticado” a otros animales que se pueden considerar “exóticos” y que están aumentando su población considerablemente, lo que conlleva a que comiencen a ser abandonados. Esta necesidad ha hecho que ya existan protectoras especializadas en estas especies, que se suman a los perros y a los gatos y de los que no se poseen estadísticas aún. Chinchillas, perritos de la pradera, mofetas, mapaches, kinkajúes, coatíes, conejos, tarántulas, caimanes, cerdos vietnamitas, loros, buitres, tucanes, guacamayos, cíclidos, pirañas, boas constrictor, pitones regius, crótalos (serpientes de cascabel), mambas verdes, cobras egipcias, iguanas, tortugas de Florida o hurones son sólo una muestra de algunos de los animales no domesticados por el ser humano que se llevan a los hogares de forma irresponsable sin tener en cuenta las necesidades y los hábitos del nuevo huésped. Los abandonos de este tipo de animales suponen la colonización de ecosistemas diferentes a su hábitat natural y, como consecuencia, la alteración del equilibrio deaquellos, poniendo en riesgo la existencia de las especies autóctonas.

Las causas de los abandonos nos ilustran sobre la realidad y la relación de muchos seres humanos con el resto de animales. Según los datos recogidos por el estudio de la Fundación Affinity 2009 —circunscrito a perros y gatos—, los principales motivos de abandono fueron: el cambio de domicilio —a uno de menor tamaño o de alquiler—, las camadas indeseadas, la pérdida de interés por el animal, el comportamiento del animal, el fin de la temporada de caza, factores económicos, embarazo —toxoplasmosis en el caso de los gatos—, falta de tiempo por el nacimiento de un hijo, alergias, ingreso en un centro hospitalario o defunción y vacaciones. Repasando las razones que se ofrecen para “deshacerse” de un animal, excepto en caso de defunción, constituyen meras excusas que ilustran la falta de responsabilidad, educación y perspectiva ante la llegada de un nuevo miembro a la familia, un animal, como nosotros—recordemos que los seres humanos somos animales también— con derecho a la vida y con capacidad para sufrir. Por supuesto, en un apartado independiente, se encuentran los cazadores, un tipo de maltratador auspiciado por una actividad legal.

Cuando se cosifica a un animal, el cambio de situación de sus “dueños”, hace que la vida de éste penda de un hilo. El traslado de domicilio, a uno menor, o el alquiler lesofrece un motivo para abandonarlos; al igual que la pérdida de interés por los mismos:un 25% de los españoles ha recibido una mascota como regalo sin su consentimiento previo, según el Estudio Scalibor sobre el abandono de mascotas 2008, realizado por los laboratorios Intervet. Llama la atención que se compran como si fueran marcas de muñecos y, como los niños cada vez más pequeños distinguen las razas, sobre todo de perros, y muestran sus preferencias.Esto favorece el negocio de los criadores que las “elaboran” a demanda individuos de estética perfecta y a los que no cumplen los parámetros, se les priva del derecho a vivir.

Si aparece una situación imprevista, los animales tienen todas las papeletas de ser los primeros expulsados del hogar: factores económicos; embarazo  el miedo a la taxoplasmosis hace que muchos gatos acaben en la calle y aquí, desgraciadamente, muchos ginecólogos optan por este camino, más fácil, en vez de informar del tema con rigor científico. En este punto es muy recomendable la lectura Embarazo, niños y gatos donde se explica a través de un caso real este tema; nacimiento de un hijo; alergias e ingreso en un centro hospitalario.

La irresponsabilidad de sus “dueños” hace también que el animal sea abandonado: las camadas indeseadas llegan por la tacañería ante el gasto que supone una esterilización, por la falta de educación animalista, la escasa implicación de muchos veterinarios y la obsesión de algunos propietarios en cruzar a sus animales para tener camadas que solo aumentan el problema de la superpoblación de animales domésticos en nuestro país. En cuanto al ingreso en un hospital, existen residencias para animales donde estos pueden pasar asimismo el periodo vacacional y cada vez más hoteles ofrecen la posibilidad de llevarlos con nosotros. La fundación Affinity publica una guía para viajar con animales de compañía.

En realidad, los motivos se pueden camuflar con muchas etiquetas, pero no existe excusa posible para abandonar a un animal, excepto la falta de conciencia, de educación y de ética. De la que carecen los cazadores que portan, en muchas ocasiones, la bandera del ecologismo para dejar un reguero de sangre a su paso, proveniente del amontonamiento de los cadáveres de animales que ellos llaman “piezas”. Pero no solo eso. Cuando acaba la temporada, miles de perros considerados inservibles son eliminados: o bien se les abandona, o bien se les da muerte. En 2005, la Federación de Asociaciones de Protección Animal (FAPA) aseguraba que más de 50.000 galgos fueron colgados de árboles, arrojados a pozos, quemados vivos, inyectados con lejía, o descoyuntados a golpes en España.


