miércoles, 6 de febrero de 2013

La subida de los Elfos

La nascita degli Elfi

Fiaba di origine islandese

La subida de los Elfos
Cuento de origen islandés
Un día, el buen Dios, disfrazado de viajeros, llamó a la puerta de una pequeña casa y pidió refugio. Fue aceptada y se le ofreció incluso la cama, el que tenía. Era una gran familia y los padres eran tan pobres que no tenían ninguna razón para vestir a sus hijos. Padre y madre se avergonzaban de él y se presentó al extranjero sólo la mitad de sus hijos. Dios nos parecieron amables y le preguntó a su madre si había otros además de ellos. La mujer dijo que no. Por supuesto, el buen Señor sabía que no tenía otros hijos y le preguntó: "Mi buena mujer, que realmente hizo que todos sus hijos". "Por supuesto - la mujer mintió sonriendo-¿No soy suficiente?". Dios estaba satisfecho con esta respuesta, y se sentó a la mesa para cenar con sus padres y la mitad de sus hijos. Señaló que la familia era muy piadosa y dio las gracias al Señor por los alimentos y, aunque fue suficiente para ellos, compartieron con el desconocido. Dios tomó nota con satisfacción de que todos los niños estaban en el bolsillo un poco de pan duro para traer a sus hermanos y hermanas ocultas.
http://www.letturegiovani.it/tradizionali/elfi_fiabe_2.jpgAl día siguiente, antes de salir, Dios le dijo a la familia tan hospitalaria: "Lo que se ha escondido de mí se oculta incluso a los ojos de los extraños." Desde entonces, los niños desnudos se volvió invisible; padres los perciben y los otros hombres sólo podían verlos cuando deseó a los propios niños. Dios dio a los hijos de las flores, con los cuales podían vestir, y no han sufrido más por el frío. Ser invisible, tenían que tener cuidado de no ser negado y, debido a esto, http://www.letturegiovani.it/tradizionali/elfi_fiabe_3.jpgDios les dio alas para poder volar rápidamente al menor peligro. Los niños estaban muy encariñados con él, y Dios les dio muchos regalos, que los hombres comunes no poseen. ¿Podría hablar con las flores y los animales, y la comida siempre ha encontrado para estar saciado y saludable. Los niños invisibles creció y tuvo hijos, quienes a su vez tenían otros niños. Hacer el bien a los hombres, sin ser visto, aunque a veces se divertían haciendo que una broma. Vivían en cuevas, en los árboles, en las orillas de los ríos, los niños eran capaces de vivir incluso en los pétalos de las flores. Los hombres visibles los bautizó Elfos. Mientras que los hombres explotan la tierra, los Elfos se convirtieron en los espíritus de la naturaleza y, en ocasiones intervino para contrarrestar las acciones de los hombres irrespetuosos hacia la naturaleza. Los elfos son muy poco frecuentes, no tienen mucho espacio en tierra para realizar sus bailes y celebrar sus ritos. Yo soy siempre capaz de ver a los hombres por otro lado, podemos ver los propios elfos sólo cuando se desee. Si un día usted nunca encontrar un elfo, comportarse amablemente con él y yo recomendaría: recuerde que no debe frustrar. También se puede hacer un poco de broma ... 

Pandagian, el bailarín


Pandagian, el bailarín
en una historia de Indonesia
 
 En un pueblo vivía una hermosa niña llamada Pandagian que bailaba muy bien. Los jóvenes de su pueblo se reunían todas las noches en un claro, jugar y bailar. Pandagian permaneció allí hasta que el sol se levantó: y luego, de regreso a la casa. Sus padres, hermano y abuelos dormían en el primer piso de una casa, la cual se llegaba por una escalera de cañas tejidas. Un día, su padre, irritado por su ausencia, dijo: "Desde hoy, te prohíbo que bailar." Pero a la noche siguiente, al anochecer, no Pandagian devuelto. El hermano fue a buscarla y la encontró bailando como siempre. "Ustedes saben que nuestro padre te ha prohibido bailar". "Rincaserò tan pronto como el baile ha terminado", dijo la niña.
El padre, entonces, furioso, ordenó retirar la escalera y le dijo: "Si uno de ustedes pone el Pandagian escalera, expulsado de la casa."
Pandagian Cuando llegó a casa, se sorprendió de no encontrar la escalera. Luego llamó: "Padre, estoy de vuelta! Escala Spreader". Pero el padre insiste: "Yo había prohibido bailar". Pandagian declaró: "Madre, por favor desenrollar la escalera." La madre: "Pregúntale al abuelo". "Abuelo, por favor desenrollar la escalera." "Pregúntale a tu madre". "Abuela, desenrollando la escalera". "Pregúntale a tu hermano." "Hermano querido, desenrollando la escalera." "Pregunte a nuestro padre". "Padre, te lo ruego, no me cazan." "Usted desobedeció fuera del sueño."
http://www.letturegiovani.it/tradizionali/pandagian2.jpg

