El submalibro
Me habían contado que en un lugar muy lejano existía una isla
llamada Isla literaria, la cual formaba parte del archipiélago de las
letras y que , el mar que bañaba sus costas, era denominado Mar de
lectura. Se decía que era un mar excepcional y único en el planeta, por
el cual los libros navegaban ,cual barquitos de papel, sobre
encrespadas olas gigantes vestidas con espuma de palabras, versos,
metáforas, cuentos, colmos, coplas, prosas, rimas, ensayos,
adivinanzas...
Mientras oía esta tan maravillosa idea , sentí deseos de viajar hacia
ese mágico lugar y tener la oportunidad de conocer y disfrutar de los
textos que encerraban esos libros flotantes. Así fue que con mucha
ilusión y ansiedad, al día siguiente de conocer esta increíble novedad,
llamé por teléfono para realizar la reserva del pasaje en algún
transatlántico, cuyo itinerario incluyera el paseo por dicha zona. El
encargado de la oficina comercial de ventas , me recomendó el Crucero
Byblos el cual, como parte de las actividades recreativas y culturales,
ofrecía una promoción de recorrido subacuático para ver el submalibro,
exótica nave submarina , dotada, entre otras cosas, de una gran
biblioteca virtual, de amplio contenido artístico y literario, que
navegaba sumergida entre cardúmenes de letras fluorescentes, plateadas,
doradas, cual peces coloridos y movedizos, nadando hacia las
profundidades del océano, quizás en busca de nuevas historias para
contar.
Esta maravillosa propuesta ,colmó mi alma de grandes expectativas e ilusiones.
Al
cabo de una semana, ya estaba preparando las valijas, sin olvidar mi
par de gafas para sol y el de lectura. En el puerto de la ciudad, al
llegar, pude divisar el gigantesco buque, mientras oía por el altavoz,
las diferentes dársenas para realizar el pre-embarque. A mí me
correspondía ingresar por el Pasaje Jorge Luis Borges, pero había otros
pasajes con nombres de escritores, a saber: Julio Cortázar, Manuel
Mujica Láinez, Adolfo Bioy Casares, Alfonsina Storni, Victoria Ocampo,
Pablo Neruda, Gustavo Adolfo Bécquer, Gabriela Mistral, Allan Poe,
Ernesto Sábato,Gabriel García Márquez...
A
escasos segundos de subir a bordo, me sentí inundada de una emoción
indescriptible que me recorría todo el cuerpo, cual marea de sensaciones
incontrolables y placenteras. Teniendo en cuenta las palabras de la
escritora Ana María Shua en una entrevista a la que tuve el placer de
asistir- "Para ser un buen escritor, primero se debe ser un gran
lector", estaba segura de que esta experiencia abarcaría ,en tan sólo
cinco días, innumerables aventuras de lectura y goce estético, reunidas
en racimos de palabras ,envueltas en celofanes etéreos , cual bruma en
el mar que se impregna a través de nuestras retinas antes de que el
viento la lleve más allá del horizonte.
Seguramente, regresaría enriquecida con las perlas de aquel tesoro
literario y la especial compañía de las musas inspiradoras de las que se
habla a menudo en el ambiente cultural de los poetas.
Sobre
cubierta, se hallaba el café literario, en cuyas mesas descansaban con
avidez de ser leídos, algunos libros de la literatura clásica, entre
ellos: Madame Bovary, Cuentos, de Chejov, Hamlet, El gran Gatsby,
Ulises, La odisea, etc, etc.
Como
a mí me gustan las novelas de amor, elegí Cumbres Borrascosas, de Emily
Brontë, la cual ya había disfrutado en los años de mi juventud , con
tanto placer y emotividad que bien valía la pena releerla, sobretodo en
ese marco, rodeada por el océano y un cielo totalmente
estrellado, fúlgido, alucinante. A medida que avanzaba en los capítulos
de la historia arrebatadora y romántica , de odio, locura, venganza ,
amor, muerte, de Heathcliff y Catherine, iba recordando el sorpresivo
final y, una vez concluida la lectura ,me retiré a mi camarote a
descansar hasta que, las primeras luces del alba, anunciaron la salida
del sol a través del ojo de buey de mi recámara.