Ante las conductas anteriormente descritas, que llevan a un estado de indefensión a miles de animales cada año en España, solo existen dos caminos: el castigo o la educación. En el primer caso se topa con una legislación laxa. El abandono se considera tan solo como una falta en artículo 337 del Código Penal, lo que le supone al infractor una multa irrisoria, algo que sucede incluso en los casos de maltrato animal, sobre lo que se indica: “Los que maltrataren con ensañamiento e injustificadamente a animales domésticos causándoles la muerte o provocándoles lesiones que produzcan un grave menoscabo físico serán castigados con la pena de prisión de tres meses a un año e inhabilitación especial de uno a tres años para el ejercicio de profesión, oficio o comercio que tenga relación con los animales”. Lo que implica que el maltratador normalmente no ingresa en prisión por falta de antecedentes o por lo “interpretable” de los términos ensañamiento e injustificadamente para los jueces. En cuanto a la vía legal, existe un sujeto pasivo: el vecino, el amigo o el familiar que es testigo de un abandono o un maltrato y se queda paralizado, enfrentándose a una disyuntiva: “no está bien, pero tengo miedo a las represalias”. Es imprescindible denunciar, no se puede tolerar esta práctica, agachar la cabeza y olvidar lo que se ha visto. En la página del PACMA hay una guía básica para denunciar casos de maltrato animal. Para ilustrar lo anterior, tenemos los datos que ofrecía el Estudio Scalibor sobre el abandono de mascotas 2008, realizado por los laboratorios Intervet. De él se extraían datos tan “clarificadores” como los siguientes: el 92 % de los españoles publicaría un listado de quienes maltratan o abandonan animales; un 40% conoce al menos una persona que ha abandonado una mascota; el 90% de los españoles considera que las personas que abandonan animales deberían ir a la cárcel; el 98% de los españoles cree que el Gobierno debe endurecer las sanciones de la Ley de Protección Animal.

En cuanto la educación en el respeto a los animales, si comenzamos por los niños, debemos pensar en sus educadores primarios, ya que éstos son quienes se encargan de su misión educativa. Los principales son la familia y las instituciones de enseñanza. Como secundarios, se encuentran otro tipo de instituciones o personas que no tienen un fin pedagógico específico ni derechos especiales. Dado que en España el régimen democrático es reciente y, como consecuencia de no haber tenido una Ilustración, la consideración hacia los animales no es algo que se le haya inculcado a un individuo medio en nuestra sociedad, por lo que serían los colegios los que, por lógica, deberían educar en el respeto a todos los animales a los niños. No obstante, nos encontramos con un problema. El Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero se ha mostrado aperturista en cuando a la obtención de derechos por parte de colectivos sociales que carecían de ellos, pero los animales que no son humanos han sido ignorados. En los colegios se incluyó una polémica asignatura, Educación para la ciudadanía, que, en su temario, no trata el respeto, la consideración y los derechos de los animales. En manos de los profesores queda la opción personal de introducirlo en su programa docente. Dado este vacío educativo, cada vez son más las asociaciones y protectoras de animales las que están desarrollando programas educativos orientados hacia los niños e intentan llegar a los colegios para difundir este mensaje.

LA ADOPCIÓN, LA ÚNICA ALTERNATIVA ÉTICA Y RESPONSABLE

Tras la exposición anterior, la única alternativa justa para los animales es la adopción. Como se indicaba en la introducción, en España existen más de 9000 protectoras de animales que, en su mayoría, están superpobladas, con graves deudas económicas y  con pocas o ninguna subvención pública. Las más afortunadas disponen de refugios, pero otras carecen de ellos y subsisten gracias a las “casas de acogida” donde voluntarios cuidan en su propia vivienda a los animales hasta que se encuentra un adoptante.

Cada vez es más habitual que en las protectoras se pueden encontrar no sólo perros y gatos, sino animales más exóticos que también esperan su segunda oportunidad. Algunas de ellas se han “especializado” en especies distintas y otras recogen animales enfermos o ancianos para que disfruten los últimos años de su vida en un entorno feliz. Una adopción no solo salva una vida, la del afortunado que ha encontrado un hogar, sino que da una oportunidad a un segundo animal que puede ser recogido o sacado de los Centros de Protección Animal de las Comunidades Autónomas.  

Resulta sorprendente saber que muchas personas desconocen que tras el eufemismo Centro de Protección Animal se esconde una realidad muy distinta a la bucólica imagen de cachorritos correteando entre juguetes y jaulas limpias. No es extraño que los animales se contagien y mueran a causa de las infecciones dada la masificación que existe en estos lugares y la falta de implicación de sus trabajadores —no son voluntarios, como ocurre en las mayoría de las protectoras—. Lo más grave es que, excepto en Cataluña, donde existe una política de “sacrificio cero”, los que no sean adoptados serán sacrificados en los plazos que estipule cada Comunidad Autónoma.

Después de los argumentos aquí expuestos sólo existen dos vías éticas de proceder: entender la responsabilidad que conlleva convivir con un animal y concluir que no se está preparado para ello, o bien acudir a una protectora y adoptarlo, teniendo en cuenta que se debe firmar un contrato de adopción —lo normal es que la asociación haga un seguimiento del animal—, comprometiéndose a esterilizar y con su identificación reglamentaria (microchip) y sus vacunas pertinentes. Estos requisitos hacen que el “dueño” cumpla lo estipulado en la ley, pero lo más importante es acogerlo con amor y ofrecerle una nueva oportunidad para que sea feliz y disfrute de una vida plena.

jueves, 10 de octubre de 2013

La casita del caracol


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H
abía una vez en un terreno abandonado vivían muchos animales.