Llorando, Pandagian yacía en el suelo, con el rostro hacia el cielo. Ella pensó que podía distinguir entre el Riamasan estrellas, el príncipe de la noche, de pie sobre su carro tirado por cuatro caballos blancos de plata. "¿Cómo me encantaría bailar entre las estrellas!" Pandagian murmuró. "Si el príncipe de la noche para llevarme a su reino, yo sería la mujer más feliz del mundo".
Bajó del cielo una larga cadena de plata, que estaba atado en una silla de oro. Pandagian se sentó en la silla que subió a las estrellas. Cuando pasó a la casa, gritó: "Abuelo, abuela, hermano, adiós, me voy a las estrellas Querida madre, yo te saludo padre Adiós!". Todo lo que se llama, el padre: "¡No te vayas te mantendrá bailando No nos abandones". Pero ya era demasiado tarde, y pronto la silla de oro mezclado entre las estrellas. Riamasan saludó a la niña: ". Durante mucho tiempo, te veo bailar ¿Quieres casarte conmigo?". Pandagian acordado. Los recién casados ​​vivieron muy felices y por la noche, Riamasan caminaba por el cielo en un carro de plata y el baile Pandagian entre las estrellas. Un día, fue a bañarse en el río que separa el reinado del Príncipe de la Noche desde el reinado del Príncipe de la Luz. Cansado, se quedó dormido bajo un árbol en la orilla opuesta.
A la mañana siguiente, el Príncipe de la Luz se fijó en ella, celoso de su hermano, blandió su arco e hirió con una flecha de oro en el corazón de Pandagian.
Por la noche, el príncipe de la noche en que encontró a su esposa muerta y lloró. Se tocó el cuerpo, que pronto se convirtió en una miríada de estrellas. Riamasan los recogió y los tiró al cielo donde se forman las constelaciones. Luego apretó en la mano la última estrella, la más brillante, la estrella se rompió en mil pedazos que cayeron como lluvia sobre la tierra y se convirtió en luciérnagas.
El hermano de Pandagian los descubrió y dijo a sus padres: ". ¿Ves estos insectos luminosos que bailan en las flores, tal vez es mi hermana que les envió" Y la familia pensó Pandagian ser feliz.

El mono y la tortuga

El mono y la tortuga


un cuento de la India


Comparar Turtle estaba aburrido hasta la muerte: los días se fueron siempre los mismos. El mar se extendía interminablemente, las olas se sucedían las olas. Nadie vino a alegrar su vida monótona, pero a veces una ballena o un grupo de delfines que pasan a lo lejos, fuera de la isla. Un día, vio a un mono relleno de plátano. "¿Por qué buscar a un amigo en el mar?" pensó que la tortuga. "Comparar mono parece un compañero ideal, sin duda mejor que un cangrejo". "Buenos días aparece mono! ¿Quieres ser mi amigo?" "Buenos Comparar Turtle! Por supuesto." A partir de ese día se pasaban todo el tiempo juntos, la tortuga nunca se había divertido tanto. Un día el mono le invita a degustar los plátanos. Otro dijo: "Ven, te voy a enseñar a trepar a los árboles." Por la noche, comparar mono le dijo a su esposa: "¡. Oh, cómo me lo disfruté Usted debe verlo como él se subió a un árbol Comparar Tortuga es mi mejor amigo" También aparece la tortuga le dijo a su esposa: ". ¡Qué bello amigo Como me aburría antes de que te des cuenta" Pero Turtle Brother no compartía su alegría y pensé: "Mi marido siempre está con su nuevo amigo. Puedo deshacerme de este maldito mono!" Una noche Comparar Turtle encontró a su esposa en la cama. "¿Estás enfermo?". "Sí, está muy enfermo y el médico dijo que yo voy a morir, y que la única manera de ahorrar es comer el corazón de un mono." "El corazón de un mono! Pero, ¿dónde lo puedo encontrar? El mono único que sé es mi amigo". "Así que sólo tengo que morir!" Turtle Hermano dijo con una voz débil. Comparar Turtle estaba desesperado. Pensó por un largo tiempo y finalmente decidió que iba a sacrificar a su amigo. Lentamente, se acercó a la casa parece Monkey. "Buenos días, Comparar Turtle! Encantado de verte de nuevo ¿Qué te trae por aquí?". "Mi esposa me gustaría invitarte a cenar esta noche, ¿quieres venir?". "Por supuesto, con mucho gusto". El mono alegremente siguió a su amigo en la playa, pero no podía seguir sin saber nadar. "Paso en mi concha - dijo la tortuga - Te llevaré". El mono agarró el proyectil flotando en las olas. Ella quería hablar pero el otro le respondió: "Te ves muy triste y silencioso ¿Qué pasó con usted Ella dice:?. Haría cualquier cosa por ti" "Ah, mi amigo - llegó a confesar Comparar Turtle - sólo hay una manera de salvar a mi esposa, y eso es lo que me des tu corazón." "Ouch - Pensamos que el mono -" Me han dicho nada, pero hay un límite a todo! ¿Cómo puedo solucionar la situación? Comparar tortuga me puede ahogar un omento a otro! "De repente, se puso al frente." Es 's terrible! Con mucho gusto te daría mi corazón, pero tenemos que volver a conseguirlo. "" Su corazón no está en el pecho? "." ¿Cómo? - Dijo el mono - ¿No sabes que los monos dejan el corazón en un frasco junto a su casa, antes de emprender un viaje, pero ¿cómo Es muy simple? "La tortuga se detuvo y dijo."? "".! Llévame de vuelta a la isla y me voy a llevar a mi corazón. "La tortuga regresó, el mono saltó a tierra y subió rápidamente en un árbol." ¡Uf! Estoy salvado! Me has asustado "" Pero - exclamó la tortuga - y el corazón que me prometiste. "." En el corazón? No eres lo suficientemente inteligente, comparar Tortuga. Vencer en mi pecho, y me gusta mucho! . Goodbye "Aparece de nuevo la tortuga triste en casa: había perdido a un amigo, pero al menos tuvo el consuelo de ver a su esposa sanó.

