CUENTOS EMPOLVADOS: UN NINJA EN LA CORTE
(con ilustraciones de la autora jeje)
Este cuento lo escribí hace tiempo, pero ayer por algún motivo estuve pensando mucho en él, así que para quienes no lo han leído, espero les guste xoxo, Eliz

Autor: Elizabeth Segoviano
TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS
SEP-INDAUTOR registro público 03-2011-101711562800-14
Desde tiempos milenarios había sido estricta tradición en la familia Wu Lo-Kuaz que todos sus miembros,
sin excepción alguna, se convirtieran en Ninjas. Por lo que desde la
tatara tatara recontra tatara abuelita Wu Lo-Kuaz hasta el último tatara
archirecontra tatara tatara etcétera nieto Wu Lo-Kuaz eran los más
hábiles, expertos, distinguidos, capaces, ágiles, arteros y respetados
Ninjas de todo el mundo.

Grandes
emperadores, reyes, y gobernantes de muchos países en diferentes épocas
habían recurrido a la astucia y fortaleza de la familia Wu Lo-Kuaz para
resolver conflictos, atrapar malandrines, y, en muchos casos, impartir
justicia.
Sin embargo al pequeño Haro Wu Lo-Kuaz no le entusiasmaba mucho la idea de ser
un
Ninja, si bien tenía el talento y la habilidad para ser uno de los
mejores, a Haro Wu Lo-Kuaz le molestaba que toda situación era resuelta
con las secretas combinaciones de golpes de garra de dragón furioso o la
refinada técnica de tigre asustadizo mezclada con una que otra patada
de conejo rebuscón; por ejemplo, si alguien no quería comer sus
vegetales llegaba a toda prisa la tatara tatara abuelita enfundada en su
traje negro con todo y sable en el cinturón y a base de la técnica del
panda frenético le obligaba a terminarse el brócoli, las zanahorias,
guisantes o lo que fuera, y lo mismo sucedía si por error a Haro se le
olvidaba tallarse detrás de las orejas o recoger su recámara ... no
importaba la situación, que esto y que el otro ¡zas! Todos los días
parecían ser sacados de las mejores y más increíbles películas de
Ninjas. Incluso los vecinos estaban atemorizados, porque si hacían algo
que molestara a la familia Lo-Kuaz de inmediato dejaban mostrar su
perfeccionada técnica de gritos de mono aullador rockero, con los cuales
aturdían y enmudecían a toda la calle.
Fue entonces que el pequeño Haro Wu
Lo-Kuaz pensó que no quería ser un Ninja y que había mejores formas de
resolver los problemas, así que desde ése momento Haro decidió que
quería convertirse en abogado y luchar por la justicia y defender a los
inocentes de una forma mucho más civilizada.
Sin
embargo, Haro sabía que sus parientes no estarían de acuerdo conque
abandonara la larga tradición familiar; así que pensando y repensando el
asunto, se le ocurrió que su querida familia no tenía porqué enterarse
de sus planes, después de todo, un verdadero Ninja sabe guardar mejor
que nadie cualquier tipo de secreto, y, si quería tener éxito en su
misión debía aplicar todos los conocimientos que tenía.
Así
que llegado el momento en que nuestro amigo debía entrar a la escuela
de leyes ... ¡nadie se enteró! Sus largos años de entrenamiento habían
rendido fruto y era tanto o más sigiloso que la sombra
de un mimo, sus rápidos movimentos para esquivar el vigilante ojo de su
tatara tatara abuelita casi eran súpersónicos, y, enfundado en su
ajustado traje negro podía trepar por las paredes mejor que cualquier
gato de azotea.
