lunes, 8 de diciembre de 2008

Refranes de febrero

Árbol que podó en febrero, tendrá fruto duradero
La flor de febrero no llega al frutero
La flor de febrero no ve el frutero
La flor de febrero no va al granero
En febrero, la castaña y el besugo no tienen jugo
Cuando llueve en febrero se llena el granero
Mal año espero si en febrero anda en mangas de camisa el jornalero
En febrero, un día al sol y otro al brasero
Febrero, cara de perro
En febrero busca la sombra el perro, pero a últimos, no a primeros
En febrero, busca la sombra el perro; en marzo, el perro y el amo; en abril, aguas mil; en mayo, canta el canario
En febrero sale la lagartija del agujero
Abrígate por febrero con dos capas y un sombrero
En febrero, un día [un rato] malo y otro bueno
En febrero loco, ningún día se parece a otro
En febrero, un rato al sol y otro al humero
Lloviendo en febrero, ni buen pasto ni buen frutero
Si más días tuviera febrero, no quedaría ni gato ni perro
Si no llueve en febrero, ni trigo ni centeno
Si no llueve en febrero, ni buen prado ni buen centeno
La lluvia de febrero es el mejor estercolero
Si en febrero te calientas, por Pascua tiritas
Agua de febrero mata al usurero
Febrero, el mes más largo cuando no hay dinero
En febrero busca obrero; comerá, pero avío te hará
Implora a la Candela o deja de implorar, que tres meses de invierno faltan por pasar
El día de la Candelaria, que llueva o que no llueva, el invierno está fuera, y si llueve y hace viento, invierno dentro
Cuando la Candelaria llora, el invierno fora
Por San Blas la cigüeña verás, y si está cerca el verano más temprano, y si no la vieres mal año esperes
Por San Blas, una hora más
Por San Blas, planta higos y comerás
Por San Blas, la cigüeña verás
Por San Blas, la cigüeña verás, y si no la vieres, año de nieves

Refranes de enero

Refranes de enero

Enero, llave de granero
Si en enero canta el grillo, en junio triguillo
Si en enero canta el grillo, en agosto, poco triguillo
En enero se siembra el ajo y se saca el puerro
Día que pasa de enero, si no siembra va perdiendo el ajero
El que ara en enero ara por un año entero
En enero el suelo mojado, bueno para el suelo, malo para el ganado
Quien cava en enero y poda en febrero, tiene buen año de uvero
Si en enero flores, en mayo dolores
La lluvia de enero vale dinero
Enero, frío y sereno
Enero, seco y heladero
Enero friolero, entra soplándome los dedos
Si hiela bien por enero, poco llueve por febrero
En enero, bufanda, capa y sombrero
Enero caliente, el diablo trae en el vientre
Si en invierno noche muy clara, el sol que sigue no da la cara
Enero mojado, malo para el ganado
Enero y febrero, hinchen el granero con su hielo y aguacero
Sol de enero, poco duradero
La justicia de enero es muy rigurosa, mas llegando febrero ya es otra cosa
Aguas en enero, cada gota vale dinero
En enero, de día al sol y de tarde al brasero
En enero no te separes del brasero
Año que hasta el nueve de enero nieva, mucho pan espera
En enero se hiela el agua en el puchero
Año ruin, cuando llueve mucho en enero y nieva en abril
En enero nieblas, en mayo nieblas ciertas
En enero entra el sol en el cuartero
Enero, caballero a últimos, no a primeros
Agua de enero, cada gota vale un dinero
Más vale un carnero que un palmito en enero
En enero el besugo es caballero y el chicharro compañero
El besugo de enero vale un carnero
Quien pasa el mes de Enero, pasa el año entero
No hay luna como la de enero ni amor como el primero
En enero ni galgo lebrero ni halcón perdiguero
La madera de enero no la pongas al humero; déjala estar cortada, que ella se curte y amansa
En enero le sudan las narices al perro
Tan jodío es enero como febrero
En el mes de enero canta el jilguero y en el mes de mayo canta el canario
De invierno a invierno, el dinero es pa el gobierno
De enero a enero, el dinero es del banquero [del lotero]
Por San Vicente, el invierno pierde un diente
Por San Sebastián, saca las niñas a pasear
Por San Antón, la gallina pon
Hasta San Antón pascuas son, y si quieres más, hasta la Virgen de la Paz
Por los Reyes, los días y el frío crecen
Enero, mes de Reyes
Por San Antonio, hace un frío de todos los demonios

