Cuenta la leyenda que en un poblado indio, hace mucho, muchísimo tiempo, un grupo de guerreros de la tribu de Klasuks capturó a un joven de una tribu vecina, la tribu de Kamakok. Ambas tribus llevaban muchos años peleando sin parar.
Los guerreros decidieron perdonarle la vida al joven prisionero, con la
condición de que jamás abandonara el poblado. Constantemente vigilaban
sus movimientos para impedir que escapase y volviese con su tribu.
Una calurosa tarde de verano apareció en el poblado un cazador gritando:
- Oídme, guerreros de la tribu Klasuks.
En el bosque he descubierto un impresionante y extraño pájaro cuyas
plumas están cubiertas de cuentas brillantes y piedras preciosas. He
intentado cazarlo, pero no puedo y necesito vuestra ayuda.
Rápidamente, los guerreros más jóvenes de la tribu cogieron sus arcos para salir a cazar la misteriosa ave.

El cazador les guió por el bosque y, efectivamente, no
tardaron en divisarla. Se quedaron atónitos al ver sus alas y su cuerpo
cubierto de cuentas y piedras preciosas que brillaban majestuosamente a
la luz del sol.
El Jefe de la tribu estaba impresionado y deseaba tanto poseer el pájaro que les dijo a los jóvenes guerreros:
- Prometo que aquel que me traiga el pájaro, vivo o muerto, se casará con mi única hija.
Al oír esto, todos tensaron sus arcos y comenzaron a
disparar. Eran tantas las flechas que, por un momento, el cielo parecía
oscurecer. Pero, a pesar de ello, casi ninguna flecha
lograba alcanzar al pájaro, y, si alguna lo hacía, las plumas que se
caían eran inmediatamente reemplazadas por otras nuevas igual de
brillantes y adornadas con piedras preciosas como las anteriores.
A pesar de que durante mucho tiempo los jóvenes guerreros de la tribu de Klasuks intentaron cazar al pájaro de Charekam, finalmente no lo consiguieron y volvieron a la aldea tristes y cabizbajos.
Entonces, el joven de la tribu de Kamakok, al que no le estaba permitido salir de la aldea, le dijo al Gran Jefe:
- ¿Por qué no dejas que yo intente capturar el pájaro de Charekam?
Los
otros guerreros comenzaron a gritar para oponerse a la idea. El Gran
Jefe les tranquilizó diciéndoles que no tenían nada que temer porque si
ellos, que eran unos bravos guerreros, no lo habían conseguido, ¿cómo
iba ese pobre muchacho a lograr cazar el ave? Se quedaron entonces más
convencidos y permitieron que el muchacho lo intentara.
El joven Kamakok partió solo hacia el interior del
bosque y no tardó en encontrar al pájaro de Charekam. Se quedó muy
impresionado al verlo. Entonces, rápidamente, cogió su arco, lo tensó fuertemente
y disparó una flecha con precisión. Alcanzó el corazón del animal y su
cuerpo de preciosas piedras cayó fulminado al suelo.
El muchacho volvió a la aldea y entregó el pájaro al Gran
Jefe de la tribu. Éste logró enriquecerse gracias a sus plumas
maravillosas. Y tal como había prometido, entregó a su hija para que se
casara con el joven guerrero.
Así, el gran pájaro de Charekam trajo fortuna y sobre todo
paz a las dos tribus que habían sido enemigas. Durante mucho tiempo,
vivieron todos muy felices y jamás volvieron a hacer la guerra. |
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