Entre ellos vivía un gusanito que no tenía casa.

Un día el gusanito decidió ir a la casa de otros animales para pedirle que lo dejaran vivir con ellos.
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Cuentos infantiles, cuentos para niños, cuentos divertidos, cuentos infantiles y entretenidos para niños, cuentos divertidos y bonitos, cuentos par niños muy divertidos, cuento La casita del caracol Primero fue a un hormiguero y dijo: "Hormiguita, yo no tengo casa. ¿Me dejarías vivir contigo?" la hormiguita contestó: "Bueno, si quieres te puedes quedar, pero te prevengo que te a las hormigas nos gusta comer gusanitos".
Cuentos infantiles, cuentos para niños, cuentos divertidos, cuentos infantiles y entretenidos para niños, cuentos divertidos y bonitos, cuentos par niños muy divertidos, cuento La casita del caracol El gusanito, espantado, se fue al estanque de los peces y dijo: "Pececito, yo no tengo casa. ¿Me dejarías vivir contigo?" el pececito contesó: "Bueno, si quieres te puedes quedar pero te prevengo que a los peces nos gusta comer gusanitos".
Cuentos infantiles, cuentos para niños, cuentos divertidos, cuentos infantiles y entretenidos para niños, cuentos divertidos y bonitos, cuentos par niños muy divertidos, cuento La casita del caracol El gusanito, espantado, se subió a un árbol. y vio un agujero de ardillas. Entonces se acercó y dijo: "Ardillita, yo no tengo casa ¿Me dejarías vivir contigo?" la ardillita dijo: "Si quieres te puedes quedar, pero te prevengo que a las ardillas nos gusta comer gusanitos".
Cuentos infantiles, cuentos para niños, cuentos divertidos, cuentos infantiles y entretenidos para niños, cuentos divertidos y bonitos, cuentos par niños muy divertidos, cuento La casita del caracol Cuentos infantiles, cuentos para niños, cuentos divertidos, cuentos infantiles y entretenidos para niños, cuentos divertidos y bonitos, cuentos par niños muy divertidos, cuento La casita del caracol El gusanito, espantado, siguío subiendo al ábol, llegó a un nido de pájaros y dijo: "Pajarito, yo no tengo casa. ¿Me dejarías vivir contigo?" contestó el pajarito: "Bueno, si quieres te puedes quedar, pero te prevengo que a los pájaros nos gusta comer gusanitos".
Cuentos infantiles, cuentos para niños, cuentos divertidos, cuentos infantiles y entretenidos para niños, cuentos divertidos y bonitos, cuentos par niños muy divertidos, cuento La casita del caracol El gusanito, espantado, se cayó del árbol, se encontró con un duendecillo y dijo: "Amiguito, yo no tengo casa ¿Me dejarías vivir contigo?" el duendecillo contestó:
Cuentos infantiles, cuentos para niños, cuentos divertidos, cuentos infantiles y entretenidos para niños, cuentos divertidos y bonitos, cuentos par niños muy divertidos, cuento La casita del caracol "Ven aquí hay muchas casas vacías, pero son redondas, mete primero la cola y deja tu cabeza afuera, así puedes llevar tu casa a donde quieras".
Cuentos infantiles, cuentos para niños, cuentos divertidos, cuentos infantiles y entretenidos para niños, cuentos divertidos y bonitos, cuentos par niños muy divertidos, cuento La casita del caracol Y así, desde aquel día el gusanito se trasformó en caracol.

martes, 24 de septiembre de 2013

El campo y la ciudad, dos mundos hermosos.


El campo.

El campo empieza donde la ciudad termina. En el campo no se encuentran coches, ni  alumbrados en la calle. No se ven edificios ni parques de diversión, pero en el campo vemos por todas partes, árboles, plantas, flores, arroyos  de agua fresca y muchos animales.El campo y la ciudad, dos mundos hermosos.“Image courtesy of Tom Curtis / FreeDigitalPhotos.net”
La vida en el campo es muy sencilla y tranquila. Las personas gozan de la naturaleza, del aire puro y de los frutos que produce la tierra.
Los campesinos, o sea las personas que viven en el campo, realizan sus trabajos y oficios en su parcela o también en tierras cercanas, haciendo labores de agricultura y de ganadería. La cría de gallinas es muy común y en la mayoría de las casas tiene un corral con las crías.
Los niños del campo ayudan a sus padres  en los sembrados y cuidando los animales. Estudian en las escuelas rurales que pueden quedar lejos de donde viven y tienen que caminar muchísimo para poder asistir a clase.
El cuidado de los animales de granja es un trabajo muy importante y  consiste en ordeñar las vacas, alimentar a los animales y a pastorear las ovejas. En muchas fincas hay caballerizas y mantienen caballos que los campesinos los utilizan para trabajar porque son útiles para transportar cargas de alimentos o madera.
Otro trabajo del campo es la siembra y los cultivos que se hacen teniendo en cuenta el clima. Los campesinos siembran, abonan, y luego recogen las cosechas. Muchos tienen en su casa la huerta. De ella sacan las hortalizas y legumbres para el consumo diario y también  para vender en el mercado del pueblo.
La vida del campesino es tranquila en unos aspectos, pero deben trabajar duro. Sin embargo son personas amables, tranquilas y atentas con los vecinos o las personas que van de visita.
En el campo se aprenden muchas historias del pasado y tienen mitos y leyendas muy interesantes. El campesino hace tertulias con su familia y se reúnen para contar cuentos de apariciones, historias de los abuelos y aventuras del pasado.
La música y las danzas nos muestran su cultura, su historia y en general, las costumbres campesinas. También por medio de las artesanías y fabricación de diferentes productos nos  presentan técnicas y artes muy originales y tradicionales que han perdurado en el tiempo. En muchas zonas rurales los campesinos se dedican a la fabricación de objetos y piezas artesanales que venden en las ferias de los pueblos.
Pero viendo otros aspectos, la vida en el campo no es tan bonita como pensamos, ya que la realidad es otra, pues la vida diaria es difícil, porque el trabajo en el campo es muy duro, la gente está acostumbrada a levantarse muy temprano para realizar todas sus actividades y tienen que exponerse a extremas temperaturas climáticas, que a diferencia de una persona de la ciudad no soportaría, porque el ritmo de vida es muy diferente.
El campo es bonito, los paisajes son preciosos y variados. La naturaleza nos invita a disfrutar y las personas de la ciudad se deleitan pasando vacaciones en la zona rural. Si no hay elegantes piscinas, en el campo se encuentran hermosos riachuelos y lagunas naturales que invitan a refrescarse en sus aguas.

