viernes, 2 de noviembre de 2012

Cuento infantil de Robinson Crusoe

Robinson Crusoe era un joven al que le gustaba hacer viajes y correr aventuras. En uno de esos hubo una terrible tempestad y el barco encalló en un banco de arena. Los marineros pensaron que el barco se iba a hundir, lanzaron un pequeño bote al mar y saltaron a el para salvarse.

Cuento infantil de Robinson Crusoe


Cuento infantil de Robinson Crusoe Cuando se acercaban a la playa una fuerte ola los volcó el bote y todos cayeron al agua, Robinson nadó a la playa y se dio cuenta de que el era el único que se había salvado. Caminó mucho y comprobó que había llegado a una isla deshabitada al parecer. Al día siguiente vio que los restos del barco estaban cerca de playa y fue a rescatar todos los objetos útiles que pudiera encontrar.
Cuento infantil de Robinson Crusoe Robinson buscó un lugar para construir una casa, tiempo después encontró animales a los cuales los pudo domesticar, tuvo que fabricar su propios muebles coser su ropa y recolectar fruta silvestre.
Cuento infantil de Robinson Crusoe Poco a poco se acostumbró a su nueva vida, pero se sentía muy solo. Un día encontró un papagayo al cual le enseñó a hablar, así pasó mucho tiempo y cierto día descubrió una huella humana en la arena de playa y poco después vio a varios hombres, pero huyeron cuando Robinson intentó acercarse a ellos.
Cuento infantil de Robinson Crusoe Sólo uno se quedó, se hicieron amigos y Robinson lo llamó Viernes, porque fue ese día cuando lo conoció. ¡Después de 25 años, Robinson tuvo con quien hablar! Robinson vivió tres años más, hasta que lo rescataron.
 

Rufina la burra

Rufina era una burra que quería ser famosa, un día pasó el circo por donde ella vivía, Rufina vio una cebra y quiso ser como ella.
Rufina la burra


Rufina la burra Un día mientras pintaban la cerca, se recargó sin hacer ruido. Así cuando su dueño pasó la brocha, pasó pintando a Rufina, entonces cuando terminó ella pensó: “¡Que hermosa soy! ¡Soy una cebra!”.
Rufina la burra Esa noche se escapó de su corral y se fue al circo, ella se imaginaba en la marquesina: Rufina la cebra bailarina y comenzó a correr tejiendo sus sueños en su cabeza.
Rufina la burra De pronto una gota de agua le cayó en su nariz, empezó a llover y Rufina buscó un refugio. Pero fue en vano… le lluvia la despintó su rayas blancas.
Rufina la burra Cansada, triste y mojada regresó a su corral.
Rufina la burra Ahí le contó a Pánfilo un burro amigo lo que le sucedió “¡Pero que ocurrencia tuya de querer ser cebra, si tu eres bonita!” Y los dos comenzaron a reír de alegría.

Paco el Chato

Había una vez en un rancho concido como "7 vacas" un niño que se llamaba Paco el Chato, Paco el Chato vivía ahí desde su nacimiento, al cumplir seis años Paco debía de entrar a la escuela.

Para eso su papá don Pancho lo llevo a la ciudad donde vivía su abuelita, entonces su abuelita lo llevó a la escuela.



Paco era muy pequeño así que al llegar a la escuela, el primer día de clases su abuelita le dijo: "A la hora de salida me esperas en la puerta".

Paco muy emocionado entró a la escuela allí llego al 1° grado, grupo "A" uno por uno se presentaron hasta que le tocó a Paco muy emocionado dijo: "Me llamo Paco el chato, vengo del rancho 7 vacas".
Paco tuvo un excelente día de clases pero no un buen día por la ciudad por que a la hora de la salida estuvo esperando, Paco esperó un rato después empezo a caminar y se perdió. Cuando su abuelita llegó ¡Paco ya no estaba!.
Mientras que Paco se asustó por que se perdió y se puso a llorar. Un policía lo oyó y fue a su llanto, le preguntó su dirección, Paco no sabía su dirección, el policía pensó: "Mmm, caso muy grave"
Así que lo llevó a la estación de radio para que avisaran que ahí estaba.
La abuelita de Paco oyó el aviso y fue a buscarlo, al encontrarlo le preguntó qué por qué no esperó Paco dijo: "Es que teniamos clases cuando nos dijeron que ya nos podiamos ir" su abuelita comprendió que habían salido antes y se lo explicó.
Paco prometió aprender su dirección y colorin colorado este cuento se ha acabado.

El gusano medidor

Una mañana soleada, el gusano medidor descansaba tranquilamente sobre una rama. De pronto se apareció el ruiseñor, que es un pájaro muy presumido el cual se acercó para comérselo.