martes, 5 de febrero de 2013

EL ARBOL ORGULLOSO


EL ARBOL ORGULLOSO



 rase una vez un árbol que crecía alto, fuerte y frondoso, en un soleado valle de la selva. El curso del río le rodeaba caprichosamente, dejándole aislado de los otros árboles y del resto de animales. Esto le había hecho crecer solitario y desconfiado.

      Un día, desde su envidiable altura, observó que el río traía una bola de pelo naranja y amarilla, dando vueltas y vueltas. Al pasar junto a su pequeño islote quedó embarrancada. Durante unos segundos, la bola de pelo quedó inmóvil, pero de pronto empezó a moverse por si sola, lenta y torpemente. De la pequeña bola de pelo salió una cola, después cuatro patas y por último, una cabeza. El árbol, comprendió entonces que se trataba de un pequeño cachorro de león, que venía enroscado sobre si mismo como un ovillo.
- ¡Eh, tú!- Dijo el árbol con el mal genio que le caracterizaba.- Este islote es mío y la sombra que pisas es la que yo proyecto. Así que vuelve al río para que pueda ver mi majestuosa sombra sin estorbos.
- Pero árbol, estoy demasiado cansado y no puedo cruzarlo. Hace tres días que me caí al río y llevo dando vueltas desde entonces. Estoy muerto de frío y de hambre. Deja que descanse un rato bajo tus ramas, y cuando haya recuperado fuerzas intentaré cruzar de nuevo.
- Yo no he necesitado nada de nadie, de modo, que nada os debo a los demás.- Dijo el árbol egoísta.- Mi islote es lo único que tengo, además de mi gran belleza. Y no lo quiero compartir.
- Por favor déjame descansar sólo un ratito.- Suplicó el cachorro entre fuertes tiritones.- Tú necesitas el agua del río, la luz del sol, el oxígeno del aire y todo lo recibes sin entregar nada a cambio. Haz ahora algo por los demás, no es mucho lo que te pido.
- ¡Yo no necesito a nadie!- Gritó arrogante el árbol.- Así que vete de mi vista y deja que descanse.

      El cachorro abatido por la tristeza y el cansancio se tiró de nuevo al río, con la esperanza de llegar a la otra orilla. Pero sus fuerzas eran tan escasas, que torpemente se fue hundiendo bajo las aguas. El sol que había escuchado la conversación le preguntó entonces al árbol, que por que había dejado que el leoncito se ahogara.
- Nada podía hacer yo por él. En este pequeño islote no llega la luz del sol al suelo, de modo que no se podía calentar. No hay comida, así que no podía saciar su apetito. Fue en busca de lo que necesitaba pero estaba tan débil que no llegó ¡Pobre leoncito!, pero así es la vida. La ley de la selva es cruel a veces.
- Tú pudiste dejarle una de tus ramas para que la usara de puente, pues sabías que estando tan débil como estaba, jamás habría alcanzado la otra orilla.
- ¿Y qué estropeara mis lindas hojas? ¡Oh, no, no! De ningún modo ¿Por qué habría de hacerlo? ¿Qué hubiera conseguido yo a cambio?
- Los pájaros comentaban que no les dejabas poner sus nidos en los huecos de tu tronco, y no les creí.
- Pues es verdad, lo manchan todo.
- Escuché a los monos protestar porque no les dejabas jugar sobre tus ramas, y me pareció mentira.
- Claro que no, me vuelven loco con sus gritos.
- Oí a las mariposas decir que no las dejabas descansar bajo tus hojas, y no las dejé ni terminar.
- Pues así es, no paran quietas y me hacen cosquillas.
- Entonces mandé al león, para comprobar por mí mismo que aquello no era verdad. Me entristeció mucho comprobar que el equivocado era yo. Que tu egoísmo es tan grande que fuiste incapaz de darle cobijo a pesar de la historia tan triste que te contó.
- Pues no, no fui capaz.
- Y encima pareces estar orgulloso de ser tan egoísta y  miserable como eres.
- Yo no le pedí nada a ninguno de esos animales, porque ellos nada me podían dar. ¿Por qué iba a darles yo, algo que es solamente mío?
- En este mundo todos necesitamos de todos. Y si tú no fuiste capaz de respetar al que un día será tu rey, no mereces el respeto de nadie.
- Vuelvo a repetir que no necesito nada de nadie, y mucho menos respeto. ¿De qué sirve el respeto?
- En castigo a tu egoísmo vas a pasar los tres días más duros de tu vida, para que aprendas a no ser tan orgulloso. Uno por cada día que el león pasó en el agua.