La vida en la ciudad.

La vida urbana, o sea de la ciudad tiene características muy especiales en la actualidad. Hay ciudades muy grandes llenas de edificios, industrias, centros comerciales y miles de negocios de todas las clases. La ciudad está llena de avenidas con semáforos y señales para el tráfico.
El campo y la ciudad, dos mundos hermosos.
“Image courtesy of Arvind Balaraman / FreeDigitalPhotos.net”
Las ciudades están conformadas por barrios  que son diferentes entre sí. Hay barrios  con construcciones muy elegantes y lujosas, con calles amplias y pavimentadas y otros barrios más humildes donde no encontraremos grandes lujos.  Se encuentran construcciones de todas las formas y estilos, vemos casas grandes y modernas así como también antiguas que son patrimonio nacional.
La vida en la ciudad es muy individualista por la gran cantidad de gente que habita en ella. Hay personas de todas partes que se dedican a trabajar para el sustento de su familia. Cada día las ciudades crecen más y mas y de la misma forma la población aumenta.
La ciudad es muy agitada.  Coches, buses, motos andan por un lado y otro, se escuchan pitidos y multitud de ruidos. Niños y jóvenes corriendo para llegar temprano a estudiar, en fin todo el mundo camina apresurado, dedicado a lo que tiene de responsabilidad. Se encuentran colegios, teatros, plazas almacenes para todas la personas según su capacidad. Y a pesar de los problemas, en las ciudades hay oportunidades para estudiar, trabajar y divertirse.
El trabajo en las ciudades es muy variado. Hay empresarios, obreros, secretarias, médicos, y mil trabajos más.  La construcción es una fuente de trabajo y en la ciudad hay siempre oportunidad porque siempre están realizando proyectos y ampliando las urbanizaciones.
Pero no todo son prisas y multitudes, porque en la ciudad también se encuentran lugares muy lindos para la diversión y el descanso como parques, teatros, museos y centros de diversión para niños. Hay también lugares históricos y sitios reservados para el patrimonio nacional y la cultura.
Aunque en la ciudad hay muchos problemas, también gozamos de la vida moderna, de la tecnología y los avances científicos. Ir a los centros comerciales es una aventura donde podemos encontrar infinidad de productos y mercancías nacionales y de todo el mundo.
Vivir en la ciudad es muy agradable y la gente se acostumbra al ritmo de vida, a pesar de las dificultades que se puedan tener.

Diferencias entre  vivir en el campo y la ciudad.