El loro que compraba leña

El loro que compraba leña

INFORMANTE: Dolores Hermosilla (Navas de San Juan, Jaén)

RECOGIDO POR: Juan Ignacio Pérez

Iba un hombre con un borrico vendiendo leña por la calle:
-¿Quién compra leña?
Y salta un loro y dice:
-Váciela usted aquí.
Vacia el hombre la leña y entra a cobrar. Y la mujer:
-¿Qué quiere usted?
-Que vengo a cobrar la leña.
-¿Qué leña?
-¿No me ha dicho usted que descargue aquí?
-No señor, yo no he dicho que descargue leña ninguna.
-Sí, señora, usted me ha dicho que descargue aquí la leña y me la tiene usted que pagar.
-No, que no, que no, que yo no he encargado leña ninguna, que no quiero leña.
Tanto caldeó al hombre que cargó la leña y se fue otra vez. Y va dando vueltas por la calle otra vez:
-¿Quién compra leña?
Y al rato pasa otra vez por allí.
-¿Quién compra leña?
-Váciela usted aquí –en la misma casa. Y la vació otra vez. Y entra el hombre a cobrar otra vez.
-Pero bueno, ¿no le he dicho que no quiero leña?
-¿Y usted por qué me dice que la descargue aquí?
-No, yo no le he dicho que la descargue aquí.
-Pues sí.
Bueno, cargó el hombre otra vez la leña y se va dando vueltas por allí. Y pasa otra vez por allí y dice:
-¿Quién compra leña?
Y salta otra vez el loro:
-Váciela usted aquí.
-Pero bueno, ¿usted la ha tomado conmigo?
-No señora, usted me ha dicho que la descargue. Ahora es verdad que no me llevo la leña, me la tiene usted que pagar.
-¡Ay, el loro ha sido!
Le pagó la leña al hombre y fue corriendo detrás del loro a pegarle, se dejó las sardinas en medio y el gato que tenía se las comió. Y baja a la cocina y dice:
-Ya se comió el gato las sardinas.
Y se va el gato para que no le pegaran y se mete debajo de la cama. Y le pregunta el loro, que también estaba escondido allí:
-¿Tú también compras leña?

El mochuelo y el gato

http://www.tiendadelmar.com/images/mochuelo.jpg

El mochuelo y el gato

Versión 1:
INFORMANTE: Cristina (Algeciras, Cádiz)

RECOGIDO POR: Proyecto Viejos Cuentos

Versión 2:
INFORMANTE: Pedro Guerra, 80 años (Algar, Cádiz)