      Así hablaron y el sol fue a comentar con sus amigos el agua, el viento y la tormenta como actuarían, para imponer al árbol el castigo que se merecía. “Debemos asustarlo- dijo el sol- imponerle un castigo por su mal comportamiento, pero sin dañarlo.”

      Al día siguiente, el curso del río, cambió radicalmente y el sol brilló, con más fuerza de la nunca tuvo. La tierra se secó rápidamente alrededor del árbol. Tuvo mucho miedo de morir, de llegar a secarse. Al llegar la noche el árbol estaba terriblemente sediento, pero seguía en pie. Así que se estuvo riendo del sol pensando que había ganado la primera batalla.
- Ja, ja, ja tan abrasador que parecías y fuiste incapaz de secar mis raíces.
      Al segundo día el sol se ocultó tras unas nubes y una leve brisa empezó a soplar. De pronto un terrible vendaval hacía retorcerse todas las ramas del árbol violentamente. Así sopló con fuerza el viento, durante todo el día. Temeroso de que su tronco pudiera partirse estuvo tambaleándose, pero no fue así y al llegar la noche el árbol se reía del viento.
- Ja, ja, ja tan poderoso te creías y fuiste incapaz de partir mis ramas.

      Al llegar el tercer día estaba nublado y no había ni rastro del agua, del sol ni del viento. De pronto empezaron a caer un montón de fuertes y brillantes rayos que amenazaban con prenderle fuego a sus ramas. Y tuvo miedo. Pero ninguno le consiguió quemar. De modo que al llegar el final de este tercer día, el árbol se burlaba de los rayos diciéndoles.
- Ja, ja, ja ¡qué mala puntería! Con tanto ruido que armasteis y no habéis sido capaces de quemar mi tronco.

      Cuando el sol volvió al cuarto día el árbol más engreído que nunca le dijo entre risas:
- ¡Oh! Qué miedo, viene el sol amenazando de nuevo.
- Veo que a pesar del castigo, tu actitud altiva y egoísta no ha cambiado.
- No se porque había de cambiar, sólo quiero que me dejéis en paz. Yo nunca he pedido nada a nadie porque nada me pueden dar.
- Debes comprender que si los que viven a tu alrededor no te respetan acabarías de la forma más ruin para un árbol como tú, siendo pasto de las llamas.
- Si vosotros tan fuertes y poderosos no conseguisteis derribarme ¿Cómo podéis pensar que los animales de la selva podrían dañar mi poderosa estampa? Yo soy más grande y fuerte que ninguno de ellos.
- Si un día te encuentras enfermo y necesitas la ayuda de alguien sólo tienes que pedírmelo. Pero si el orgullo te impide hacerlo acabarás muy mal.

      Y el sol se fue triste al comprobar que el árbol no cambiaba. Que no comprendía que hasta el ser más fuerte de la selva, necesita del resto de seres vivos para poder sobrevivir. De unos necesitará ayuda, de otros simplemente que le respeten.

      Pasados unos días el curso del río no había vuelto a rodear al árbol, por lo que cualquier animal podría ahora acercarse hasta él sin hacer esfuerzo. Una manada de elefantes que pasaban por allí, lo vieron y fueron hacia él.
- Mirar hijos,- dijo el elefante mayor- el agua del río ha dejado de abrazar al árbol egoísta. Como ningún animal podía antes alcanzar sus ramas, están aun cuajadas de dulces frutos ¿Tenéis hambre?
- ¡Si papa!- corearon los elefantes más jóvenes.

      El árbol no les hizo caso, pensando que no hablaban en serio. Y sólo cuando los elefantes empezaron a comer de sus ramas, el árbol se dirigió a ellos con desprecio y altanería, como siempre.
- ¡Eh gordos! ¿Qué os habéis creído vosotros, que voy a alimentar a todos los animales de la selva?
- El sol nos contó tu historia y si tú no nos respetas a nosotros ¿Por qué tenemos que respetarte a ti? Siempre lo hemos hecho y de nada ha servido.
     
      Cuando los elefantes no alcanzaron más frutos, zarandearon el árbol para hacerles caer, partiendo ramas con sus fuertes colmillos. Después de saciar su apetito el árbol quedó torcido y lastimado a consecuencia de los golpes, pero él seguía riendo.
- Ja, ja, ja ¿Es que soy demasiado fuerte para vosotros? Ni siquiera el animal más fuerte y grande de la selva ha podido derribarme, a pesar de intentarlo con insistencia.

      Una mañana calurosa la jirafa se acercó con sus graciosos andares hasta el río para beber. Desde su envidiable altura comprobó que el árbol orgulloso, tenía las hojas más verdes y frescas que jamás había visto. Mientras la jirafa comía del árbol, él no paraba de reír.
- Ja, ja, ja ¿Qué te ha pasado? ¿Te has tragado un palo y se te ha quedado en la garganta? Ten cuidado y no mires al suelo si padeces de vértigo.

      La jirafa que ya había escuchado al sol hablar del árbol, arrancó sus hojas sin escuchar sus burlas hasta que calmó su hambre. Después como si no hubiera oído sus comentarios, se dio la vuelta y se fue sin más.
- ¿Es que no me has oído?- chilló el árbol rabioso de no haberla ofendido- Ya entiendo, eres amiga de los elefantes y os habéis propuesto terminar conmigo ¿No es así? Pues no lo conseguiréis.