La vida del campo es muy diferente a la de una ciudad y en cada una encontramos ventajas y desventajas. No podemos decir que vivir en la ciudad es mejor que en el campo porque en ambas partes hay algo especial para disfrutar o para ayudar  a mejorar.
Veamos las diferencias entre el campo y la ciudad:
  • En la ciudad, las edificaciones son muy altas, el terreno es escaso y muy costoso, así que tienen que construir muchas viviendas en poco espacio. Hay edificios con muchas viviendas unas encima de otras.
En el campo las viviendas suelen ser para una sola persona, como hay más terreno las casas se construyen unas junto a otras.
  • En la ciudad se tiene mucha más oferta de servicios de todo tipo , incluido los de ocio. En el campo los servicios son más limitados, y cuanto menos habitantes haya, menos servicios suele haber.
  • En las ciudades hay  muchos beneficios que les llama mucho la atención a las personas que habitan en el campo, como las oportunidades de progresar profesionalmente
  • El campo es un sector más disperso y sin muchas diferencias. Las áreas de trabajo se concentran a oficios como la pesca, el cultivo, la minería y la madera. En la ciudad hay muchísimos campos de trabajo y se pueden desempeñar muchos oficios.
  • La gente del campo piensa que la vida en la ciudad es muy buena y divertida y desean esa vida, sin embargo las personas de la ciudad envidian la vida del campo porque desean una vida tranquila, relajada, que puedan estar en contacto con la naturaleza.
  • Tanto la gente del campo como de la ciudad se tienen que levantar temprano al trabajo, los campesinos lo hacen para trabajar la tierra y los de la ciudad para trabajar en las fabricas, oficinas, industrias y ambos grupos lo hacen para mantener a sus familias.
  • La vida social en la ciudad es muy variada porque se cuenta con muchas opciones.  Los jóvenes cuentan con núcleos de amigos que se reúnen para ir al cine, a bailar o hacer deporte. Los niños tienen posibilidades de compartir con los compañeros del colegio, ir al parque, al cine y jugar en sus casas. En el campo los niños juegan en el río, con los animales y con los pocos vecinos que tienen alrededor de su finca.
  • Vivir en el campo es gozar de la naturaleza, el aire puro, los hermosos paisajes naturales, los animales y muchas maravillas más. Vivir en la ciudad, es disfrutar el modernismo, la moda, las grandes construcciones, los espectáculos de ocio muchas otras cosas.
  • En el campo el tiempo corre más despacio y la vida es lenta y tranquila. En la ciudad todo es acelerado y  el tiempo vuela, la gente solo tiene tiempo para trabajar, estudiar y dedicarse a sus labores. El fin de semana es para descansar y compartir con la familia.
  • Las relaciones y amistades de los habitantes campesinos son buenas en general. Las personas se conocen lo suficiente para brindarse ayuda mutua, y confiar en ellos, mientras que en la ciudad es difícil y los círculos de amistades son cerrados. Es difícil hacer nuevas amistades porque no se puede confiar mucho en las personas que no se conocen bien.
  • Una desventaja de la vida en el campo es que los centros de asistencia médica son pequeños y cuando alguien se enferma de gravedad tiene que viajar a la ciudad. También se diferencia de la ciudad en que no tiene grandes supermercados, y los productos que comprar son más limitados, mientras que en la ciudad hay grandes supermercados en los que podemos comprar prácticamente cualquier producto. Las ciudades presentan grandes problemas sociales, mucha contaminación y hay superpoblación.
En resumen,  tanto la vida del campo como de la ciudad poseen algo que atrae y algo que desanima. No es fácil decir que es lo mejor y qué es lo peor de cada lugar. También cuenta mucho la experiencia de vida de cada persona. Según como vivan, las facilidades, las oportunidades, que hayan tenido, así es la imagen que tienen del campo o de la ciudad. Si pensamos en la gente que nació en la ciudad y que tiene una estabilidad, ya se ha acostumbrado y seguro que le gusta y ama a su ciudad. Pero si pensamos en una familia campesina que ha llegado hace poco, pues la ciudad le va a ser muy desagradable y poco amigable, porque son extraños en un mundo desconocido para ellos.
De igual forma, aunque la vida del campo es linda, una persona que es de la ciudad, le costará mucho trabajo ajustarse a esa vida porque le va a hacer falta las comodidades de la ciudad, la facilidad de movilizarse, de encontrar diversión y de conseguir rápidamente todo lo que necesita.
Vivir en el campo o vivir en la ciudad, es maravilloso para cada cual. Por eso debemos aprender a convivir y respetar las costumbres de cada uno. Aprendamos a disfrutar del campo y sus maravillas y si podemos aportar algo para mejorar la vida de los campesinos, hay que hacerlo con ilusión.
De igual forma, apreciemos la ciudad, seamos agradecidos con todo lo que nos ofrece y cuidemos los parques, las calles  que son nuestras.
Las ciudades reciben a todas las personas y les da todo. Por eso debemos ser solidarios y sobretodo sentir que pertenecemos a ella.
Tanto el campo como la ciudad pertenecen al mismo país, o sea que somos iguales. La diferencia está en las costumbres y estilos de vida de cada zona.  Aprendamos del campesino, que tiene mucho que  enseñarle a la gente de la ciudad. Y escuchemos a los ciudadanos que con su experiencia de vida, nos aporta conocimientos útiles y ejemplo de superación. Todos aprendemos de todos, y podemos formar una gran familia.