Así
pasó el tiempo y nadie, absolutamente nadie sabía su enorme secreto,
pues toda la familia suponía que pasaba largas horas entrenando, ya que
sus técnicas mejoraban notablemente día con día, hecho que era de
esperarse ¡porque escapar de la tatara tatara abuelita no era cosa
fácil! Luego de mucho tiempo y dedicación Haro Wu Lo-kuaz por fin estaba
apunto de graduarse ¡y con los máximos honores! En la facultad era muy
reconocido por los maestros, motivo por el cual fue recomendado para
trabajar en la corte. Como podrán imaginar, Haro estaba que no cabía en
sí de gusto ... sólo que hubiera querido poder compartir su alegría con
toda su familia ...
La
mañana en que Haro iba a tener su primer caso salió muy temprano, algo
nervioso pero muy contento, vistiendo un elegante traje a rayas y
corbata, un distinguido sombrero y su brillante portafolios metálico con
cerradura de combinación. Al llegar al inmenso edificio de fachada
gótica y enormes salones que hacían eco, el corazón de Haro comenzó a
latir cada vez más rápido, y cuando finalmente sonó la campanilla del
elevador nuestro amigo encontró una gran oficina en cuya moderna puerta
de cristal se podía leer “Licenciado Haro Wu Lo-kuaz, abogado defensor”.
Nuestro muchacho comenzaba a creer que todo era un sueño y que en
cualquier segundo
despertaría, pero en ése preciso momento la dulce y melodiosa voz de su
jefa, la señorita Shin-Shin Jua-netes lo sacó de su asombro
entregándole el archivo de su primer caso.
De
inmediato Haro puso manos a la obra y comenzó a leer el expediente que
decía así: “caso número cinco millones trescientos setenta y siete mil
quinientos doce, el estado contra Nana Wu Lo-Kuaz T´a senil”.
Cuando
Haro leyó aquel nombre no pudo menos que quedarse helado, petrificado,
aterrado, inmovilizado, esponjado y con los pelos de punta, pues resulta
que Nana Wu Lo-Kuaz T´a senil ¡era nada más y nada menos que su tatara
tatara abuelita!
- ¡por el sable de mi abuela! -gritó el muchacho asustando a la señorita Shin-Shin Jua-netes–
- ¿Pero que te sucede chico?
- ¿D... d... de... de qué se le acusa a la señora?
- Hmmm
–decía la señorita mientras recogía el expediente del piso –no es algo
demasiado grave ... aunque tampoco se debe tomar a la ligera, resulta
que la señora Lo-Kuaz T´a senil ha sido acusada por el mismísimo alcalde
de la ciudad porque ella lo agredió cuando él paseaba a su perrito
tranquilamente por la calle.
- Y ... que .. que que que... ¿qué le hizo ella al alcalde?
- Hmmm
... de acuerdo con esto la señora Lo-kuaz T´a Senil le brincó encima al
alcalde, le arrancó de un tirón el peluquín y le embadurnó la cabeza
con un trozo de césped, le hizo calzón chino y le pegó el peluquín al
perro en el trasero. Por todo esto se le acusa con el cargo de encuentro
cercano del tercer tipo en segundo grado con agravantes ... alcanza la
fianza pero la señora se negó a pagarla, pues clama que es inocente...
un momento ... Wu Lo-Kuaz ... ¿qué ese no es tu apellido chico?
- P... p... pues sí.. verá señorita...
- ¡No se diga más! ¡qué suerte! Me alegro mucho ¡que hubiera dado yo porque en mi primer caso mi familia estuviera conmigo!
- ¿Aunque fuera la acusada? –interrumpió Haro–
- Hmmm ... detalles, detalles
- ¿Que sea mi abuelita no es un conflicto?
- ¿Conflicto?
Hmmm ... detalles, detalles ¿acaso la justicia no es ciega? Justicia es
justicia sea tu abuela o no, así que la vas a defender.
Cuando
Haro entró al gran salón de la corte apenas y podía respirar y
definitivamente no podía dejar de temblar, sobre todo cuando el juez
llamó a la acusada a tomar asiento en el estrado.