      Unos días más tarde, una familia de monos observó que ahora, no había que cruzar el río a nado para jugar en las ramas del árbol egoísta. Como siempre juguetones llegaron al pie de éste, entre saltos y gritos. Entonces el malhumorado árbol chilló enojado.
- Eh vosotros, que un día os sentasteis sobre las ascuas del fuego y se os quemó el traje por el culo, ¿queréis callaros? Estoy descansando.

      Por la forma de hablar y las cosas que decía, los monos comprendieron que aquel era el árbol egoísta del que tanto habían oído hablar. Uno de los monos se subió a una rama y se balanceó en uno de sus juegos adolescentes. Realmente parecía fuerte, así que llamó al resto de la familia. Unos colgaban de la rama y otros saltaban sobre ella.
- Bajaros de mis ramas que aunque están desnudas de frutos y hojas aún son fuertes y no podréis dañarlas.

      Pero los monos no hicieron caso al árbol y al final, la rama cedió. Con un gran crujido la rama cayó al suelo y todos los monos chillaron y saltaron a modo de celebración. Jugaron, saltaron y se columpiaron de otras ramas, hasta que el cansancio los pudo y agotados se fueron en busca de otro árbol más confortable para dormir.
- Ja, ja, ja- se reía el árbol- tan ágiles y revoltosos y no habéis conseguido terminar conmigo.
- Jamás vi un árbol tan feo y desnudo, con la mitad de sus ramas partidas y que su orgullo todavía le impidiera pedir ayuda.
- No se por qué necesitaría ayuda, todavía tengo la copa más bonita de todos los árboles de la selva.

      En los días siguientes los pájaros terminaron con sus frutos y las orugas con sus hojas. Durante el día el árbol se mostraba orgulloso pero al llegar la noche y el sol ya no podía verle, lloraba y se lamentaba de su aspecto. Entonces la luna le habló con la ternura de una madre.
- ¿Porqué te empeñas en ser el más malo?
- ¿Quién habla? ¿Quién está ahí?- preguntó sobresaltado.
- No te asustes, soy yo, la luna. Los dos hemos podido comprobar que los animales no te respetan, de modo que si no cambias tu forma de ser, acabaran contigo en poco tiempo.
- Ya lo intentaron los más grandes de la selva y no lo consiguieron ¿Qué más podrían hacerme? ¿Quién piensas que podría lastimarme?
- ¿Qué no consiguieron nada?- Preguntó la luna sin entender entonces por qué estaba tan triste el árbol- Mira tu aspecto. Tus ramas están desnudas de hojas y frutos, además la mayoría están partidas ¿No ves, que siendo tan cabezón, sólo has conseguido ser el árbol más feo de la tierra?
- Sólo temporalmente, la primavera que viene brotaran nuevas ramas y más hojas que nunca, y volveré a tener los frutos más dulces.
- Hay que respetar a todos los animales, así lo dice la ley de la selva, desde el más grande al más pequeño. Así que si no cambias tu forma de ser lo pagarás muy caro.

      A la mañana siguiente un gran número de termitas y escarabajos llegaron en silencio y preguntaron al árbol.
- ¿Eres tu el árbol orgulloso?
- Si soy yo.- Dijo entre risas- Si ni las orugas, ni los pájaros, ni los monos, ni las jirafas, ni los elefantes, ni la tormenta, ni el viento, ni el sol pudieron conmigo ¿Qué pensáis hacer vosotros? Enanos, diminutos, si apenas puedo veros.

      Las termitas comprendieron que su actitud no había cambiado, así que empezaron a mordisquear su tronco. Al árbol le había dado un ataque de risa y no podía parar de reír. Sus carcajadas podían oírse en toda la selva.
- Pero sol ¿qué intentas ahora? Cada vez mandas animales más pequeños- Dijo entre risas- No puedo creer que pretendas asustarme con esto ¿Qué será lo siguiente que me mandes? ¿Pulgas tal vez? Ja, ja, ja

      El trabajo de las termitas era lento pero continuo. Cavaban largos túneles por dentro de la madera. Así que al cabo de unas horas el árbol se empezó a sentir mal.
- Eh pequeñajas ¿Qué me estáis haciendo?- Dijo el árbol que empezaba a sentirse débil. Ya no se reía. Por primera vez desde que nació sintió que un animal podía terminar con su salud. -¿Por qué no salís de ahí adentro y hacemos un trato?- Preguntó el árbol que se sentía como un viejo, enfermo y quebradizo.

      Debilitado y feo, sin hojas, ni frutos empezó a pensar en las palabras del sol. <<"Debes comprender que si los que viven a tu alrededor no te respetan acabarás de la forma más ruin, para un árbol como tú, siendo pasto de las llamas.">>
- Por favor...- dijo casi en un susurro.

      De repente los animales de la selva de los que un día se burló empezaron a llegar. Se fueron parando a su alrededor y por fin el elefante mayor le preguntó.
- ¿Cómo te encuentras árbol?
- Bien ¿cómo me voy a encontrar?- Su orgullo le impedía dar su rama a torcer.
- Pues no tienes muy buen aspecto.
- ¡Pamplinas! -Dijo el terco árbol como si no fuera con él la cosa.
- ¿No necesitas nada?
- ¿Yo? ¿Qué voy a necesitar yo?- Preguntaba irónico el árbol mientras su tronco se iba debilitando y torciendo poco a poco.
- Perdón, me pareció que habías dicho algo como por favor.