Cuento de embustes

Cuento infantil: Cuento de embustes

Había vez y vez una Princesa muy estrafalaria, que dijo a su padre, el cual deseaba que tomase estado, que no se casaría sino con aquel que supiese mentir más que ella, y ella lo hacía de manera que nadie podía sobrepujarla. Llegó esto a oídos de un pastorcillo que anidaba por el campo.
Cuento infantil: Cuento de embustes
-Yo me presentaré -dijo para sus adentros-, que de seguro le gano en mentir la palma a la Princesa; que mentir me lo ha enseñado una culebra descendiente de la del Paraíso -y se fue a Palacio.
-¿Qué traes? -le preguntó al verle llegar la Princesa.
-Sepa V. A. R. -respondió el pastorcillo- que he viajado mucho y que le vengo a relatar mis viajes.
-Bien está -dijo la Princesa-; pero si dices una palabra de verdad, te mando echar a la calle con cajas destempladas.
-Mi primer viaje fue largo -dijo el pastorcillo-, porque estando sembrando una palma, creció tan de pronto y tan alta, que me levantó consigo  hasta el cielo. Llegué allí en tan buena ocasión, que me hallé en la boda de las once mil vírgenes; y porque a una  de ellas eché  un requiebro, me alargó San Pedro un puntapié, que me botó fuera.
Cuento infantil: Cuento de embustesAtravesé en mi caída el mar, y me encontré con la luna, en la que me entré por un ojo, y me hallé que tenía los sesos de plata y los cabellos de oro; me descolgué por uno de ellos; la luna volvió la cara, y al verme se cortó el cabello de un bocado; este se desprendió, y caí en una calabaza, donde lo pasé muy bien, hasta que llevaron mi casa a la plaza, donde la compraron para un convento de monjas. Las monjas creyeron que era yo un gusano y e tiraron con la basura a la huerta del convento; habiendo caído un aguacero, me nací allí.
Corteme las raíces con mi navaja y eché a andar por esos mundos. Llegué a un río, eché las redes, y pesqué un borrico; me monté en él y seguí caminando. A los dos días vi que tenía el animal una matadura; se le enseñé a un albéitar, que me mandó que le pusiera habas; se las puse y nació un habar que parecía un bosque; cogí una escopeta y me puse a cazar en él y maté a un jabalí; era hembra, y después de muerta parió una vieja, que bauticé, y le puse «Nací-tarde». La tía «Nací-tarde» se enamoró de mí, y por verme libre de ella me subí en una tortuga que corría más que el viento, y en un santiamén me llevó a los profundos centros de los mares. Allí me encontré un convento de sardinas, de que era priora una ballena,   —107?   que al verme abrió su bocaza y me tragó; pero con un chorro de agua, que echó por las narices me lanzó a la orilla. Allí me encontraron tendido unos marineros, y como la sal del mar se había cuajado, y estaba yo todo blanco y agarrotado, me vendieron a unos «santi-barati», que a su vez me vendieron a un sevillano, que me puso en el patio de su casa, rodeado de tiestos con matas. La primera noche llovió, y con eso se me derritió la sal y pude echar a correr. Supe que Su Alteza Real buscaba para premiarlo a uno que fuese más embustero que ella, y dije: Allá voy a probarle que yo lo soy.
-Pues ya dijiste una verdad, pues mientes más que yo -dijo la Princesa-, por lo cual no te puedes casar conmigo; pero como has mentido tan bien, mejor que otro alguno, es justo que te premie y te dé un buen destino. ¿Qué destino hay vacante? -preguntó S. A. R. al ministro.
-Señora -respondió el ministro-, no hay otro alguno que el de director de la «Gaceta», por haber muerto esta mañana el que lo era.
-Pues que sea inmediatamente dado dicho destino a este pastor, por los méritos que ha contraído -repuso la Princesa.
Y así sucedió, y el pastorcillo siguió mintiendo en al «Gaceta», por lo cual las gentes dieron en decir: «Mientes más que la Gaceta»; dicho que se hizo refrán y dura hasta el día.
Fernán Caballero (1796 -1877). Escritora Española

La Tortuga Blanca

La Tortuga Blanca

Cuentos infantiles: La tortuga blancaHabía una vez una tortuga que se sentía diferente, todas eran de color verdes y ella era blanca.
Todos los días cuando se acostaba se sentía triste porque su color no era igual que el de todas las demás.
Una vez estuvo machacando hojas verdes, y con el líquido se pintó, se miró al espejo y se sintió feliz, pero esa misma noche empezó a llover, se le fue la pintura y se quedó otra vez blanca
Al final del verano todas las tortugas volvían al mar, tenían que atravesar una gran playa ancha con arena blanca como la nieve.
Mientras caminaba despacio y maldiciendo otra vez su color que la hacía diferente a las demás, oyó un gran ruido, eran chillidos que venían del cielo.
Miró hacía arriba y enseguida distinguió a miles de águilas tortugueras, que se llamaban así por su afición a comer tortugas.
Le entró mucho miedo y metiendo la cabeza y las patas dentro del caparazón se quedó muy quieta.
Cuando dejó de oír chillidos, sacó la cabeza, y vio que no quedaba ninguna tortuga, todas se las habían llevado las águilas tortugueras.
Sólo quedaba ella, ya que como era blanca las águilas no la habían visto pues la confundieron con la arena.
Así que por el color que tanto había maldecido, seguía viva, y además ya no era una tortuga rara ya que todas las tortugas de la isla, o sea ella, eran blancas.

El Congreso de Animales

situacion de Animalandia andaba mal.
no habia de comer.
El monarca del pais mando a convocar a
todos sus subditos a un congreso que debia
celebrarse en plena campiña.  El leon,
que era el monarca, expuso desde su tribuna de honor
el objeto del congreso en estos terminos.
tigre.jpg
Amigos mios, os he convocado aqui a fin
de que cada cual exponga el mejor
emedio para salir de la triste situacion
en que nos hayamos.