El desayuno fue algo increíble. Cada bandeja con el servicio incluía
servilletas con los versos de Pablo Neruda y Gustavo Adolfo Bécquer,
saquitos de azúcar con frases célebres de escritores y filósofos y,
además, sobres de diferentes colores que en su interior, guardaban
textos de prólogos de las mejores obras de la literatura universal. Aún
guardo el sobre de azúcar con las palabras de Jean Paul Sartre : " No se
es escritor por haber elegido decir ciertas cosas, sino por la forma en
que se digan".
Todo era para el deleite de quienes compartíamos ese maravilloso mundo
de las letras, sólo que ,hasta el momento, no había podido vislumbrar
textos del género infantil, lo cual me sorprendió , especialmente
teniendo en cuenta que escribo para niños. Al preguntarle al camarero,
al respecto, me informó que todo el mundo literario infantil se hallaba
en el submalibro, ya que El pez de platino fino, fino ,de María Elena
Walsh era el capitán del buque sumergible y había ordenado que todo lo
relacionado a dicho género, se dispusiera en el sector subacuático,
junto al pez Nemo, la ballena de Pinocho, la Sirenita, el "delfín que
toca el violín " , y todos los personajes de los cuentos,canciones,
poesías y colmos que los grandes escritores idearon para los más
pequeños.
Eso sí, para arribar al submalibro, se debía descender del crucero con
el bote y viajar a través de un sendero de caracoles que era dirigido
por un buzo con traje de pirata realizado en neoprene, que llevaba una
súper linterna con rayos láser que adormecía a los tiburones , por si
acaso , y nos transportaba con equipo de oxígeno por arrecifes de
coral, hasta abordar el ascensor mágico que, no era nada más ,ni nada
menos, que un pulpo, quien con sus tentáculos podía hacer ascender y
descender a más de una persona a la vez. Todo aquello formaba parte de
la fantasía de un gran cuento infantil y se podía disfrutar al máximo
sintiendo la adrenalina a flor de piel.
El buque sumergido parecía una gran ballena colorida que se
desplazaba deslizándose siempre en dirección al norte, espantando a los
peces que al verla ,nadaban temerosos y a gran velocidad, en sentido
contrario, como era de imaginar.
El
periscopio, ojo de la nave submarina , era una ostra con lente especial
, capaz de detectar el panorama de navegación en toda la zona marina,
pero al ser un submarino infantil, lo denominaron infantoscopio. Su
misión era controlar la circulación de todos los libros, en especial de
aquellos que solían ser más lentos en cuanto al ritmo de navegación,
debido a su gran peso, como ser las novelas, tomos de enciclopedias,
grandes colecciones de la historia universal...
Al
ingresar a la biblioteca virtual, una "flaca sirena, buena, buena", me
entregó un plano de orientación,en el que se podían ver todos los
sectores bien determinados , enumerados y diferenciados por nombres que
pertenecían a alguna u otra especie de peces marinos, moluscos,
mariscos.
Yo
deseaba leer historias virtuales de terror marino, con el fin de
interiorizarme en la técnica de animación en cuanto a monstruos, en 3 D,
en el fondo del mar. No suelo escribir este tipo de cuentos y sería mi
próximo desafío, con intención de publicarlo cuanto antes,así que busqué
en el plano y descubrí un amplio sector de historias de ese estilo, lo
cual me dio cierta inquietud y nerviosismo.
Siguiendo con el recorrido, plano en mano, fui en busca de los sectores
de autores argentinos , los cuales figuraban representados con
fotografías de calamar, cangrejo, langostino, camarones.
En el sector denominado Cangrejo, se hallaban los libros de cuentos
infantiles de Ricardo Mariño, en Calamar, los cuentos de Silvia Shujer,
entre ellos , El elefante y el mar.
Además, en otro sector hallé: Un cuento del mar, de Alejandro&
Sebastián García Shnetzer, A la orilla de la mar, de Rafael Peralta
Romero, y muchos otros más, aunque debo confesar que, tratándose de
aguas saladas, nada más simpático y divertido que la rima que descubrí
en el stand Camarones, de la inolvidable autora argentina María Elena
Walsh, que dice así:
En el fondo del mar una tonina,
con vestido de cola y capelina.
¿Qué creen que le pasa ? Nada. Se queda en casa,
solita y aburrida ,en la cocina.
De pronto, cuando estaba por comenzar a leer otra de las Rimas con
sonrisas,comenzó a sonar una alarma estruendosa, y todos nos asustamos
por no saber lo que podía estar sucediendo, hasta que el capitán Pez de
platino dijo:
-¡ Una tortuga a estribor, una tortuga a estribor!
