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domingo, 16 de junio de 2013

DON QUIJOTE PARA NIÑOS

DON QUIJOTE PARA NIÑOS (poemas y adivinanzas)
Autora: Carmen Gil (www.poemitas.com)
    Versos divertidos que recrean y parodian a don Quijote, Sancho Panza, Dulcinea y Rocinante.


Don Quijote

Montado en flaco rocino,
con lanza y con armadura,
cabalga por la llanura,
más allá del quinto pino.

Va paseando errabundo,
decidido y muy sonriente;
quiere salvar a la gente
y arreglar un poco el mundo.

Todos llaman don Quijote
a un héroe tan atrevido,
que por flaco y escurrido,
mas parece un monigote.

No hay duda de su nobleza,
pero con tanta lectura
y sus ganas de aventura,
ha perdido la cabeza.

Y a lomos de Rocinante
-según chismea un vecino-
ha confundido un molino
con un terrible gigante.

Suspira por Dulcinea,
una porquera forzuda,
berreona y bigotuda,
que tiene fama de fea.

Pero él la ve tan bonita...
Y a todos hace jurar
que es la labriega vulgar
una princesa exquisita.

Aunque el hidalgo cenceño*
pase por ser un lunático,
a mí me cae simpático
porque cabalga en un sueño.
                            (Carmen Gil)
                                        cenceño: flaco, delgado


     Sancho Panza

Era un labriego simplón
con terruño y sementera,
poca sal en la mollera
y mucha en el corazón.

Se llamaba Sancho Panza
y trabajó de escudero
de un famoso caballero:
don Quijote de la Mancha.

Quería el hombre sencillo,
ayudando a su señor,
llegar a gobernador
y vivir en un castillo.

Así que dejó su huerto
para salir al camino,
y, montado en un pollino,
deshacer más de un entuerto.

Pero el pobre desgraciado
no hacía nada derecho:
salía siempre maltrecho
y con un ojo morado.

Incluso en una ocasión
en un bosque silencioso
lo invadió un miedo horroroso
y se cagó en el calzón.

Sancho iba de lío en lío;
en la cabeza montones
de muy buenas intenciones
y el estómago vacío.

Mas, pese a tanto accidente,
llegó a una gran conclusión:
no es tan mala ocupación
la de ayudar a la gente.
                  (Carmen Gil)



Dulcinea

Préstame mucha atención:
a don Quijote el famoso
una dama del Toboso
le ha robado el corazón.

Me han dicho que Dulcinea
no tiene un trato muy fino,
que huele siempre a gorrino
y que no chilla, berrea.

Dicen que va en alpargatas,
que se le escapa algún pedo
y levanta con un dedo
cuatro sacos de patatas.

Que luce en pleno bigote
un lunar negro y peludo,
que, por cierto, no es menudo,
y encandila a don Quijote.

Este amor al mundo asombra,
pues la señora es mandona,
bravucona y muy guasona,
y se ríe de su sombra.

Pero el hidalgo manchego
la ve delicada y bella
porque está loco por ella;
¡para algo el amor es ciego!
                  (Carmen Gil)



Rocinante

Qué vida la del rocín:
él, que se queja tan poco,
tocarle un amo tan loco,
metido en tanto trajín.

Y es que el pobre Rocinante
no es ninguna maravilla,
se le notan las costillas
y tiene muy poco aguante.

Sufre subiendo pendientes,
pues soporta en su montura
varios quilos de locura
y le faltan cuatro dientes.

Es un jamelgo muy lento:
nunca cabalga al galope,
y además está algo miope;
pero vive tan contento.

Anda como un caracol:
siempre llega, muy calmado,
el último a cualquier lado;
y es feliz tomando el sol.

Mas es un caballo fiel;
igual al paso que al trote
-eso piensa don Quijote-,
no existe mejor corcel.
              (Carmen Gil)

 
        ADIVINANZAS
 
Superhombre desmirriado,
famoso por su locura,
que con lanza y armadura
ayuda al necesitado.