-Todos los males nuestros se deben al exceso de
carne en las comidas – dijo una pobre gacela-
Estoy en todo conforme con mi pequeña
amiga la gacela- dijjo el elefante.
Nadie vacilara en que soy el mas fuerte de
todos los presentes y, sin embarg, ¡ah , señores!
por mi boca no pasan mas que vegetales.
Aprendan de mi los animales carniceros.
Un toro de afiladas astas exclamo:
¿Valen menos mis cuernos que sus dientes o
que sus colmillos? ¡ja! ¿Son mas guapos que y? ¡tampoco! Pues entonces,, por que se han de comer a mis vacas y a mis terneros.
Aprendan de mi, soy fuerte como ninguno, salvado todos los respectos que se merece el señor elefante y, sin embargo soy vegetariano.
El tigre dijo:
Yo soy carnicero, lo reconozco, pero lo soy porque no tengo mas remedio que serlo.
Desde pequeño me enseñaran a comer carne,
Ademas, la hierba solo la tomo como medicina y finalmente, si no existieran fieras carniceras, la poblacion animal creceria de forma exagerada.
El asno expuso sus razones:
-No quiero ofender a ninguno- dijo. Aprendan de las perdices, de los corderos y otros animales que se ganan la vida sin hacer la guerra y vivamos todos santamente, sin picar, morder, ni mortificar a nadie.
-¡Que se calle! ¡fuera,fuera!
El escandalo era monumental.-!Silencio- rugia el Leon, pero nadie le hacia caso.
El congreso se deshizo y cada cual se fue por su lado haciendo el ruido que consideraba mas adecuado para demostrar su descontento.
Nadie quiso respetar las  opiniones de los demas y no llegaron a ningun acuerdo.

