El hipopótamo valiente y sus amigos
Todos eran muy
buenos amigos, jugaban y se divertían juntos. Los tres eran muy
amigables y conocían a todos los animales del bosque.
Un día a Bob se le ocurrió ir a jugar al castillo del Rey León; Tom y Laila no querían ir, pero Bob insistió y los convenció.
Al llegar a los
jardines empezaron a jugar, pero como Bob era muy muy pesado, comenzó a
dejar huellas en el pasto. Al dar su recorrido, los guardias se dieron
cuenta de las pisadas y empezaron a seguirlas.
Bob y sus amigos
no se dieron cuenta de que los guardias los venían siguiendo pues
estaban muy entretenidos en sus juegos. Al verlos dieron un grito enorme
y empezaron a correr, y en esa gran persecución que destruyó más los
jardines del rey, Bob escapó. Sus amiguitos no corrieron con la misma
suerte, por lo que Laila y Tom fueron capturados y llevados ante el rey.
Bob corrió y
corrió muy asustado, y cuando por fin se detuvo se dio cuenta de que sus
amigos no estaban, que los habían capturado los guardias.
Bob trató de
tranquilizarse primero y luego se puso a pensar cómo podía rescatar a
sus amigos. Se armó de valor y decidió ir al castillo a hablar con el
rey León.
Una vez en presencia del Rey, las patas le temblaban ya que él rugía mucho y esto le hacía pensar que estaba muy enojado.
Una vez en presencia del Rey, las patas le temblaban ya que él rugía mucho y esto le hacía pensar que estaba muy enojado.
-¿Quién eres?
Y el pequeño hipopótamo contestó:
-Soy Bob, el hipopótamo, y me encuentro aquí porque mis amigos y yo venimos a jugar a su jardín sin su permiso. Laila y Tom me dijeron que no era buena idea ya que no le habíamos avisado con anticipación, pero yo los convencí, les dije que no se iba a dar cuenta y no fue así. Sus guardias los capturaron y yo estoy muy preocupado por mis amigos, le pido nos perdone y nos deje ir a nuestras casas, ya que pronto va ha oscurecer y nuestras mamás se van a preocupar-.
Y el pequeño hipopótamo contestó:
-Soy Bob, el hipopótamo, y me encuentro aquí porque mis amigos y yo venimos a jugar a su jardín sin su permiso. Laila y Tom me dijeron que no era buena idea ya que no le habíamos avisado con anticipación, pero yo los convencí, les dije que no se iba a dar cuenta y no fue así. Sus guardias los capturaron y yo estoy muy preocupado por mis amigos, le pido nos perdone y nos deje ir a nuestras casas, ya que pronto va ha oscurecer y nuestras mamás se van a preocupar-.
El rey León se quedó muy serio, con la cara muy enojada, y enseguida le contestó:
-¡Lo que
hicieron estuvo muy mal, nunca se debe de entrar a una casa ajena sin
pedir permiso, y menos alejarse de casa sin que lo sepan sus padres!
Creo que tus amigos deben pagar por eso.
Entonces Bob, muy asustado, le dijo al rey que él repararía el
jardín. Éste último aceptó, y Bob de inmediato comenzó a trabajar.
Al terminar le enseñó al rey cómo había quedado el jardín, y sólo así mandó a traer a sus dos amigos.
Ya
estando los tres frente al imponente León, éste les dijo que los
perdonaba sólo porque Bob había sido muy valiente al regresar al
palacio.
Bob y sus
amigos se fueron felices y prometieron jamás volver a entrar a casas
ajenas sin permiso; pero sobre todo, nunca más alejarse de su casa sin
el consentimiento de sus mamás.
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