La enorme puerta de madera se abrió, y entraron
la acusada y el acusador aún discutiendo mientras dos inmensos guardias
intentaban contener y esquivar los certeros golpes de tuzo marrullero
que la abuelita quería propinarle al alcalde.
- ¡Orden en la corte! –gritó el juez– ¡que se siente la acusada!
En
el momento en que por fin la abuelita tomó su lugar notó que el abogado
que había contratado vía telefónica su familia ¡era nada más y nada
menos que su nietecito! Por lo que de inmediato Haro comenzó a hablar
con ella con el ultrasecreto lenguaje de señas de los Ninjas ... que
para cualquiera de nosotros podría parecer una mala imitación de un pez
que había azotado en el piso luego de dar un mal salto en la pecera.
Así
Haro se enteró de lo que en realidad había ocurrido y recordando que
ante todo, y después de todo, era un Ninja, volvió a tomar valor,
respiró profundo, dejó de temblar y comezó el juicio. Aunque no era nada
sencillo mantener quieta a la abuelita, porque cada vez que hablaba el
alcalde ella se levantaba de un brinco del asiento y trepando por las
paredes como araña psicótica intentaba propinarle su combinación de
patadas de conejo rebuscón, por lo que, en más de una ocasión, Haro tuvo
que seguirle el paso con sus volteretas de lemur hiperactivo mientras
le decía que había otras formas de impartir orden y justicia y que él se
encargaría de aclarar el asunto. Pero para el jurado y las personas que
presenciaban el juicio era todo un espectáculo ver a esos dos
magníficos Ninjas en acción, incluso al juez se le olvidaba por ratos en donde estaba y animaba a la abuelita Lo Kuaz T´a senil a perseguir al alcalde.
Una vez calmados los ánimos el abogado acusador presentó al jurado varias pruebas.
- ¡Prueba
número uno! –se escuchaba– el peluquín que un veterinario tuvo que
extraer al perrito del alcalde, ¡prueba número dos! ¡El perrito con todo
y su trasero enrojecido por el brutal ataque de una ancianita loca!
- ¡objeción!
–gritó Haro– el abogado insulta a mi cliente ... ¡la abuelita no está
loca y lo voy a probar! ¡Llamo al señor alcalde al estrado! ¿no es
cierto señor alcalde que usted paseaba a su perrito fuera de los límites
del parque?
- Pues sí, pero éso no es un crimen, el perrito tenía su correa.
- Cierto
–decía Haro– sin embargo si es un crimen que usted dejara que su
perrito hiciera sus “gracias” sobre el césped de la casa de la abuelita
¡y que usted ni siquiera limpiara las cochinadas de su animal!
- Bueno ... bueno –decía el alcalde– quizá tenga razón ¡pero la señora me atacó!
- ¡Arrancarle la cabeza! –gritaba la abuelita– ¡eso debí hacer, pero sólo intentaba educar a su perro!
- ¡Orden
en la corte! –gritó el juez– no necesito escuchar más ... el abogado
Lo-Kuaz tiene razón, el alcalde deberá pagar a la abuelita el césped
dañado y no podrá pasear a su perro a menos de ciento cincuenta metros
de distancia de la abuelita... sin embargo, el alcalde también tiene
razón, la abuelita no debió saltarle encima ni arrancarle el peluquín
... la abuelita deberá pagar el peluquín y comprarle al perro una pomada
para su trasero ¡Y AMBOS DEBERÁN DISCULPARSE! ¡CASO CERRADO!
El jurado, el alcalde, la abuelita, el abogado
acusador, la señorita Shin-Shin Jua-netes, los guardias y la familia
entera de Haro Wu Lo-Kuaz estaban aplaudiendo la solución del juez y
vitoreando a Haro que se había convertido en todo un abogado, y lo mejor
de todo era que su familia estaba feliz y orgullosa de él, porque
después de todo ¿quién dice que no puede haber un Ninja en la corte?
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