Cuento: Las medias de los flamencos

Cuento: Las medias de los flamencos
Cuentos infantiles: Las medias de los flamencosCierta vez las víboras dieron un gran baile. Invitaron a las ranas y los sapos, a los flamencos, y a los yacarés y los pescados. Los pescados, como no caminan, no pudieron bailar; pero siendo el baile a la orilla del río, los pescados estaban asomados a la arena, y aplaudían con la cola.
Los yacarés, para adornarse bien, se habían puesto en el pescuezo un collar de bananas, y fumaban cigarros paraguayos. Los sapos se habían pegado escamas de pescado en todo el cuerpo, y caminaban meneándose, como si nadaran. Y cada vez que pasaban muy serios por la orilla del río, los pescados les gritaban haciéndoles burla.
Las ranas se habían perfumado todo el cuerpo, y caminaban en dos pies. Además, cada una llevaba colgando como un farolito, una luciérnaga que se balanceaba.
Pero las que estaban hermosísimas eran las víboras. Todas sin excepción, estaban vestidas con traje de bailarina, del mismo color de cada víbora. Las víboras coloradas llevaban una pollerita de tul colorado; las verdes, una de tul verde; las amarillas, otra de tul amarillo; y las yararás, una pollerita de tul gris pintada con rayas de polvo de ladrillo y ceniza, porque así es el color de las yararás.
Y las más espléndidas de todas eran las víboras de coral, que estaban vestidas con larguísimas gasas rojas, blancas y negras, y bailaban como serpentinas. Cuando las víboras danzaban y daban vueltas apoyadas en las puntas de la cola, todos los invitados aplaudían como locos.
Sólo los flamencos, que entonces tenían las patas blancas, y tienen ahora como antes la nariz muy gruesa y torcida, sólo los flamencos estaban tristes, porque como tienen muy poca inteligencia, no habían sabido cómo adornarse. Envidiaban el traje de todos, y sobre todo el de las víboras de coral. Cada vez que una víbora pasaba por delante de ellos, coqueteando y haciendo ondular las gasas de serpentina, los flamencos se morían de envidia.
Un flamenco dijo entonces:
–Yo sé lo que vamos a hacer. Vamos a ponernos medias coloradas, blancas y negras, y las víboras de coral se van a enamorar de nosotros.
Y levantando todos el vuelo , cruzaron el río y fueron a golpear en un almacén del pueblo.
–¡Tan tan! –pegaron con las patas.
–¿Quién es? –respondió el almacenero.
–Somos los flamencos. ¿Tiene medias coloradas, blancas y negras?
–No, no hay –contestó el almacenero–. ¿Están locos? En ninguna parte van a encontrar medias así.
Los flamencos fueron entonces a otro almacén.
–No, no hay –contestó el almacenero–. ¿Están locos? En ninguna parte van a encontrar medias así.
Los flamencos fueron entonces a otro almacén.
–¡Tan tan! ¿Tiene medias coloradas, blancas y negras?
El almacenero contestó:
–¿Cómo dice? ¿Coloradas, blancas y negras? No hay medias así en ninguna parte. Ustedes están locos.
¿Quiénes son?
–Somos los flamencos –respondieron ellos.
Y el hombre dijo:
–Entonces son con seguridad flamencos locos.
Fueron entonces a otro almacén.
–¡Tan tan! ¿Tiene medias coloradas, blancas y negras?
El almacenero gritó:
–¿De qué color? ¿Coloradas, blancas y negras? Solamente a pájaros narigudos como ustedes se les ocurre pedir medias así. ¡Váyanse enseguida!
Y el hombre los echó con la escoba.
Los flamencos recorrieron así todos los almacenes, y de todas partes los echaban por locos.
Entonces un tatú, que había ido a tomar agua al río, se quiso burlar de los flamencos y les dijo, haciéndoles un gran saludo:
– ¡Buenas noches, señores flamencos! Yo sé lo que ustedes buscan. No van a encontrar medias así en ningún almacén. Tal vez haya en Buenos Aires, pero tendrán que pedirlas por encomienda postal. Mi cuñada, la lechuza, tiene medias así. Pídanselas, y ella les va a dar las medias coloradas, blancas y negras.
Los flamencos le dieron las gracias, y se fueron volando a la cueva de la lechuza. Y le dijeron:
– ¡Buenas noches, lechuza! Venimos a pedirle las medias coloradas, blancas y negras. Hoy es el gran baile de las víboras, y si nos ponemos esas medias, las víboras de coral se van a enamorar de nosotros.
– ¡Con mucho gusto! –respondió la lechuza–. Esperen un segundo, y vuelvo enseguida.
Y echando a volar, dejó solos a los flamencos; y al rato volvió con las medias. Pero no eran medias, sino cueros de víbora de coral, lindísimos cueros recién sacados a las víboras que la lechuza había cazado.
– Aquí están las medias –les dijo la lechuza–. No se preocupen de nada, sino de una sola cosa: bailen toda la noche, bailen sin parar un momento, bailen de costado, de pico, de cabeza, como ustedes quieran; pero no paren un momento, porque en vez de bailar van entonces a llorar.
Cuentos infantiles: Las medias de los flamencosPero los flamencos, como son tan tontos, no comprendían bien qué gran peligro había para ellos en eso, y locos de alegría se pusieron los cueros de las víboras de coral, como medias, metiendo las patas dentro de los cueros que eran como tubos. Y muy contentos se fueron volando al baile.
Cuando vieron a los flamencos con sus hermosísimas medias, todos les tuvieron envidia. Las víboras querían bailar con ellos, únicamente, y como los flamencos no dejaban un instante de mover las patas, las víboras no podían ver bien de qué estaban hechas aquellas preciosas medias.
Pero poco a poco, sin embargo, las víboras comenzaron a desconfiar. Cuando los flamencos pasaban bailando al lado de ellas, se agachaban hasta el suelo para ver bien.
Las víboras de coral, sobre todo, estaban muy inquietas. No apartaban la vista de las medias, y se agachaban también, tratando de tocar con la lengua las patas de los flamencos, porque la lengua de las víboras es como la mano de las personas. Pero los flamencos bailaban y bailaban sin cesar, aunque estaban cansadísimos y ya no podían más.
Las víboras de coral, que conocieron esto, pidieron enseguida a las ranas sus farolitos, que eran bichitos de luz, y esperaron todas juntas a que los flamencos se cayeran de cansados.
Efectivamente, un minuto después, un flamenco, que ya no podía más, tropezó con el cigarro de un yacaré, se tambaleó y cayó de costado. Enseguida las víboras de coral corrieron con sus farolitos, y alumbraron bien las patas del flamenco. Y vieron qué eran aquellas medias, y lanzaron un silbido que se oyó desde la orilla del Paraná.
– ¡No son medias! – gritaron las víboras–. ¡Sabemos lo que es! ¡Nos han engañado! ¡Los flamencos han matado a nuestras hermanas y se han puesto sus cueros como medias! ¡Las medias que tienen son de víbora de coral!
Al oír esto, los flamencos, llenos de miedo porque estaban descubiertos, quisieron volar; pero estaban tan cansados que no pudieron levantar una sola ala. Entonces las víboras de coral se lanzaron sobre ellos, y enroscándose en sus patas les deshicieron a mordiscones las medias. Les arrancaban las medias a pedazos, enfurecidas, y les mordían también las patas, para que se murieran.
Los flamencos, locos de dolor, saltaban de un lado para otro, sin que las víboras de coral se desenroscaran de sus patas. Hasta que al fin, viendo que ya no quedaba un solo pedazo de media, las víboras los dejaron libres, cansadas y arreglándose las gasas de su traje de baile.
Además, las víboras de coral estaban seguras de que los flamencos iban a morir, porque la mitad, por lo menos, de las víboras de coral que los habían mordido, eran venenosas.
Pero los flamencos no murieron. Corrieron a echarse al agua, sintiendo un grandísimo dolor. Gritaban de dolor, y sus patas, que eran blancas, estaban entonces coloradas por el veneno de las víboras. Pasaron días y días, y siempre sentían terrible ardor en las patas, y las tenían siempre de color de sangre, porque estaban envenenadas.
Hace de esto muchísimo tiempo. Y ahora todavía están los flamencos casi todo el día con sus patas coloradas metidas en el agua, tratando de calmar el ardor que sienten en ellas.
A veces se apartan de la orilla, y dan unos pasos por tierra, para ver cómo se hallan. Pero los dolores del veneno vuelven enseguida, y corren a meterse en el agua. A veces el ardor que sienten es tan grande, que encogen una pata y quedan así horas enteras, porque no pueden estirarla.
Esta es la historia de los flamencos, que antes tenían las patas blancas y ahora las tienen coloradas. Todos los pescados saben por qué es, y se burlan de ellos. Pero los flamencos, mientras se curan en el agua, no pierden ocasión de vengarse, comiéndose a cuanto pescadito se acerca demasiado a burlarse de ellos.