      Llevaba tanto tiempo sin pedir ayuda a nadie, que no sabía como hacerlo. Y esta vez se quedó en silencio, reconociendo que si lo había dicho. Pero como no contestaba, los animales empezaron a marcharse. Uno a uno se iban dando la vuelta y alejándose del lugar.
- Esperad.
- ¿Qué? ¿Qué quieres? ¿Qué necesitas?- Hubo un largo silencio después del cual el árbol consiguió decir.
- Ayuda, necesito vuestra ayuda.

      Después de aquello el árbol se sintió por primera vez feliz y no sólo por su belleza, sino por la belleza de todo lo que le rodeaba. Y sintió que su sabia se rejuvenecía cada día por el simple hecho de compartir todo aquello que poseía.

EL INMENSO AMOR DE MAMA GALLINA

EL INMENSO AMOR DE MAMA GALLINA


El inmenso amor de Mama Gallina

n una noche de tormenta, tan intensa que ni los animales de la granja podían salir a buscar sus alimentos, todos se reunieron alrededor de las vacas para recibir su calor. Mientras ellas respiraban todos se calentaban con su aliento, pero para que permanecieran tranquilas debían amenizarles con suculentas historias, de lo que en la granja sucedía. Y cuando las conversaciones perdían interés, las vacas se incomodaban y a cada movimiento todos salían despavoridos a buscar otro cobijo por miedo a morir aplastados.

Esa noche, que ahora quiero mencionaros, las conversaciones se movían entre los coqueteos de la nueva oca ante los patos que hacía que las patas la odiaran hasta el punto de querer convertirla en paté; el brioso crecimiento de los potrillos de la yegua mayor, que no paraban de hacer cabriolas en el aire como locos, haciendo la delicia de todas las madres; y como, ahora, el gallo Kiriquillo cantaba como nunca antes lo había hecho y había conseguido además, ser feliz.

El tiempo había pasado rápidamente entre tanta conversación y ahora la mayoría de los animales habían empezado a aquietarse y llevados por el calorcito empezaban a quedarse dormidos, cuando la vaca Paca prestó atención a la conversación de tres gallinas. Comentaban acaloradamente cual de las tres era mas eficientes con la educación de sus pequeños.

-        Yo, siempre tengo a mi pequeño pollito debajo del ala.- dijo la primera gallina- Le doy todo lo que necesita, para que no tenga que exponerse a los enormes peligros de la vida. El no necesita ir a picotear entre las piedras en busca de gusanitos, porque podía ser pisado por las altas yeguas. No necesita ir a beber al abrevadero pues podría desaparecer entre las fauces de los hambrientos cerdos. Y acabaré diciendo que el no necesita nada, absolutamente nada, que yo no pueda ofrecerle. Así me aseguraré que llegue sano y feliz a la edad adulta.- Hizo un gesto inflando su buche y agregó- Y se que no me equivoco.

-        No comparto tu opinión – aseveró la segunda gallina- llegará un momento en que tu no estés a su lado y entonces el no sabrá valerse por si mismo. Yo, por el contrario pienso que cada cual debe ser un ser independiente por eso desde que mis pollitos salieron del cascaron, le dejé solos en la granja para que aprendieran a buscar ellos mismos su propio alimento, que salieran por si solos de los problemas que la vida les ponga y además no solo he conseguido que sean independientes para conseguir sus necesidades, además han aprendido a no necesitar nunca de nadie emocionalmente. ¿O acaso les habéis visto alguna vez acercarse a algún animal de la granja? – ahuecó las alas orgullosamente y añadió- Por eso puedo asegurar que la que está en lo cierto soy yo.

-        ¿Y tu?- le dijo la primera gallina; a la que pacientemente había estado escuchando.- ¿Y tú que opinas? Dinos! ¿cual de las dos tiene razón?, dinos cual de las dos conseguirá que su pequeño retoño llegue sano y feliz a la edad adulta.

-        Yo, no se que será lo mejor. – dijo pacientemente la gallina Angelina, con la tranquilidad que da la sabiduría.- Yo nunca me pregunté como debía educar a mis tres pequeños.

-        Yo os lo voy a decir - dijo la vaca Paca. Ella les animó a que buscaran su alimento, y los observó de cerca hasta que lo hicieron por si solos, esquivando las largas patas de las yeguas y las bocas de los cerdos. Les escuchó, cuando algo les preocupó y les invitó a que buscaran la respuesta en su corazón. No se la dio ella, pues sabía que la mejor respuesta habita siempre en tu interior y la debes encontrar tu solo. Unas veces sus pequeños se equivocaron y ella siempre le apoyó en el acierto o en la equivocación. Y les escuchó sus consejos cuando la equivocada fue ella, pues se permitía con amor reconocerse equivocada cuando lo estaba.

-        No se si lo hice bien o mal – apuntó Angelina - ellos volaron cuando necesitaron volar y volvieron cuando alguno de nosotros, necesito del otro.

-        ¿Y tu porque estás tan segura que eso es lo mejor? –Preguntó enojada una de las orgullosas gallinas a la entrometida vaca.