RECOGIDO POR: Diego José Menacho

Versión 1

Este es un sencillo cuento de un gato y un mochuelo. Que no mucho, pero sí eran un poco amigos. Un día pensó el gato en ir a casa de su amigo el mochuelo. Por el camino del bosque se encuentra a sus vecinos, el perro y el gallo.
-¡Adiós vecinos!
-¡Adiós! -contestan ellos-.
Sigue andando hasta llegar a casa de su amigo el mochuelo.
-¡Toc-toc!
-¿Quién es? –preguntó el mochuelo-.
-Soy yo, el amigo gato, que hace mucho tiempo que no nos veíamos y pensé hacerte una visita.
-Esta bien, ¡entra! –y le abrió la puerta- ¡Cuánto tiempo, amigo gato!
-¡Que alegría me da verte, amigo mochuelo!
-Pasa, pasa y acércate a la chimenea, que hace frío.
Se sentaron los dos, y al calor de la lumbre empezaron a contarse sus cosas, de cómo les iba la vida, a recordar viejos tiempos…
Cuando de dieron cuenta era las tantas.
-¡Pero qué tarde es! Nos hemos puesto a hablar y nos olvidamos hasta de comer.
Y el mochuelo invitó a su amigo gato a cenar.
-Pero antes enséñame la casa.
-No tiene mucho que ver, es una casita pequeña de paja. Pero pasa, pasa, pasa. Estos son los dormitorios -le decía, mientras lo miraba por el rabillo del ojo.
-¿Por qué me miras así?
-Porque no me fío ni una pluma de ti.
-Pero somos amigos, ¿no?
Acabaron de ver la casita y se pusieron a preparar la cena, semillas de árboles para el mochuelo y ratoncillos para el gato.
-Hemos tenido una buena cena para los dos –dijo el mochuelo-.
Era ya tarde y el mochuelo empezó a preparase su camita.
Mientras, el gato pensaba: “La casa me queda lejos, es muy tarde y hace una mala noche”. Así se lo dijo a su amigo el mochuelo. Y le pidió pasar la noche con él. El mochuelo, no muy convencido, le dejó pasar la noche con él. Hicieron las dos camitas y se echaron a dormir.
Pero el mochuelo, como no estaba muy tranquilo, dormía con un ojito cerrado y el otro abierto.
El gato, que de vez en cuando lo miraba, le preguntaba:
-¿Tú porque duermes con un ojito cerrado y otro abierto?
-Porque con el amigo que no es cierto se tiene que dormir con un ojito cerrado y otro abierto –le contestó, el amigo mochuelo-.

Versión 2

Esto era un mochuelo y era una noche muy mala, con mucho frío y mojada. Vio una luz muy lejos y dice: “Yo me voy a acercar a ver qué es aquello”. Y era el chozo de un gato. Y le dice el mochuelo:
-¿Me puedo quedar esta noche aquí?
-Sí, entra para adentro.
El mochuelo entró y se sentó en una silla. El gato estaba tumbado en la ceniza y miraba de vez en cuando al mochuelo.
Por la mañana le dijo el gato:
-Amigo, esta noche has dormido poco.
Y el mochuelo le contestó:
-Cuando el amigo es incierto hay que dormir con un ojo cerrado y el otro abierto.

La zorra y el alcaraván

Alcaraván Común




Había una vez un alcaraván que se puso chorreandito de la que estaba cayendo.
Esperando a que saliera el sol, se refugió debajo de unas zarzas y en éstas pasó la comadre zorra y se lo quiso comer. El alcaraván le dijo:
-Mira, ¿por qué no me enciendes una candelita para secarme y cuando esté sequito, entonces me comes? Es que, si no, se te van a empapar las tripas.
La comadre zorra le encendió una candela y el alcaraván se secó una alita, la otra alita y, cuando ya estaba casi seco, le dice:
-Mira, ya estoy casi seco.
-Pues, entonces, ya te voy a comer.
-Espera. Para que todo el mundo se entere que eres más lista que yo, súbete a aquel cerro donde están arando aquellos gañanes y les gritas: "¡Alcaraván comí, alcaraván comí!, y así todos te escuchan y luego vienes y me comes ya sequito.
Mientras la zorra subía el cerro, el alcaraván se encontró que ya podía volar, así que se fue por encima de ella y pensó:
-Ahora verás.
Llegó la zorra al cerro y se puso a gritar:
-¡Alcaraván comí, alcaraván comí!
Y el alcaraván, desde el aire, le contesta:
-¡A otro que no a mí, a otro que no a mí!
Y cuando va a mirar la zorra para arriba, ¡plom!, le cayó una cagaita del alcaraván en un ojo. Y así se fue el otro repitiendo:
-¡A otro que no a mí, a otro que no a mí!

INFORMANTE: Ramón Tapia (Algeciras, Cádiz)

RECOGIDO POR. Juan Ignacio Pérez

La pajarita y la zorra

Dibujo - con letra

VERSIONES GRABADA Y ESCRITA DE UN CUENTO EN UNA MISMA FAMILIA. PODEMOS OBSERVAR LOS MATICES PERSONALES DE CADA NARRADOR Y LAS DIFERENCIAS ENTRE LA RECOGIDA DE VIVA VOZ Y POR ESCRITO