El gusano le dijo: “¡No, no me comas! Tu no sabes pero yo soy muy útil y, y, y sabes que yo… eh puedo medir tu hermosa cola y decirte cuanto mide” el pájaro le dijo: “¿Puedes medirla? Bien mídela”.

El gusano medidor


El gusano medidor Como el ruiseñor tenía curiosidad aceptó que la midiera, entonces el gusano comenzó a medir dando de pasitos y dijo: “Uno, dos, tres, cuatro… tu cola mide cuatro pasitos”.

El ruiseñor le preguntó: “¿Qué otra cosa puedes medir?” le contestó el gusano: “Mmm… pues todo lo que me pidas”.
El gusano medidor Para probar si era cierto el ruiseñor llamó al tucán, la garza y al pavo real y le dijo: “¡Mide lo más hermoso que tienen ellos, si no lo haces te comeré!”.

En poco tiempo el gusano comenzó a medir el pico del tucán, el cuello de la garza y la cola del pavo real, las aves en premio las aves lo dejaron ir, pero el ruiseñor muy enojado se puso frente a él.
El gusano medidor Muy furioso el ruiseñor le dijo: “Mide lo más bonito que tengo, mi canto”, le contestó el gusano: “Pero yo solo mido cosas, no cantos”, como el ruiseñor ya se lo iba a comer el gusano le dijo: “Está bien, empieza a cantar y mediré tu canto”.

El ruiseñor comenzó a cantar, cantó una canción tan bonita que el venado, la ardilla y el pato se acercaron para escucharlo.
El gusano medidor El ruiseñor al darse cuenta, cantó aún mejor mientras el gusano se escapaba lentamente sin que se diera cuenta el ruiseñor.

Cuando por fin el orgulloso ruiseñor terminó de cantar, el gusano ya se había escapado muy lejos de ahí.

Fábula de los dos amigos y el oso de Félix María Samaniego


Dos muchachos que eran muy amigos caminaban a través un bosque denso, cuando de pronto y de la nada, percibieron los pasos de un animal que se acercaba rápidamente.


Fábula de los dos amigos y el oso de Félix María Samaniego ¡Un oso! Exclamaron demasiado aterrados.


Entonces uno de los jóvenes que era muy ligero. Trepó vertiginosamente a un árbol y se ocultó entre el ramaje. El otro era menos ágil, quiso subir también, pero simplemente no pudo.


Ayúdame, pidió a su amigo.

Pero el amigo ágil, preocupado en esconderse, ni por lo menos le contestó.


Entonces, como el oso ya estaba muy cerca, el joven menos ágil se tiró en el suelo y se fingió el muerto, porque sabía que los osos no comen animales muertos. Y allí permaneció inmóvil, quieto, aunque estaba muy espantado.


Apareció el oso y empezó a olerlo por todo su cuerpo, en las piernas, la espalda, el cuello, las orejas. El muchacho sentía la respiración del oso salvaje y le rozaban sus pelos, pero contenía su aliento para engañar al animal. Finalmente, el oso se apartó y se fue.


Bajó el amigo del árbol y le dijo:

Pensaba como si el oso parecía te hablara. ¿Qué era lo que te susurraba al oído?


El oso me dio un consejo bueno.


Lleno de curiosidad el amigo ágil le interrogó: Pero, ¿qué buen consejo te dio el animal?

Me expuso que no anduviera con amigos que me dejan cuando hay circunstancias de riesgo.


“Los que dicen ser nuestros verdaderos amigos se conocen en los momentos de peligro y de angustia”.

La sabiduría del pastor

Había vez un comerciante muy rico. Vivía en un palacio y tenía muchísimos criados. Vestía traje de terciopelo y cuando salía a la calle montada a caballo, iba rodeado de muchos soldados que lo custodiaban. Todo esto lo supo el rey del país, el cual ordenó que trajeran a su presencia al rico mercader.

El comerciante llegó al palacio real en compañía de cincuenta soldados.

La sabiduría del pastor “¿Cómo es eso? Tienes muchos criados y tu casa es mejor que la mía”. Dijo el rey.

“Señor, todo el dinero que gasto es mío”. Le contestó el comerciante.

“Si, pero no esta bien que vivas mejor que yo, has cometido un delito y lo pagaras con tu cabeza”. Dijo el monarca.

“Señor, ¿y he de morir solo por eso?” lagrimeó el comerciante.

“¡Morirás!... a menos que contestes tres preguntas que té hare. Las preguntas son: ¿Dónde está, el centro de la tierra?, ¿Cuánto tiempo se tarda en dar una vuelta alrededor del mundo? ¿En qué estoy pensando ahora?”.

El infeliz comerciante se llenó de miedo porque sabía que no podría contestar las preguntas.

“Señor, ¿me da Vuestra Majestad tiempo para contestar?” le dijo el comerciante.

“Tienes seis semanas, ni una más”. Le contestó el rey.


