EL SOLDADO Y LA MAGA CUENTA CUENTOS
- ¡Que bien que se está aquí! ¿verdad?, dijo la Maga Cuenta Cuentos tendida en una verde colina.
- Shiiiii, se está genial..., dijo en un suspiro de plenitud, estirándose todo y con una gran sonrisa.
- ¿Sabes qué? —Le preguntó la Maga— Podríamos contar un cuento ahora mismo...
- Si, si, si...— la interrumpió el Soldado— Podríamos contar
mis batallas con los caracóles del mar, o mis guerras con los mosquitos
del Sáhara, o mis carreras con los canguros de Australia...
- Pero —empezó a decir la Maga Cuenta-Cuentos— A mi no me gustan las guerras, mis cuentos son fantásticos..
- ¿Y... si de todas formas lo intentamos? —le preguntó amorosamente para convencerla— Bueno yo empiezo, mira:
Lo que el Soldado escuchaba no era solamente el mosquito. También venía volando una alfombra, con una señora encima, tocada de un gran sombrero lleno de estrellas, que en la oscuridad brillaban como si fueran las del cielo. No era ni más ni menos que La Maga Cuenta-Cuentos. Al llegar a la palmera ve un gerrero con su espada desenvainada, y le dice:
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Cuando el mosquito se marchó, el tul se guardó solo, como aspirado, en el sombrero.
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El Soldado se liberó del cinturon y las gafas, y saltó a tierra firme.
- Ahora Maga, me toca a mi: Elige el canguro que más te guste.
La Maga entornó los ojos y señaló sonrientemente el canguro que más le gustaba. El Soldado se aproximó al canguro, le dijo un secreto en la oreja y junto con otro —que se parecía muchísimo al que señaló la Maga— se acercó a ella diciéndole:
- Ahora Maga, vamos a hacer una carrera muy divertida, pero tu no
tienes que hacer ninguna trampa utilizando tus poderes mágicos. La
carrera conciste en llegar hasta la meta final, sin caerse. Si te caes,
hay que lograr subir nuevamente al canguro y ¡ala... hasta la meta! ¿Qué
te parece?
- ¡Qué divertido! Pero ¿de verdad no puedo usar ningun truquito?, preguntó a ver si cambiaba de idea.
- No, no, me tienes que dar tu palabra de Maga que no lo harás.
- Te doy mi palabra de Maga que no haré ninguna trampa, ni mágica ni no mágica.
El Soldado le propuso a la Maga que cuando su pañuelo cayera al suelo sería la partida. Así que cuando llegó a la tierra, los canguros emprendieron a saltos su carrera hasta el final. La Maga no tenía experiencia en esto, y tampoco podía usar sus artes mágicos de modo que se caía muchas veces. Afortunadamente sabía correr bastante bien, pero con todo lo que corrió, lo que se cayó, llegó mucho después que el otro corredor y bastante agotada también. El Soldado la consoló diciéndole que la primera vez que el lo había hecho también le pasó lo que a ella. Como la Maga quería aprender, estuvieron corriéndo muchas carreras hasta que finalmente lo logró.
- Oye, Soldado que divertido, me gusta mucho saber cangurear, gracias a ti hoy lo sé.
- ¿Has visto Maga que sí podemos contar cuentos?, le dijo el Soldado sentado al lado de la Maga.
- Si, es muy divertido también, pero ahora me tengo que ir porque tengo una clase de carrera de canguros con obstáculos.
- ¡Uy Maga! ¿Tanto has aprendido ya?, ¿puedo yo tomar clases contigo?, le preguntaba el Soldado.
- Es que las clases son en la Escuela de Magas, Soldado... allí
solo pueden entrar bueno... ya sabes, Maguitas como yo... Pero cuando lo
aprenda te enseño, ¿si?
- Si, ¿me lo prometes?
¡Palabra de Maga!
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