Campesino zampabollos
que trabaja de escudero
de un manchego caballero
y se mete en mil embrollos.


Dicen que a un héroe enamora
esta porquera de oficio
y aunque es más fea que Picio,
él la encuentra encantadora.


Cree que son un montón
de gigantes muy violentos
-por sus muchos aspavientos-
que encantó el mago Frestón.


La luce por el camino
el caballero altanero
y dice que no es sombrero
sino yelmo de Mambrino.


Caballo más conocido
que Bucéfalo o Babieca
que, de la Ceca a la Meca,
cabalga muy escurrido.


Un brebaje fulminante:
si alguien le corta una oreja,
da un trago sin una queja
y se le pega al instante.


En tan vulgar paradero,
que don Quijote el famoso
cree que es castillo grandioso,
es armado caballero.


Va vestida de varón.
Pide al caballero andante
que acabe con un gigante
que acecha Micomicón.


Animales muy pacíficos
que, por el polvo y el ruido,
el hidalgo ha confundido
con ejércitos magníficos.


Un barbudo que, seguro,
lleva la barba de pega
y cuando se le despega
la pega con un conjuro.

Si quieres saber más sobre la autora y su obra, visita su portal http://www.poemitas.com

lunes, 6 de diciembre de 2010

28 ilustraciones de D. Quijote

28 ilustraciones






http://www.stefanmart.de/12_quixote/1201_quixote_01.jpg


http://www.stefanmart.de/12_quixote/1202_quixote_02.jpg


http://www.stefanmart.de/12_quixote/1203_quixote_03.jpg



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DON QUIJOTE PARA NIÑOS (poemas y adivinanzas)

DON QUIJOTE PARA NIÑOS (poemas y adivinanzas)

Autora: Carmen Gil (www.poemitas.com)

Versos divertidos que recrean y parodian a don Quijote, Sancho Panza, Dulcinea y Rocinante.

Don Quijote

Montado en flaco rocino,

con lanza y con armadura,

cabalga por la llanura,

más allá del quinto pino.

Va paseando errabundo,

decidido y muy sonriente;

quiere salvar a la gente

y arreglar un poco el mundo.

Todos llaman don Quijote

a un héroe tan atrevido,

que por flaco y escurrido,

mas parece un monigote.

No hay duda de su nobleza,

pero con tanta lectura

y sus ganas de aventura,

ha perdido la cabeza.

Y a lomos de Rocinante

-según chismea un vecino-

ha confundido un molino

con un terrible gigante.

Suspira por Dulcinea,

una porquera forzuda,

berreona y bigotuda,

que tiene fama de fea.

Pero él la ve tan bonita...

Y a todos hace jurar

que es la labriega vulgar

una princesa exquisita.

Aunque el hidalgo cenceño*

pase por ser un lunático,

a mí me cae simpático

porque cabalga en un sueño.

(Carmen Gil)

cenceño: flaco, delgado

Sancho Panza

Era un labriego simplón

con terruño y sementera,

poca sal en la mollera

y mucha en el corazón.

Se llamaba Sancho Panza

y trabajó de escudero

de un famoso caballero:

don Quijote de la Mancha.

Quería el hombre sencillo,

ayudando a su señor,

llegar a gobernador

y vivir en un castillo.

Así que dejó su huerto

para salir al camino,

y, montado en un pollino,

deshacer más de un entuerto.

Pero el pobre desgraciado

no hacía nada derecho:

salía siempre maltrecho

y con un ojo morado.

Incluso en una ocasión

en un bosque silencioso

lo invadió un miedo horroroso

y se cagó en el calzón.

Sancho iba de lío en lío;

en la cabeza montones

de muy buenas intenciones

y el estómago vacío.

Mas, pese a tanto accidente,

llegó a una gran conclusión:

no es tan mala ocupación

la de ayudar a la gente.

(Carmen Gil)

Dulcinea

Préstame mucha atención:

a don Quijote el famoso

una dama del Toboso

le ha robado el corazón.

Me han dicho que Dulcinea

no tiene un trato muy fino,

que huele siempre a gorrino

y que no chilla, berrea.