La sabiduría del pastor El comerciante buscó por todo el país quien pudiera contestar a las preguntas, pero todo el mundo se reía de él. Al fin, al pasar por una choza, se encontró con un pastor de ovejas.

“¿Qué se dice del rey? preguntó el pastor.

“Malas noticias” respondió el comerciante. Y le contó lo que le había sucedido.

“Animo, llévame al palacio y no perderás la cabeza. Dame tú capa de terciopelo y haz que me acompañen tus soldados”. Dijo el pastor muy valientemente.

La sabiduría del pastor El pastor, cubierto con la capa del comerciante, llegó a la presencia del rey.

Vengo dispuesto a contestarle dijo el pastor. El rey sonrió.

“Bien, ¿Dónde esta el centro de la tierra?

“Aquí, dando con el pie en el suelo. Si no lo cree, puede empezar a cavar y convencerse. Dijo el pastor.

“Bien contestado. Ahora contesta la segunda pregunta: ¿Cuánto tiempo se tarda para dar una vuelta alrededor del mundo?” le preguntó el rey.

“Eso es muy fácil. Si Vuestra Majestad se levanta con el sol y sigue con el hasta la mañana siguiente, dará la vuelta al mundo en un solo día”. Contestó el pastor con gran seguridad.

El rey se echo a reír y dijo:

“Nunca pensé que contestaras tan aprisa. Y ahora la tercera pregunta: ¿En qué estoy pensando?” “Vuestra Majestad está pensando en que soy un rico comerciante, cuando en realidad soy un pastor”. Y al decir esto, se quitó la capa de terciopelo.

El rey se rio mucho.

“Eres más sabio que el comerciante. A el le perdonaré la vida y hare que a ti te den un saco de dinero”. Y el comerciante no murió y el pastor aparte recibió más dinero del comerciante.

La carrera del grillo y el caracol



La carrera del grillo y el caracol

Un salió día Don Caracol a pasear sobre una col, muy despacio con su casa que por todas partes pasa. Y se encontró a su amigo el Grillo parlanchín.



Buenos días, mi buen amigo, te invito a venir conmigo. Iremos por la vereda al paseo de la alameda, y desde el árbol más alto echaremos un gran salto a la más bonita estrella, y jugaremos con ella. Dijo el Grillo parlanchín.

El paseo si me gusta, pero el camino me asusta. Como yo no tengo patas, no puedo saltar las matas. Dijo Don Caracol.

No pienses en la distancia, lo que importa es la constancia. Yo me iré por la espesura porque brinco a gran altura, tú por el camino llano y llegarás bueno y sano. Dijo de nuevo el Grillo parlanchín.
La carrera del grillo y el caracol
La carrera del grillo y el caracol En tan cansada carrera, ¿tendré premio por la pena? Preguntó Don Caracol. Si al árbol llegas primero te regalaré un sombrero. Contestó el Grillo parlanchín. El caracol se coloca en la meta y empieza a caminar muy despacito.

El grillo juega y brinca de un lado Para otro. Entonces un perico apareció de la nada con un altavoz en la mano, y como si fuera a narrar un partido de futbol dice:

El caracol animoso no le da al cuerpo reposo. Se puso a jugar el grillo sin prepararse el muy pillo...

Pasa saltando la araña y el grillo la persigue con una caña en la mano. Con un tallo hizo una calla para pescar una araña... Pasa la abeja zumbando, se detiene para saludar al grillo. Con la abeja platicó... Pasa el mayate y el grillo lo saluda. Al mayate saludó.
El grillo quien sabe de donde saca una flautita. Con esta paja dorada hice una flauta entonada. El grillo toca su flautita y de paso echa una limonada. El caracol mientras tanto, ha seguido caminando muy despacio hacia su meta. La carrera del grillo y el caracol
La carrera del grillo y el caracol El perico sigue narrando con mucho entusiasmo: “Y al grillo distraído ya se le olvidó el camino. Pasaron pronto las horas, ya no esta para demoras. Entretanto el caracol, caminando bajo el sol, despacito y sin parar, esta casi por llegar.”

El grillo muy apurado salta al monte, salta el vado. Ya perdió todo el aliento, quiere correr como el viento. Dice el perico

Muy feliz el perico dice: “El caracol toca el árbol y el grillo aparece atrás corriendo El caracol ya llego, atrás el grillo quedó.”
El grillo toca el árbol, sofocadísimo.

Hace mucho que te espero y por poco no lo creo. ¿De qué te sirven las zancas si la meta tú no alcanzas? Dijo Don Caracol. Tú el sombrero has merecido por tú esfuerzo bien cumplido.

Los dos llegamos al punto, y ahora yo pregunto: “¿De qué te sirvió vencer? Muchas cocas hay que ver. Yo preferí el camino y tú el haberme vencido. Concluyó el Grillo parlanchín.
La carrera del grillo y el caracol
 
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