Versión 1

Esta era una pajarita que tenía un nido en un arbito y tenía tres hijos, tres pajaritos. Estaba ella barriendo su puerta y apareció una zorra:
-Buenos días.
-Buenos días.
-Mira, aquí vengo para que me des uno de tus hijitos.
Ella enseguida se puso a llorar:
-Que no...
Total, que se lo dio. Y al otro día otra vez:
-Si no me das uno de tus hijos, te corto el arbito con el hachita de mi jopito.
Pasó un viejecito y le dijo:
-¿Por qué lloras, hija, por qué lloras?
-Porque aquí una zorra se ha empicado de mí y todos los días se quiere llevar un hijito.
Y dice él:
-Pues mira, le dices que corte el arbito con el hachita que tiene en su jopito.
Total, viene otra vez la zorra y se lió con el rabo a darle al árbol y cuando se vio con el rabo ya destrozado, se fue a su casa, se metió en su casa y allí se murió.

Versión 2
Había una vez una pajarita que vivía con sus tres hijitos en un árbol del monte, donde eran muy felices. Un día apareció la zorra y se puso al lado del árbol:
-Buenos días, señora pajarita.
-Buenos días, señora zorra, ¿qué quiere usted?
-Vengo para que me des uno de tus hijitos o si no con el cuchillo que tengo en rabito corto el arbito.
La pajarita le contestó:
-Señora zorra, no se lleve a ninguno de mis hijos, por favor.
La zorra repitió la misma historia. La pajarita, pensando que si cortaba el árbol se los llevaría a todos, le entregó a uno de sus hijos. La zorra metió al pajarillo en una jaula y se marchó.
Pasaron varios días y volvió la zorra al arbito.
-Buenos días, señora pajarita, vengo a por otro de sus hijitos o con el cuchillo que tengo en el rabito corto el arbito.
Y la pajarita, muy triste, se lo dio.
Un día vino un gavilán que se posó en el árbol y, viendo a la pajarita tan triste, le preguntó qué le pasaba. La pajarita, entonces, se lo contó todo.
El gavilán le dijo que si volvía la zorra le dijera que cortara el arbito de verdad.
Por fin apareció la zorra con la historia de siempre y la pajarita le dijo:
-Corte usted, señora zorra, que me he enterado de que su sierra de rabito no corta mi arbito.
La zorra comenzó a cortar el árbol, pero al poco tiempo lo tuvo que dejar porque su rabo estaba ensangrentado y se fue a su cueva.
Mientras tanto, el gavilán rescató a los pajarillos y fueron felices.

Versión 1 (grabada):
INFORMANTE: Sebastiana Corrales (Facinas, Tarifa, Cádiz)

RECOGIDO POR: Juan Ignacio Pérez

Versión 2 (escrita por informante):
INFORMANTE: José Carlos Blázquez (Algeciras, Cádiz)

RECOGIDO POR: Palma Blázquez

La zorra y el cochino


Esta era una familia que vivía en un cortijo y que tenía ganado de todas clases. El corral tenía una valla con una salida que daba al campo y por allí se metía noche sí y noche no una zorra que los estaba dejando sin gallinas.
Un día, el dueño, viendo que a ese ritmo se quedaba sin animales, decidió sacar de allí las gallinas y meter un cochino jabalí que habían engordado en el cortijo. Cuando la zorra entró en el corral, se puso a dar vueltas y vueltas buscando algo que llevarse a la boca y, como estaba muertecita de hambre, le tiró un bocado al cochino, que estaba acostado. ¡Para qué se lo tiró! El animal se levantó como lo que era, como un verraco, y se puso a perseguir a la zorra y a pisotearla sin parar.
Al ruido se levantaron los del cortijo y el hombre cogió a la zorra, que parecía ya muerta, y le dijo:
Anda, bicho malino,
que te hartaste de gallinas
y no pudiste con el cochino.
Y se la llevó arrastrando. La puso encima de una piedra y allí la dejó para que se la comieran los buitres. Pero la zorra se levantó y, en cuanto vio el camino libre, salió pitando que se las pelaba. ¡Anda que no se hizo bien la muerta ni ná!

INFORMANTE: Gabriel el guarda (El Cobre, Algeciras, Cádiz)

RECOGIDO POR: Juan Ignacio Pérez