Dicen que va en alpargatas,

que se le escapa algún pedo

y levanta con un dedo

cuatro sacos de patatas.

Que luce en pleno bigote

un lunar negro y peludo,

que, por cierto, no es menudo,

y encandila a don Quijote.

Este amor al mundo asombra,

pues la señora es mandona,

bravucona y muy guasona,

y se ríe de su sombra.

Pero el hidalgo manchego

la ve delicada y bella

porque está loco por ella;

¡para algo el amor es ciego!

(Carmen Gil)

Rocinante

Qué vida la del rocín:

él, que se queja tan poco,

tocarle un amo tan loco,

metido en tanto trajín.

Y es que el pobre Rocinante

no es ninguna maravilla,

se le notan las costillas

y tiene muy poco aguante.

Sufre subiendo pendientes,

pues soporta en su montura

varios quilos de locura

y le faltan cuatro dientes.

Es un jamelgo muy lento:

nunca cabalga al galope,

y además está algo miope;

pero vive tan contento.

Anda como un caracol:

siempre llega, muy calmado,

el último a cualquier lado;

y es feliz tomando el sol.

Mas es un caballo fiel;

igual al paso que al trote

-eso piensa don Quijote-,

no existe mejor corcel.

(Carmen Gil)

ADIVINANZAS

Superhombre desmirriado,

famoso por su locura,

que con lanza y armadura

ayuda al necesitado.

Campesino zampabollos

que trabaja de escudero

de un manchego caballero

y se mete en mil embrollos.

Dicen que a un héroe enamora

esta porquera de oficio

y aunque es más fea que Picio,

él la encuentra encantadora.

Cree que son un montón

de gigantes muy violentos

-por sus muchos aspavientos-

que encantó el mago Frestón.

La luce por el camino

el caballero altanero

y dice que no es sombrero

sino yelmo de Mambrino.

Caballo más conocido

que Bucéfalo o Babieca

que, de la Ceca a la Meca,

cabalga muy escurrido.

Un brebaje fulminante:

si alguien le corta una oreja,

da un trago sin una queja

y se le pega al instante.

En tan vulgar paradero,

que don Quijote el famoso

cree que es castillo grandioso,

es armado caballero.

Va vestida de varón.

Pide al caballero andante

que acabe con un gigante

que acecha Micomicón.

Animales muy pacíficos

que, por el polvo y el ruido,

el hidalgo ha confundido

con ejércitos magníficos.

Un barbudo que, seguro,

lleva la barba de pega

y cuando se le despega

la pega con un conjuro.

viernes, 14 de agosto de 2009

La gitanilla

La gitanilla

La gitanilla (F. Coullaut-Valera, 1960). Detalle del monumento a Cervantes en la Plaza de España de Madrid.

La gitanilla es una novela corta de Miguel de Cervantes que abre su colección de relatos breves Novelas ejemplares (Madrid, Juan de la Cuesta, 1613).

Esta novella, que sigue tradición italiana de novellieri creada por figuras como Giovanni Boccaccio y desarrollada por autores como Mateo Bandello en el renacimiento italiano, supone el pórtico del tomo en el que reunió sus doce novelas de asunto amoroso titulado Novelas ejemplares. Es también la más extensa de todas ellas. En ella se utiliza el conocido recurso de la anagnórisis, por el que la gitanilla es reconocida en el desenlace como de origen noble. La muchacha fue educada por los gitanos y vive tocando y cantando para ganar su sustento cuando un noble se enamora de ella. Para seguirla y como prueba de amor, acepta seguir la vida nómada y marginal con ella y, por fin, tras el reconocimiento de su verdadera condición, la novela acaba en feliz matrimonio entre iguales.