-        Yo no lo digo, lo deduje de la conversación que tenían vuestros propios pollitos al otro lado de mi enorme barriga. Al preguntarse que era lo que más deseaban. Tu pequeño retoño dijo, quisiera poder tener las alas de un cisne para volar lejos, muy lejos, donde nadie me vigile. El segundo dijo, yo desearía ser huevo otra vez, para tener siempre el calor de mi madre y no tener tanta responsabilidad sobre mi pequeña espalda. La  pequeña hija de Angelina, dijo que su mayor deseo seria, que su madre supiese, cuanto valoraba todo lo que había hecho por ella y sus hermanos, sin que ella le diera importancia. Deseaba que supiera cuanto había aprendido de su madre en la vida y que se había convertido en el mejor espejo donde verse reflejada. Y que aunque no fuese capaz de decírselo con palabras, deseaba que algún día ella lo supiera, de alguna forma, de algún modo.




Dedicado a Angelina la mama gallina
Dedicado a ti mama, y a todas las mamás
En el día de la madre
Porque mi mayor deseo es que sepas
Lo que siento por ti





 Autora: Nuria L. Yágüez

EL MOSQUITO TO

EL MOSQUITO TO


 EL MOSQUITO TO
  
ace muchos años en un bosque grande, donde había tantos árboles que la luz del sol no llegaba al suelo, vivía un joven aprendiz de búho. El búho Don Mateo había sido como un padre para todos los animales de la comunidad. Pero en realidad sólo era padre del joven Esteban, aprendiz de búho. Don Mateo pasó muchos años en el rango de aprendiz de búho donde ahora se encontraba su hijo, y jamás se atrevió a protestar por nada. Sin embargo su hijo Esteban era un joven inquieto y ambicioso tanto que en ocasiones le había traído problemas. Pues todos los animales sabían donde encontrar a Don Mateo cuando tenían un problema, pero el joven Esteban siempre estaba volando por las escarpadas lomas cuando se le necesitaba.
- Esteban, eres un búho y como búho debes comportarte.- Le dijo su padre un día.
- Pero papá, estoy harto de estar aquí. Déjame que vaya a ver como cazan las águilas.
- Esta noche daremos una vuelta y si quieres llegaremos hasta los nidos de las águilas, pero un búho no debe volar de día. Hay muchos peligros allá fuera que desconoces.
- ¿Peligros? Todo el mundo me respeta porque saben que soy tu hijo. Quiero ser el búho más hermoso y para eso tengo que ejercitar mis alas. Porfa papá.- Insistía con la terquedad de una mula.
- Escucha Esteban, cada animal tiene sus características y debe saber adaptar su vida a ellas.
- Ya, y las mías son ser paciente y aprender a solucionar los problemas de los demás ¿No?
- Por supuesto- Dijo Mateo con dulzura tratando de tranquilizar la ansiedad de su hijo.
- Pues estoy harto, que cada cual se solucionen sus problemas.
- No Esteban, la vida no es así. Debes asumir el papel que la vida te ha dado.
- Soy un ave y mi papel es volar y volar y volar y volar.
- Si pero además de ave eres búho, y los búhos somos animales sabios y por eso servimos a nuestra comunidad de jueces, profesores,...,
- Pero,...,
- Mírate aún eres joven y ahora lo que mejor haces es volar, pero con el tiempo llegarán a ti tus otras cualidades. Debes tener paciencia. Los búhos no destacamos precisamente por nuestras cualidades de vuelo.
- Por eso, quiero volar para aprender a volar como las águilas y los halcones. No quiero ser inteligente, ni paciente, ni sabio, ni siquiera un búho. ¡Solo quiero VOLAR!
- Escucha hijo deja que te cuente una historia que tu abuelo me contó una vez. Tal vez podamos aplicarla a tus ansias de volar.- Esteban ansioso batió sus alas con la intención de iniciar el vuelo pero su padre le retuvo.
- Ya, y que historia será esta vez la del árbol orgulloso, la de la niña que lloraba por su muñeca.
- La niña no lloraba, era la muñeca. Pero no, no es esa, es una historia nueva que jamás te he contado.- Dijo Don Mateo sin enfadarse, con la tranquilidad que los años le habían concedido.- Cerca de la laguna que forma el remanso del río, hace algunos años vivía un mosquito.
- ¿Un mosquito? ¿Me vas a contar la historia de un mosquito?- Protestó de nuevo el joven aprendiz de búho.
- El animal era tan pequeño que apenas tenía que mover las alas para volar.- Continuó su padre como si no le hubiera escuchado.- Esto le había permitido ser uno de los insectos más rápidos e inquietos. Pero su cabeza era tan pequeña que no le cabía mucha inteligencia. El caso es que el mosquito To, que así se hacía llamar nunca había escuchado las lecciones de sus mayores. El prefería practicar su rápido vuelo tratando de mejorar su técnica, para conseguir así ser el más rápido.- Eso le gustó a Esteban y empezó a prestar la atención que las historias de su padre merecían.