La
gente comenzó a formar fila para ver por el infantoscopio a la tortuga y
, como yo estaba muy cerca de aquel instrumento de observación, me
ubiqué en quinto lugar, detrás de una señora que llevaba capelina en su
cabeza, impidiendo la vista desde atrás, pero cuando me tocó el turno,
con inmensa emoción descubrí , a través del visor, que la tortuga era,
nada más , ni nada menos que Manuelita regresando de París, con sus
arrugas bien planchadas y estiradas, feliz, muy feliz. Al verla,
confieso que sentí tal emoción , que me temblaron las piernas y no pude
dejar de lagrimear. Era el personaje más querido de toda la obra de
María Elena Walsh, el que me había acompañado desde niña y ahora estaba
frente a mis ojos, claro que pasó tan rápido delante de la lente que, a
los pocos segundos, no pude divisarla más.
De todos modos, me sentía muy recompensada por tal sorpresiva
aparición. Nunca hubiera imaginado ver a la protagonista de la canción
más hermosa y famosa del mundo literario infantil y, mucho menos, ser
testigo de una de las escenas de su increíble historia.
Recuperada
de la emotiva situación, me acerqué al sector Mejillones, para ver
cuentos de brujas y fantasmas, con imágenes realizadas con técnica
holográfica, tridimensionales, para las cuales se utilizan rayos láser
y, al verlas, confieso que parecían salirse de sus límites, como si
entraran y salieran de sí mismas. Era algo espectacular y asombroso. Me
detuve por varios minutos ante aquella maravillosa expresión artística
del universo holográfico. Las brujas pasaban tan cerca mío que sentía
que, de un momento a otro, me atropellarían con sus vehículos voladores y
, hasta podía oír el zumbido de sus escobas, en sus paseos
vertiginosos, rasantes y audaces. No fue así con los fantasmas, ya que
estaban dormidos, pues la iluminación rojiza de la cabina del submalibro
les dificultaba la visión, acostumbrados a viajar en la oscuridad más
intensa y tenebrosa. Así fue que continué recorriendo los sectores ,
descubriendo infinidad de poemas, poesías, cuentos virtuales...hasta
que el ayudante del Pez de platino, fino, fino, el Feo cangrejo, viejo,
viejo , que se mira el perfil al espejo, anunció que debíamos abordar el
ascensor de ocho brazos para dirigirnos a la superficie, si deseábamos
ver la competencia de libros flotantes que estaba a punto de comenzar.
La flaca sirena buena, buena se despidió de todos los visitantes y nos
obsequió de recuerdo de nuestro paso por allí, una fotografía digital
con la imagen de Manuelita navegando frente al submalibro, saludando con
su patita y sonriendo feliz a la cámara.
Al
ratito nomás, cuando ya estaba nuevamente sobre cubierta, catalejo en
mano, presencié la más innovadora, colorida y majestuosa competencia
náutica de libros que comenzaba a desarrollarse en el Mar de lectura.
Nada será igual, ni podrá superar la excelente idea de organizar una
carrera marítima de tal envergadura.
Los participantes se esforzaban por navegar, contra viento y marea y
, en su afán desmesurado de ganar, arremetían contra las olas que
golpeaban sobre proa pues, cada obra impresa, era un barco de papel
encuadernado flotando en el mar, cual buque de la flota más completa de
la historia de la navegación de ultramar. Lo más espectacular de todo
aquello, era que en el vaivén que producía el oleaje sobre las hojas, se
desprendían los versos y textos de las páginas, dispersándose sobre la
espuma de mar y ,desde lejos , se podían leer, hasta verlos mezclarse
con la bruma y viajar rumbo al horizonte, cual vuelo mágico de gaviotas
que pintan versos en el cielo del atardecer.
Ese ha sido, sin dudas, el mejor premio, el mayor logro al que pueda
aspirar un autor, transformar su obra en la metáfora volátil más
significativa de la historia, capaz de navegar por un mar de lectura
donde las palabras flotan hasta transformar el aire en un abrazo de
versos creando puentes de poesía entre el cielo y el mar.
Nada
será igual , después de vivir tal experiencia de lectura y, pase lo que
pase, jamás olvidaré mi paseo en el crucero Byblos, donde además de
disfrutar y deslumbrarme con las perlas de todo aquel tesoro literario,
me di el gusto de ver a la tortuga Manuelita regresando de París, aunque
..."Tantos años tardó en cruzar el mar, que allí se volvió a
arrugar..."
FIN
Claudia Betriz Felippo
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