Rinconete y Cortadillo

Rinconete y Cortadillo

"Rinconete y Cortadillo" es un retrato picaresco de la actividad delictiva en la época de Cervantes, forma parte de Novelas ejemplares, obras de madurez de Miguel de Cervantes. Sin embargo, como bien lo argumenta Carlos Blanco Aguinaga en uno de sus ensayos críticos, la de Cervantes no es propiamente una novela picaresca, pues trasciende los presupuestos que ese género literario poseía, y proyecta a sus personajes hacia una profundidad muy característica, distante por mucho de otras creaciones parecidas, como el Buscón o el Lazarillo de Tormes.



La literatura picaresca surge en una situación histórica y social concreta como es la que se da en la España de los siglos XVI y XVII. Literariamente el pícaro es un producto de esta época puesto que como elemento social lo podemos encontrar en otras sociedades y otros tiempos. La novedad está en que en esos siglos se produce una proliferación de tales personajes por la confluencia de factores económicos, sociales, políticos y espirituales. Es cierto que la decadencia económica y moral que afectaba a España en aquellos momentos, propició la multiplicación del lumpen; sobre todo cuando la riqueza que seguía recibiendo España no repercutía en las clases bajas, ni tampoco en la prosperidad general del país, al contrario que en otros estados europeos. De ella solo se beneficiaba una clase social cuya ostentación y lujo producían un fuerte contraste con la miseria de los bajos estratos sociales. Consecuencia directa de la crisis económica fue la aparición de multitud de pícaros, ladrones y pedigüeños.

España quedó rezagada del resto de naciones europeas en las que se fue imponiendo el avance técnico y la vida burguesa. El desinterés de España hacia estos modelos fue producto de los ideales del Imperio (religión, patriotismo, valor y honor), reforzados por la reacción contrarreformista. Este desdén se manifiesta fundamentalmente en dos formas: la espiritualista, producto de la cual será la literatura mística, y la picaresca, que supone el rechazo de la vida burguesa. Efectivamente, al pícaro le gusta la aventura y es básicamente "nómada", pues no es amigo de permanecer demasiado tiempo en un mismo lugar. Ejemplo de ello encontramos en Rinconete y Cortadillo, pues ambos pícaros escapan de sus casas, uno de ellos -Cortado- porque le aburre la aldea. En el pícaro se manifiesta también el amor al dinero, ese dinero que en grandes cantidades circulaba por España, pero del que se beneficiaban muy pocos. En este personaje se da también un deseo de libertad e independencia que refleja, en cierto modo, el ideal individualista de la época

Angel González Palencia en su obra La España del Siglo de Oro retrata acertadamente al pícaro de esta manera: "... es producto del orgullo nacional, en una clase de gentes no habituadas al trabajo, y que viven de ciertos servicios, y no se avergüenzan de comer la sopa de los conventos. Literariamente es el pícaro, hombre que, sin ser verdaderamente criminal, pertenece al hampa; tiene pocos o ningunos escrúpulos, particularmente en proporcionarse medios de mantenimiento; es humano, buen creyente, aunque pecador; no está habituado en modo alguno al trabajo regular y constante, sino que es perezoso y holgazán; su ocupación normal es la de servir a otro; hurta pero no roba, es astuto, ingenioso e imprevisor y simpático". Sin duda esta detallada descripción encaja con nuestros personajes.

La correlación entre decadencia y literatura picaresca queda demostrada al comprobar que el auge de ésta coincide con aquélla. En este sentido hay autores que consideran El Lazarillo de Tormes una anticipación de la novela picaresca. Lo cierto es que el pícaro es un personaje real en la vida, que cobra interés literario con el Lazarillo y tiene su auge en el siglo XVII con obras de la importancia de Guzmán de Alfarache, seguida de otras como pueden ser El Buscón o Estebanillo González entre un largo etcétera.

La Sevilla de Rinconete y Cortadillo

Sevilla era en esta época el principal puerto de España. Los galeones reales llegaban a esta ciudad procedentes de América con cargamentos de oro y otras riquezas. El comercio exterior estaba también centralizado en el puerto sevillano, donde se encontraba la Inspección Central de Impuestos. Allí se hallaban establecidos comerciantes de muchos países. Debido a todo ello, esta ciudad andaluza era posiblemente en ese momento la más rica de España, de ahí que resultara sumamente apropiada para el hampa. El hervidero de gente que debía ser Sevilla ofrecía muchas posibilidades al pícaro, lo que la convertía en una ciudad atractiva. A este respecto es curioso observar como Rincón y Cortado se dirigen a Sevilla, o como Guzmán de Alfarache parte de Sevilla al igual que Pablo de El Buscón. Se trata de tres ejemplos de la literatura picaresca.