>> Una tarde el mosquito To, salió de su casa dispuesto a demostrarle a todo el mundo que él era el animal más rápido del bosque. Primero se encontró con la tortuga Comelechuga. Preguntó con su voz trompetera. Dijo la tortuga Comelechuga sin detener su lento caminar. < ¿Quiere que le demuestre lo rápido que soy? Podríamos echar una carrera, yo volaré a su lado sin esforzarme. Es más, solo volaré con un ala. Y así verá lo rápido que soy.> La tortuga comelechuga le miró atentamente y pensó que no tenía mal aspecto. Si era capaz de caminar tras él, el tiempo suficiente para estirar el cuello, se tomaría un aperitivo de mosquito. Aceptó la tortuga Comelechuga. Se pusieron en sus puestos y a la de tres el mosquito To batió su ala derecha con tanta fuerza que cuando la tortuga quiso estirar el cuello y abrir su boca el mosquito To ya estaba fuera de su alcance. < ¡Señora tortuga me ha querido comer!> Acusó asustado el mosquito To. < ¿Cómo voy a querer comerte? Con lo rápido que eres jamás te alcanzaría. Lo que pasa es que estoy lenta y achacosa y ese es el modo que tengo de andar, sacando el cuello y abriendo la boca> Sin quedarse muy convencido el mosquito To vio a la tortuga Comelechuga alejarse caminando del modo más raro que jamás vio caminar a una tortuga. < ¿Porqué habría de mentirle? Las tortugas comen lechuga, todo el mundo lo sabe.> Se dijo a si mismo.
>> Mosquito To, no era de esa clase de animales que tratan de comprender, de modo que sin llegar a entender muy bien lo que había pasado guió su rápido vuelo hacia otro lado, en busca de otros animales a los que demostrar su rapidez. Al pasar sobre un árbol vio a León el camaleón quieto como siempre, abstraído en sus pensamientos. < ¡Hola León! Gritó el pequeño insecto sacando al camaleón de su concentración. contestó León con fastidio. < ¿Qué hacías?> < ¿Te he enseñado alguna vez lo rápido que soy capaz de volar?> Dijo el camaleón mientras miraba con un ojo a To y con el otro a una hoja que amenazaba con caerse. < ¿Quieres que echemos una carrera? León el camaleón había pasado mucho tiempo concentrado en el cambio de colores y ahora se encontraba hambriento. dijo viendo al joven mosquito To como una buena comida. To contaba preparado para echar a volar pero antes de que dijera tres, León desplegó su pegajosa lengua dispuesto a comérselo. To echó a volar lo suficientemente rápido como para esquivarla. < ¡Eh! Has intentado comerme>. Gritó entre sorprendido y asustado. < ¿Yo? No, no. Es que,..., estoy acatarrado y cada vez que estornudo se me escapa la lengua de la boca. Es tan larga que a veces no puedo sujetarla ¿Pero como iba yo a querer comerte?>

>> El mosquito To, no se había parado a pensar que comen lo camaleones antes del incidente. Y eso pudo haberle costado la vida. Algo le había hecho acordarse de lo que su padre había tratado de decirle tantas veces. ¿Sería cierto que hay animales que comen mosquitos? Pero había demostrado ser tan rápido que en dos ocasiones había burlado los peligros que acechaban y había conseguido salir victorioso. Su padre se sentiría orgulloso cuando se lo contara. Así que decidió volver a casa a contárselo. Y poderle preguntar así qué animales eran los que comían mosquitos.

>> Mientras volaba pensando en sus dotes para el vuelo, vio un pez que nadaba rápido contra la corriente del río. Y pensó que si aquel pez podía nadar tan rápido contra la corriente debía de ser raudo como el viento cuando lo hiciera a favor. De modo que se acercó hasta él y le saludo. < ¿Por qué no echamos una carrera, a ver cual de los dos es más rápido?> Propuso la trucha Pachucha. < ¿No intentarás comerme?> Desconfió el mosquito To < ¿Yo? ¿Cómo podría yo intentar comerte, si eres el animal más rápido del bosque? Yo soy un pez y no puedo salir del agua, y tu no puedes nadar bajo ella, de modo que jamás podría comerte.> To quedó convencido con la explicación. Cuando dieron la salida pez e insecto comenzaron su loca carrera en busca de la piedra que marcaría cual de los dos animales era el más rápido. To vio que el pez se acercaba inevitablemente más rápido que él. De modo que cerró los ojos y apretó los dientes batiendo sus pequeñas alitas más rápidas de lo que jamás se habían movido. Justo cuando el mosquito iba a adelantar a la trucha esta cambió su rumbo hacia el fondo del río para coger impulso y de un salto salió del agua y se lo comió.
- ¡Papá!- Gritó el joven aprendiz de búho.- No puede morir, él era el animal más rápido del bosque.
- Eso mismo pensaba él. Pero en la vida no vale de nada ser el más rápido, el más grande, o el más feroz, si no tienes algo que vale más que todo eso, la inteligencia. El no hizo caso a su padre cuando trató de explicarle cuales eran los peligros que le rodeaban. Y al no saberlo expuso su vida y la perdió.
- Pero él era joven y todavía no lo había aprendido.
- Por eso debía de haber escuchado más a su padre, para aprender.

Así aprendió Esteban, el joven aprendiz de búho, que aunque es muy importante que los jóvenes jueguen en la vida, no todo es juego. Todos, grandes y pequeños debemos estar atentos para aprender durante toda la vida.