Sevilla era una ciudad cosmopolita por su carácter comercial y -como toda ciudad cosmopolita- caótica en cierto modo. En ella el hampa se podía mover con cierta facilidad. El Compás era el lugar de reunión del hampa sevillana de la época. Otro aspecto de esta Sevilla era la religiosidad, a la que también se alude en la novela que nos ocupa. La doctrina de la Inmaculada Concepción fue acogida en ella con mucho fervor. Así, sabemos que Pedro de Castro, Arzobispo de Sevilla, afectado de este fervor y adoración mariana, ordenaba en 1610 el cierre de los burdeles sevillanos en los días consagrados a la Virgen, al tiempo que recomendaba a las muchachas llamadas María que no trabajasen en ellos. Si bien es cierto que esto ocurría años después de la composición de Rinconete y Cortadillo, no es menos cierto que el ambiente fervoroso ya existía allí, y así lo demuestra un diálogo entre los truhanes en el que uno de ellos manifiesta que "...ni tenemos conversación con mujer que se llame María el día del sábado". Por otra parte hay testimonios de la existencia en Sevilla, ya en aquel tiempo, de cofradías que realizaban procesiones o sacaban pasos con motivo de festividades religiosas. Este fervor sevillano por la Virgen y las procesiones ha sido tan fuerte que se ha prolongado hasta nuestros días.

La detallada ilustración acerca del ambiente sevillano de la época que realiza Cervantes, es probable que se deba a las observaciones llevadas a cabo durante sus repetidas estancias en la ciudad hispalense. No hay que rechazar el que nuestro autor mantuviera relaciones con gentes del hampa, lo que explicaría el conocimiento minucioso que demuestra con respecto a sus formas de actuación.

Los personajes y la sociedad

Rinconete y Cortadillo (F. Coullaut-Valera, 1960). Detalle del monumento a Cervantes en la Plaza de España de Madrid.

En cuanto a los personajes y comenzando por los dos centrales, Rinconete y Cortadillo, hay que señalar que no son sino una repetición del mismo tipo. Ambos han salido de su casa por amor al dinero, pero también vagan con ansias de libertad e independencia. Éstas parecen ser las causas de que abandonen el hogar, en el que, a excepción de Cortadillo, no hay muchos problemas. La miseria, pues, no aparece aquí como la causa de su vagar.

El resto de personajes se muestra más difuso y sólo en Monipodio pueden advertirse rasgos paternalistas. Monipodio es como un padre y como tal se desenvuelve en esta comunidad; es temido, admirado y querido; tiene prestigio y fuerza para resolver las querellas, así como para asumir la representación de toda la cofradía a fin de defenderla y administrarla. En realidad esta "comunidad" tiene la forma de un gremio, asociación que agrupa a los artesanos de un mismo oficio. Efectivamente, la organización gremial era cerrada y solidaria; en ella se daban el reparto proporcional del trabajo y el auxilio a los enfermos y desvalidos. Y se encontraba bajo la advocación de un santo. Ello no es sino un vivo retrato de la "cofradía" de Monipodio.

No se descarta la existencia de auténticas cofradías del hampa en aquella época; una especie de "mafia" del siglo XVII. En cualquier caso, es patente que se cometían robos, asesinatos y venganzas por encargo y, muy posiblemente, ello fuera producto de ese amor al dinero característico del momento. El hampa estaba organizada, y no sólo organizada y con santo patrón, sino que, además, tenía hasta su propio lenguaje: las germanías, jerga utilizada por los rufianes de aquel tiempo.

Cabe destacar el fuerte espíritu religioso de la época del que, no sabemos si con ironía, Cervantes hace partícipes a sus personajes. El sentimiento religioso en España estaba muy acentuado: hay que tener en cuenta que se vivía la Contrarreforma. Tal espíritu se da también en los personajes del hampa de la obra; así, vemos como éstos cumplen "piadosamente" con los preceptos religiosos: rezan el rosario, no roban (es decir, "guardan") los viernes, sienten devoción por las imágenes, dan misas por los difuntos... Esta piedad que muestran los hampones puede que no sea sino un recurso utilizado por Cervantes para satirizar a la alta sociedad, muy preocupada por su imagen exterior pero, en realidad, carente de escrúpulos; un mundo dónde tiene más valor la apariencia que la propia realidad. Posiblemente nos encontremos ante una crítica del autor a las fórmulas y ceremonias vacías que con tanta profusión se daba en aquel tiempo, tal vez como consecuencia de las influencias erasmistas que pueden advertirse en Cervantes.

La sociedad que forman los malhechores es una imagen deformada de la sociedad "respetable"; tiene sus leyes, su código de honor, etc., lo que viene a confirmar que sólo se vivía de acuerdo con la forma externa, máxime si tenemos en cuenta que son las clases más elevadas las que encargan al hampa los trabajos sucios. Valga como ejemplo el caballero que paga a la cofradía por una puñalada de "catorce puntos" a dar a la persona por él señalada. No menos significativo para demostrar la degeneración y corrupción de la época es el caso del alguacil, funcionario de la justicia que a cambio de dinero hace la vista gorda a las actividades de los delincuentes.

En conclusión, podemos afirmar que el pícaro es un personaje que encuentra un caldo de cultivo muy apropiado para su proliferación en la España de fines del siglo XVI y todo el XVII, en los que la decadencia moral y económica, unida al espíritu contrarreformista, producen una sociedad muy preocupada por la forma exterior y el espiritualismo pero que en la práctica muestra un crudo materialismo.

La ejemplaridad de la novela, por otra parte tan puesta en duda, podría encontrarse en este sentido, y se resumiría en el famoso refrán de "a Dios rogando y con el mazo dando".

El licenciado Vidriera

El licenciado Vidriera



"El licenciado Vidriera" es uno de los relatos que componen las Novelas ejemplares de Miguel de Cervantes Saavedra, publicadas originalmente en 1613 por Juan de la Cuesta. Se suele clasificar entre las novelas de corte realista, centrada en la descripción de personajes y situaciones verosímiles y descritas con una técnica realista.


Argumento

El estudiante Tomás Rodaja marcha a Salamanca a estudiar acompañando de un noble y allí se licencia con honores; viaja por diversas ciudades de Italia, pero pierde la razón a causa de un tumor cerebral de amor que le han suministrado en secreto y cree tener el cuerpo de vidrio y ser sumamente frágil, por lo que se obsesiona con la idea de romperse en mil pedazos. Sin embargo, su agudeza es sorprendente y todos le consultan a modo de consejero. Finalmente recobra el juicio, pero ya nadie le contrata ni va a verle.

Crítica

Utilizando su breve argumento como marco, "El licenciado Vidriera" es una colección de aforismos y enseñanzas útiles y morales, muy similar a las misceláneas tan comunes en el Siglo de Oro, como la Silva de varia lección de Pero Mexía o el Jardín de flores curiosas de Antonio de Torquemada, por ejemplo.

Por su planteamiento argumental, "El licenciado Vidriera" tiene algunas semejanzas con respecto al Quijote: el personaje principal es un hombre discreto e inteligente, que a causa de una desaforada lectura pierde el seso y se convierte en un monomaníaco: en el caso de Don Quijote, se convence de ser un caballero andante; en el caso del licenciado, cree haberse convertido en cristal. Sin embargo, en la la "novela ejemplar" la locura del personaje no es más que una excusa, apenas desarrollada, para la presentación de enseñanzas generales, mientras que la de don Quijote se desarrolla y se presenta con infinidad de matices a lo largo de la obra.